Jueves, 21 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

¿Y el desastre? Ya se olvidó; las heridas siguen abiertas

El nuevo desastre, la esperanza rota y el laberinto burocrático ante el abandono

Salvador Sánchez Trujillo

Especialista en el sector social, mercadólogo, procurador de fondos acreditado y promotor del altruismo y la profesionalización del tercer sector; representante del movimiento Dia de las Buenas Acciones en México, investigador reconocido. Cree que procurar fondos para otros es procurarse felicidad.

Jueves, Noviembre 13, 2025

Hace un mes ya de las lluvias severas provocadas por el paso del Huracán Jerry que provocaron que cuatro estados del país presentaran daños significativos y se registraran muertes o desaparecidos, estaba en boca de todos. Las imágenes de destrucción acaparaban pantallas y portadas.

La solidaridad era un río imparable: voluntarios, centro de acopio, donaciones y promesas políticas fluían en el ambiente no siempre llegando hacia la zona cero. Éramos, por un breve instante, una sociedad unida frente a la tragedia, igual que marca la historia de muchos desastres naturales en nuestro país.

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Los reflectores se han apagado, las cámaras se han ido y los titulares han encontrado nuevas crisis que atender o mejor se inventan nuevas cortinas para distraer. Para el mundo exterior, la "emergencia" terminó. Pero allá donde está la crisis solo mutó se transformó en una crisis lenta, silenciosa, lo que yo llamo la fase del olvido.

Tuve la oportunidad de estar en tres estados de los declarados en emergencia, por eso lo que escribo lo hago desde el conocimiento de haber estado parado ahí, de conocer los nombres y rostros de las familias o personas que sufrieron daños, de abrazar a una madre que no encuentra a su hijo aun, de una hija que perdió a cinco familiares y ahora lucha por arreglar los papales del cementerio, y así puedo contar un sinfín de historias que hacen que esto sea interminable.

Los centros de acopios han cerrado sus puertas y detrás de ellas cientos de alimentos y materiales que no saben cómo llevarlos por no contar con los vehículos, no conocer a dónde distribuirlos, y porque a alguien se le ocurrió que la moda de los acopios era lo de hoy y ahora no se sabe cómo llegar o más bien a dónde terminara todo.

Hace unos días fui a unas comunidades en la zona de Pahuatlán. Viajé siete horas para llegar a encontrarme con tres comunidades que estuvieron incomunicadas más de ocho días y déjenme decirles que encontré.

La arquitectura de la desesperanza: Donde antes había casas, hoy hay escombros que no se han limpiado o, en el mejor de los casos, lotes vacíos. Donde había caminos hoy hay montañas de tierra o cintas amarillas de ¡precaución!, viviendas fracturadas que generan temor a sus habitantes, Los proyectos de reconstrucción o reubicación no se han hecho escuchar aun, y si preguntas a los habitantes te dirán que ellos menos saben.

Las cicatrices invisibles: La salud mental es la gran damnificada invisible. Niños que tienen miedo, adultos que saltan de ansiedad ante los cambios de clima, comunidades enteras que cargan con el duelo colectivo; se requiere de un apoyo psicológico constante y permanente que ayude a sacar el trauma y no se convierta en crisis frente a la llegada de la temporada decembrina donde la depresión aumenta.

La economía rota: Las pequeñas empresas, el sustento de la localidad, los campos de cultivo destruidos, la infraestructura turística, arrasada. Me dijeron en Pahuatlán que vivían del turismo y que con cinco cortes carreteros se volvió nula: tiendas de recuerdos vacías, tejedoras de ropa típica en descanso y una nula aparición de la dependencia estatal encargada del turismo generando ideas y estrategias, llevando eventos, promoviendo la reactivación, etcétera, etcétera.

El laberinto burocrático: Las víctimas se enfrentan ahora a un monstruo de papeleo; solicitudes de ayuda, trámites para permisos de reconstrucción, promesas gubernamentales que se diluyen en la maraña de la administración. La ayuda inmediata fue ágil; la reconstrucción a largo plazo está plagada de obstáculos y tiempo.

Este abandono post desastre no es casual. Es el resultado de varios temas donde se mezclan la fatiga de la audiencia, la agitación del ciclo noticioso y una cierta incomodidad política. Es más fácil mostrar la heroicidad del rescate que la penosa y gris realidad de la reconstrucción.

No se trata de vivir anclados en la tragedia, sino de ejercer una memoria activa. Recordar que los desastres de octubre 2025 no solo existieron el día que se generaron, sino que existen aspectos por atender, por resolver, por iniciar y que requiere que todos hagamos equipo de nuevo, que las cadenas humanas ahora sean de estrategias para ayudar a salir más rápido y no solo intentos fallidos.

Todos los sectores pueden ayudar, generando ideas que no siempre requieren de grandes presupuestos, como mesas de trabajo intersectorial para que cada quién diga qué propone y qué pone; planes y programas elaborados basados en la necesidad detectada. Todo es solo cosa de disposición, de alejar el celo de colores o las ganas de los reflectores.

Un aplauso a todas las organizaciones sociales que volcaron sus esfuerzos, que fueron, que dejaron sus actividades, que siguen en la zona, que están gestionando apoyos, que están abrazando las causas y haciendo la diferencia por el simple hecho de ayudar. A las empresas que están destinando no solo donativos si no recursos extras y también a los gobiernos que se están distinguiendo por hacer las cosas bien, por no dejar de informar, por estar cerca de la gente y por vigilar o presionar que las cosas fluyan.

La historia de las lluvias severas de octubre de 2025 no terminó cuando dejó de ser tendencia. La parte más difícil, la de reconstruir no solo casa y caminos sino vidas y esperanzas, está ocurriendo ahora mismo, en el más absoluto de los silencios.

Esto es Letras Con Causa

@chavadona

 

 

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