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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La derrota del gigante

Victorias épicas: David, Douglas y Rowling prueban que nada es imposible

Nelson Loranca y Campos

Licenciado en Derecho por la IBERO Puebla, maestro en Derecho (USAM) y doctor en Derecho en Ciencias Penales y Juicios Orales (USA). Magistrado Federal por el 28 Circuito. Es académico y columnista.

Jueves, Mayo 8, 2025

En el escenario de nuestra civilización, la luz y la sombra juegan un duelo eterno de contrastes, desplegándose el drama milenario entre el invencible y el eterno aspirante. El coloso, envuelto en la certeza como si el destino mismo le hubiera susurrado la victoria perpetua, olvida en su arrogancia que la historia es caprichosa.

Ciego ante su propia falibilidad, ignora que un error de cálculo o un instante de desidia puede ser la brecha por donde se cuela la audacia del más humilde, transformando lo que parecía un desenlace escrito en una epopeya de lo imprevisto.

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En ese escenario, quien parece destinado a perder no se acobarda ante la desproporción de fuerzas. Al contrario, en la asimetría halla su inspiración y su arma. Con la astucia de quien ha aprendido a navegar tormentas, teje una red de ingenio y resiliencia, sabiendo que la victoria no siempre corona al que golpea más fuerte, sino al que sabe esperar, observar y, en el momento preciso, asestar el golpe maestro. La historia nos recuerda que los triunfos más memorables han sido obra de quienes, contra todo pronóstico, convirtieron su sospechada fragilidad en la chispa que enciende la hoguera de lo posible.

Arthur G. Lewis lo expresó con precisión mordaz: “No es el tamaño del perro en la pelea, sino el tamaño de la pelea en el perro”.

Así, nuestra historia ha sido testigo de grandes hazañas.

El 11 de febrero de 1990, el mundo del boxeo presenció uno de los momentos más impactantes de su historia. Mike Tyson, el campeón invicto de los pesos pesados y considerado el hombre más peligroso del mundo, se enfrentó a James "Buster" Douglas, un boxeador visto como una nota al pie en la carrera de Tyson. Solo el casino Mirage de Las Vegas aceptó apuestas en favor del retador, pagando 42 a 1.

Douglas, impulsado por la reciente pérdida de su madre y una determinación inquebrantable, desplegó un jab magistral que mantuvo al campeón a raya. En el décimo asalto, una combinación devastadora de golpes envió a Tyson a la lona, sellando la primera derrota de su carrera profesional. Este combate se erige como un monumento al espíritu humano y un recordatorio de que nada está escrito.

James "Buster" Douglas noquea a Mike Tyson, estilo anime. Imagen generada con Sora 2025

En 1997, J.K. Rowling, una madre soltera en apuros económicos, logró un triunfo que parecía imposible. Tras ser rechazada por 12 editoriales, publicó Harry Potter y la piedra filosofal. La obra se convirtió en un fenómeno global con 500 millones de copias vendidas. Su victoria redefinió la literatura juvenil y demostró que la persistencia puede vencer al escepticismo.

Pero si existe una historia que ha sido referencia puntual de la victoria imposible, es la de un joven pastor que, armado únicamente con una honda venció a Goliat, el guerrero más poderoso del ejército de los filisteos. David corre hacia Goliat, saca una piedra, la coloca en su honda, la hace girar y lanza; esta se hunde en la frente del gigante, quien cae al suelo muerto.

Sin embargo, el escritor Malcolm Gladwell, en su libro David and Goliath, ofrece una visión distinta de esta batalla. Sostiene que no fue el milagro de un desvalido que vence a un gigante contra todo pronóstico. Goliat, aunque enorme y armado, era lento. Algunos estudiosos sugieren que podría haber tenido problemas de visión debido a una condición como la acromegalia (gigantismo), lo que no lo hacía débil, pero tampoco invencible.

David contra Goliat. Imagen generada con Sora, 2025

David, por su parte, no era solo un pastor indefenso, sino también un hondero, un oficio militar en la antigüedad. Los honderos podían lanzar piedras a más de 100 kilómetros por hora con la precisión de un arquero, capaces de romper un cráneo o una armadura. Según el libro de Samuel, David había protegido a su rebaño de lobos y leones y dominaba la honda con maestría. Gladwell argumenta que David no ganó por un milagro, sino porque era más inteligente, rápido y valiente, y entendió que su honda era más poderosa que la lanza de Goliat.

Estas historias nos muestran que la carrera no siempre es para el más veloz ni la batalla para el más fuerte. El fantasma de lo imprevisto siempre ronda, y a veces, ser el desvalido es la mayor ventaja de todas.

 

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