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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Nos guste o no

En México, –dixit Nahle- el crimen organizado parece ser el verdadero Estado. Nos guste o no…

Antonio Madrid

Comunicador y periodista. Reportero, corresponsal y columnista (La Pasarela) en diversos medios poblanos. Ha ejercido su labor reporteril en radio, televisión y prensa escrita en medios de Huauchinango y Xicotepec.

Viernes, Agosto 1, 2025

Ya lo sabemos. En política la simulación es real y la honestidad simulada. Pero ¿qué le costaba a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo dar sus condolencias a la maestra Irma Hernández, de quien ni siquiera se digna mencionar su nombre?

Irma Hernández, para quien no lo sabe, es la profesora jubilada que fue asesinada por un grupo de sicarios del crimen organizado en la ciudad naranjera de Álamo, Veracruz. En un video, aparece rodeada de varios tipos encapuchados portando armas de grueso calibre, diciendo un mensaje que, palabras más, palabras menos, deja en claro quién manda, no solo en Veracruz, sino en el país.

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“Con la mafia veracruzana no se juega”, le hacen decir a la mujer lapidariamente. “Paguen su cuota como debe ser… o van a terminar como yo”.

En otros tiempos, el gobernante en turno hubiese enarbolado un discurso condenatorio de los hechos y ofrecido condolencias a los deudos. Claro está que esto no hubiese garantizado que los hechos se esclarecieran ni que se condenara a los responsables o, peor aún, que se combatiera al crimen organizado. En todo caso, ya no digamos por cuestiones de humanidad, sino por estrategia de imagen, las condolencias y condenar el crimen hubiese sido lo mínimo que se pudiera haber esperado de las autoridades.

Pero no. La presidenta de la República salió con que “se va a analizar el contexto”, como si no supiera del video que recorrió el mundo donde la maestra Irma Hernández es amenazada. Eso de principio ya es una burla. La segunda burla la vino a decir la gobernadora de Veracruz de origen zacatecano, Rocío Nahle, quien soltó la (pudiéramos decir ingenua, sino es que fuera perversa) frase de que “murió de un infarto”. Luego, cuando la polémica por esta desvergonzada declaración se desató, salió con una segunda que acabó de convertir la burla en una carcajada en pleno velorio: “Fue un infarto, les guste o no”. Lo anterior deja en claro la estatura de gobernantes que tenemos: insensibles, ineptas, incapaces.

Claro está que aceptar que en México hay crimen organizado, que hay mafias que dominan el país, que hay cobros de piso, extorsiones, asesinatos arteros de manos de ellos, sería como aceptar que la narrativa de la 4T está colapsada. Pero… ¿Acaso porque no las acepten quiere decir que la gente crea que no existan? ¡Claro que no! Al contrario, mientras más se niegue desde el oficialismo, más creíble se hace. Cuando menos por eso, deberían cambiar el discurso.

Pero no esperemos milagros. Es lo que hay y es con lo que tenemos que vivir a diario. Si un cambio es lo que queríamos, no podemos decir que no lo estamos viviendo. Antes, cuando menos las hipócritas condolencias y el discurso condenatorio y la promesa de castigar a los responsables había. Ahora ya ni eso.

¡Ah! La presidenta fue cuestionada sobre qué se está haciendo para combatir estos hechos –refiriéndose específicamente al caso Irma Hernández- y la respuesta fue con toda calma decir: “Pues lo que estamos haciendo todos los días, trabajar para combatir el delito”.

Nos guste o no.

***

El pasado domingo fue un día jubiloso para mí. Presenté mi primer libro de cuentos en el Auditorio del Conservatorio de Música de Huauchinango, Puebla. Decenas de amigos se reunieron para felicitarme, pese al diluvio que caía esa tarde-noche, demostrándome con creces el aprecio hacia mi persona, lo cual me conmovió.

Uziel Maldonado Morales, lector incorregible y conversador incomparable, fue el encargado de hacer la presentación. Me une a él una amistad de años, en donde hemos compartido charlas donde –y lo digo con orgullo- siempre acabo aprendiendo algo.

Ricardo Augusto Trejo, presidente de la Fundación Chiquihuite, dedicada al arte, la cultura y el trabajo social, estuvo a mi costado, reafirmando con su presencia la confianza que depositó en mí para la publicación de este libro. Trejo es un gran profesionista, tanto como un gran ser humano: generoso, gentil, es también un gran conversador y narrador de historias. Su libro La Sierra, aunque moje lo ilustra a la perfección.

Edson Lechuga fue mi guía literario, con todo lo que ello representa. No es común que un escritor consagrado, como lo es Lechuga, acepte tutelar un nuevo proyecto. Lechuga lo hizo sin ambages y se lo agradezco de corazón. Y al público asistente, nuevamente gracias. 

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