El pasado 28 de junio se conmemoró el Día Internacional del Orgullo LGBT+. Aunque ya estamos en julio, hay varios puntos que vale la pena destacar. Primero, que en muchas partes del mundo las celebraciones continúan durante este mes, como en Nápoles, Italia (5 de julio), o Barcelona, donde el orgullo se celebra hasta el 19 de julio.
Segundo, que aunque exista un “Mes del Orgullo” por una razón histórica concreta, no deberíamos reducir la visibilidad y la lucha a solo unas semanas al año. Hacerlo sería como volver al clóset durante los otros once meses. Y la lucha —porque aún falta mucho por conquistar— no merece ni descanso ni silencio.
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En este contexto, es fundamental analizar lo ocurrido el pasado 27 de junio durante la conferencia mañanera de la Presidenta de México. Fue cuestionada por Amanda, una Drag Queen y conductora de La Verdrag en Canal Once, sobre el significado del Día de la Diversidad. La presidenta respondió que más que de diversidad, se trataba de un día de libertad. También afirmó que apoyaría a la comunidad LGBT+ con todo lo que el gobierno pudiera hacer.
En el discurso, la respuesta suena alentadora. Que la mandataria de un país como México —con el peso político y económico que representa— hable de libertad y de apoyo a la comunidad LGBT+ en un momento en que los derechos retroceden en muchas partes del mundo, es sin duda significativo. Los discursos importan: construyen narrativas, visibilizan causas, legitiman luchas y definen los valores de una sociedad.
Pero los discursos, por sí solos, no bastan.
Cuando la presidenta dice que hará “todo lo posible” por apoyar a la comunidad, ¿a qué se refiere exactamente? ¿Qué políticas públicas piensa impulsar? ¿Qué hará su gobierno para garantizar la seguridad de las personas LGBT+? ¿Cómo evitará que su partido promueva perfiles abiertamente contrarios a estos principios? ¿Cuál es su estrategia para lograr que en todos los estados sea legal la adopción por parte de personas LGBT+? ¿Cuándo será gratuito el acceso a tratamientos para personas trans en el sistema de salud pública? ¿Qué está haciendo la SEP para implementar protocolos eficaces contra el acoso escolar por homofobia o transfobia? ¿Qué apoyo brinda el Estado a personas LGBT+ que viven violencia o han sido expulsadas de sus hogares?
Celebro que desde la tribuna presidencial, se hable claro sobre el respeto a la comunidad LGBT+. Pero no debemos olvidar que eso, por sí solo, no basta. Es cierto que su partido ha recibido el respaldo del voto LGBT+, en buena medida porque ha sido uno de los pocos que ha sabido hablarle a esta población. Pero si ese discurso no se traduce en acciones concretas, ese apoyo puede esfumarse. Porque una comunidad tan históricamente vulnerada merece respeto, pero sobre todo merece justicia, políticas reales y compromiso genuino. Las palabras inspiran, pero también se las lleva el viento.
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