Domingo, 17 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Educar en pensamiento crítico en tiempos de tiranías

Los enemigos del pensamiento están en las instituciones, y la esperanza puesta en los docentes

Eduardo Vázquez Reyes

Filósofo, lógico y periodista de Ciencia. Egresado de la Universidad Veracruzana. Docente de UPAEP y CEUT, campus Tehuacán, en las materias de  Filosofía, Lógica y Argumentación. Amante del análisis, la discusión y el debate público en temas de política científica, tecnológica y educación. Consultor de comunicación y discurso.

Sábado, Agosto 2, 2025

Recuerdo hoy ese último festejo por el Día del Maestro y la Maestra. Como en cada año, las felicitaciones por parte de algunos sectores empresariales, educativos y sociales no faltaron, ni las palabras en pro de esta profesión, ¡muy bien pagada, por cierto! Se resaltó, como es costumbre, el valor y la importancia que la figura del docente representa en la sociedad mexicana.

Somos el pilar para una sociedad nueva que puede surgir de los anhelos, deseos y hasta de las tristezas y bríos de las anteriores generaciones de maestros que buscaban lo mejor para sus educandos; de aquello que se pudo lograr y por ciertas circunstancias no fue posible.

Más artículos del autor

¿Han visto la película argentina Lugares comunes? Es una excelente muestra de esa entrega docente forjada con el ideal de formar buenas personas y, a la vez, maestros. Es un ejemplo de lo que ocurre cuando alguien se preocupa por el pensamiento crítico y su aplicación en la vida real, pero no todos, lastimosamente, están de acuerdo con tal iniciativa. Y ya supondrán, estimados lectores de Palestra y Parley, qué cosas podrían pasar en esa historia. Yo no les haré el spoiler.

Con todo y lo que retrata esta interesante película (y otras tantas), tal parece que la esperanza  está puesta en nosotros, los docentes, en tanto comisionados que tienen el sencillo objetivo de lograr una sociedad más abierta, más plural, tolerante, ecuánime; una sociedad más crítica y, si se puede, más empática. Pero quizás esto último ya es mucho pedir, sobre todo si tenemos una idea vaga de eso llamado empatía.

Afirmaciones de este tipo son algunas que -parafraseando- se expresaron dicho día festivo. Claro, en algunos espacios digitales también hubo críticas a esta ardua labor. ¿Valdrá la pena hacer hincapié en ellas? No lo creo, o más bien no lo quiero, por lo menos en este momento, ya que, considero, es necesario y pertinente resaltar más que los errores, los aciertos, las virtudes y las bondades de un quehacer tan importante como lo es la docencia, socialmente hablando. No es fácil ser docente, sobre todo al aguantar la deleznable pseudo crítica hacia esta bonita y maravillosa profesión. Hoy la responsabilidad ética y ciudadana que tenemos es más grande. ¿Lo será más que en otra época? No lo sé.

Tomemos un instante para la reflexión. Si aprovechamos la oportunidad podríamos dialogar entre nuestros pares y con nosotros mismos (a manera de soliloquio) para discutir cuáles son los retos actuales que debemos encarar como docentes. La comunicación y el intercambio de argumentos siempre será la clave para trascender intelectual y vitalmente. Pero debemos estar dispuestos a ello: a la discrepancia, al cambio de creencias, a la renuncia de esa actitud perniciosa de presuponer y, sobre todo, debemos adoptar (más allá de un discurso cliché y de ocasión) una dinámica de real escucha activa hacia el otro, aquél que no piensa como nosotros y que no es como nosotros.

Desde mi punto de vista, es muy gratificante poder aportar un poco a la formación de pensamiento crítico en estudiantes. Brindar herramientas para hacer valer una opinión, construir razones lógicamente viables y sensatas para expresar lo que se piensa y se cree es de gran valor. Sostengo que todos tenemos derecho a decir lo que pensamos. Creo (y lo digo muy a menudo en mis clases) que solo hay tres condiciones fundamentales: hacerlo con respeto, con argumentos y estar dispuesto a cambiar de opinión si la racionalidad discursiva prevalece al principio y al final de toda conversación, y con tanto peso.

Es urgente comenzar a sembrar esos cimientos de una sociedad que no le tema a defender sus ideas, a vérselas con la discusión racional. Pero más que nada es necesario formar personas que no les moleste cuando alguien no esté de acuerdo con ellas, personas que puedan retractarse y cambiar su posición en un debate, diálogo o discusión, y decir: “Tienes razón, no lo había visto desde ahí”; pasar del presupuesto, prejuicio y doxa a la actitud de pedir y ofrecer razones. Por dar un ejemplo, se trata de visibilizar la falsedad de la afirmación “De política, religión y futbol es mejor no hablar”. ¡Claro que hay que hacerlo! Y sobre todo si pierde el América.

Actualmente, nuestra sociedad vive una crisis de racionalidad. Ya no es necesario fundamentar mínimamente las opiniones. ¡Para qué! Basta que alguien diga algo de alguien para ser creído y socializado. Es suficiente con que sea mi amigo, amiga, compañero, compañera o hasta conocido o conocida la persona que me lo dice. Para ser aceptada una afirmación, lamentablemente, es suficiente el uso de la frase “me dijeron que…”

¿Estamos ante una nueva especie de oscurantismo, inmersos en una tiranía de pensamiento donde impera la cerrazón? Si es así, el camino por recorrer para lograr un progreso en cuanto a libertades intelectuales es largo, árido y hasta cansado. Pero habrá que recorrerlo. Alguien lo tiene que hacer. ¿O ustedes qué opinan? ¡Por las barbas de Platón!

Creencia, verdadera y justificada son las palabras que forjaron los alaridos del filósofo Luis Villoro en su libro Creer, saber y conocer, donde reconstruyó la propuesta platónica acerca del conocimiento. Ese objetivo al que muchos aspiramos conseguir algún día. Pero sería mucho pedir que nos comportásemos así, ¿no lo creen? Hoy por hoy, ya no se piden que nuestras creencias sean justificadas. No hace falta. Y eso que no toco el mundo de las redes sociales y sus abundantes viralizaciones, que da para una columna entera.

Entonces, ante este panorama, ¿qué es para ti la docencia, maestro? Para mí es tener esa oportunidad: construir un camino para el rescate de las racionalidades. Pensar que una sociedad abierta al diálogo y a la sana discusión dentro y fuera de la familia, el trabajo y la calle aún es posible; traer al presente los viejos anhelos argumentativos de figuras como Habermas, Popper, Arendt, Vaz Ferreira o Toulmin.

Empecemos con la práctica de nuestro día a día, en nuestras aulas. Dar la libertad de expresar lo que se piensa, usar los contenidos de otras materias y de la realidad política y social para nutrir las argumentaciones del alumnado en nuestras cátedras. ¡En fin! Muchas cosas se pueden decir, proponer y desear.

Sigamos, mientras tanto, festejando merecidamente, orgullosos de lo que hemos logrado hasta ahora con nuestro esfuerzo, dedicación y ahínco, sea reconocido o no, sin sucumbir a la eventualidad que se da cita en cada una de las sendas institucionales que quizás algunos de ustedes al leer estás líneas están viviendo.

¡Leven anclas!

eduardo.cronopios@gmail.com

Vistas: 1030
AL MOMENTO
MÁS LEIDAS

Blogs