El pasado 2 de agosto, en la Polinesia Francesa (Tahití), se llevó a cabo un decomiso histórico para esa región: 1.8 toneladas de estupefacientes procedentes de México, según informó Bruno Retailleau, ministro del Interior de Francia.
En total, se aseguraron 1,646 kilogramos de cocaína y 232 de metanfetamina (ice), con un valor estimado en el mercado negro de 381 millones de dólares. Además, se incautaron once armas de fuego, diversos cartuchos y fueron detenidos tres tripulantes, de nacionalidades holandesa y alemana.
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Los narcóticos fueron hallados en un velero de lujo —según los parámetros de nuestro perito en la materia y senador Fernández Noroña— interceptado en Nuku Hiva, en las Islas Marquesas, a mediados de julio. En la cabina se encontró inicialmente una cantidad significativa de droga, por lo que la embarcación fue trasladada a la capital, Papeete, donde fue resguardada por apenas tres agentes locales, mientras llegaban las autoridades antidrogas francesas para continuar la indagatoria. Fue en un lapso de 15 días cuando se localizó el resto de la carga y se precisó el total del decomiso.
Según las mismas autoridades, el velero —sin revelarse nombre, bandera ni puerto de registro— zarpó desde México, presuntamente del estado de Sinaloa o Colima, con destino final en Australia o el Reino de Tonga. La Polinesia Francesa ha sido históricamente un punto estratégico en la ruta de drogas hacia el Pacífico Sur y Oceanía. Aunque no se ha determinado con certeza a qué grupo criminal pertenecía la droga, trascendió que era propiedad del Cártel de Sinaloa, sin claridad sobre a cuál de sus facciones.
En 2024, Francia reportó un incremento del 130 % en incautaciones de cocaína respecto al año anterior, alcanzando un total de 53 toneladas. Por su parte, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) informó que, en 2023, aproximadamente el 3 % de la población de Oceanía (específicamente en Nueva Zelanda y Australia) consumió cocaína, superando las tasas de América (1.6 %) y Europa (1.1 %). Esto no significa que haya más droga en esas regiones que en Estados Unidos o Europa, pero sí un mayor consumo per cápita. Un mercado en expansión, sin duda.
Este caso y las estadísticas referidas revisten interés para México, al menos por dos razones:
I. Sinaloa: la guerra entre socios
En primer lugar, porque Sinaloa ha cumplido ya más de un año inmerso en una guerra intestina entre los bandos de “Los Chapitos” y “La Mayiza” —iniciada el 25 de julio de 2024—, que ha dejado hasta ahora 1,405 homicidios y 1,862 personas desaparecidas, incluidos 39 menores, según cifras de la Fiscalía estatal. Las pérdidas económicas superan los 18 mil millones de pesos, con cientos de negocios cerrados. Una economía colapsada, por decir lo menos.
Cabría suponer que, ante esta catastrófica realidad y el caos imperante, los flujos de droga hacia el exterior por parte del otrora todopoderoso Cártel de Sinaloa habrían disminuido, producto del desgaste operativo, logístico y humano de sus facciones enfrentadas en su prolongada guerra fratricida. A esto se suma el reforzamiento de los operativos de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, la Guardia Nacional y las Fuerzas Armadas, que han asegurado toneladas de droga y desmantelado decenas de laboratorios de fentanilo —sí, aquellos cuya existencia el presidente AMLO negó una y otra vez, como Pedro negó a Jesús tres veces antes del canto del gallo—.
II. Adaptación y nuevos mercados
En segundo lugar, porque —como la historia del narcotráfico lo demuestra— los cárteles evolucionan, se reinventan, se adaptan rápidamente y buscan nuevos mercados, rutas y métodos para mantener o ampliar su negocio ilícito. El “velero de lujo” —Noroña dixit— no es una excentricidad aislada, sino una muestra más de esa capacidad de adaptación del narco. La logística marítima sigue siendo clave: lanchas rápidas (conocidas como tiburoneras), embarcaciones camufladas, submarinos improvisados… y ahora, veleros.
Oceanía representa hoy un mercado prometedor. Mientras el consumo de fentanilo en Estados Unidos parece haberse desacelerado tras el retorno de Donald Trump y sus avasallantes presiones sobre el gobierno mexicano, los narcos de Sinaloa —Chapitos o Mayiza, para el caso da lo mismo— han salido a explorar nuevos horizontes. Como suele decirse: toda crisis representa una oportunidad.
Un detalle no menor: en este velero no se encontró fentanilo. Quizá por escasez del producto. En su lugar, cocaína y metanfetaminas: las viejas confiables del catálogo narco.
Se advierte que los grupos sinaloenses, enfrascados en una lucha sangrienta y brutal, necesitan urgentemente de recursos financieros para sostener o incrementar su capacidad de fuego y aumentar sus probabilidades de victoria frente a quienes, hasta hace poco, eran sus socios y aliados — mis hermanos, dirían algunos políticos —.
Las preguntas incómodas
En torno a este caso, cabría preguntarse —y correspondería investigar a las autoridades mexicanas— lo siguiente:
- ¿De qué puerto partió realmente el velero?
- ¿Sigue el Cártel de Sinaloa operando en esa entidad tan vigilada, o emigraron sus actividades a Colima o Michoacán, menos observadas?
- ¿Estamos ante una reconfiguración del negocio, empujada por la presión de Washington?
- ¿Podría Sinaloa dejar de ser el epicentro del narcotráfico nacional?
- ¿Hacia dónde se moverá el centro de gravedad del narco mexicano?
Quizá estamos presenciando los primeros indicios de un cambio radical en la larga historia del narcotráfico en México. Aún no sabemos con certeza hacia dónde se moverá el negocio. Pero lo que sí parece inevitable es que habrá un “antes” y un “después”, marcado a partir de la pretensión estadounidense de desmantelar —según su concepción— a las organizaciones narco-terroristas mexicanas.
La agenda de Trump
Sería ingenuo pensar que Trump y su equipo, tras meses de campaña contra el narco mexicano, se detendrán ahora y se quedarán como caballo a mitad del río. No lo hizo antes, no lo hará ahora. Necesita una victoria internacional que presumir, tras sus éxitos pírricos —o fracasos, para algunos— en Gaza, Ucrania e Irán. ¿Y qué mejor trofeo electoral, y para sus MAGA, que la cabeza de un cártel desmantelado junto con políticos mexicanos corrompidos? Parece que la mesa está servida.
Mientras tanto, veremos cómo el siempre dúctil, adaptable y flexible negocio de la droga en México se transmuta ante una nueva realidad.
¿Alguien se imagina a Sinaloa sin narcos? ¿Cómo sería la vida sin ellos?
Posdata. Hablando de embarcaciones...
¿Alguien sabe qué pasó con la investigación sobre el Buque Escuela Cuauhtémoc, que colapsó en el Puente de Brooklyn, en Nueva York, en el que perdieron la vida dos cadetes mexicanos?
Parece que todo se esfumó como barco fantasma.