El término singularidad suele asociarse con un momento hipotético en el futuro en que la inteligencia artificial provoque transformaciones radicales, incontrolables e irreversibles en la civilización humana. La idea parte de la posibilidad de que una IA superinteligente supere nuestras capacidades y comience a diseñar máquinas cada vez más potentes, acelerando el progreso de formas inimaginables.
En la actualidad, modelos como GPT-4, Claude 3 o Gemini 1.5 han abierto el debate sobre si representan los primeros pasos hacia esa inteligencia general. Y mientras discutimos sobre lo que la tecnología podrá lograr, no siempre reparamos en lo que nosotros mismos consumimos y dejamos tras de cada acto cotidiano.
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El 10 de junio, Sam Altman, creador de ChatGPT, publicó un artículo en el que respondía una duda generalizada: ¿cuánta energía consume una consulta en su sistema?, la respuesta sorprende: en promedio, 0.34 vatios-hora, lo que equivale al gasto de un horno en un segundo o al de una bombilla eficiente en pocos minutos. Es decir, cada búsqueda digital deja también una huella energética. Como ejemplo gráfico podríamos hablar de cargar completamente un celular, hacer un café en cafetera eléctrica.
La evolución tecnológica ha llegado al punto en que incluso una simple búsqueda en internet consume energía. Pero más allá de eso, ¿cuál es nuestra huella individual? ¿Cuánto consume una persona a lo largo de toda su vida?
Desde la infancia, el ser humano acumula consumos notables. Un niño promedio usa unos 3,800 pañales, que tardarán hasta 500 años en degradarse.
Una vez superada la etapa de la infancia, los seres humanos comienzan a consumir alimentos sólidos; en el curso de una vida promedio, una persona en México, con datos de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER) se alimentará de 6 vacas, 23 cerdos, 1,360 pollos y 6 ovejas, además de consumir alrededor de 30,400 huevos.
Además de la proteína, los seres humanos nos alimentamos de frutas y verduras, una persona promedio en el mundo desarrollado comerá en el curso de una vida de ochenta años 5,272 manzanas, 10,866 zanahorias.
1000 manzanas, creada con Sora, septiembre 2025.
Más allá de la dieta tradicional, la modernidad agrega excesos: cada persona además de hamburguesas, papas fritas y comida rápida, llega a comer unas 10,000 barras de chocolate en ochenta años, cifra que ilustra el peso del azúcar en la dieta moderna.
Es importante considerar que la dieta en las diferentes culturas suele ser variada, por ejemplo, en México, con datos de la SADER una persona promedio comería casi una tonelada de frijol, siendo junto a Brasil el mayor consumidor de este alimento, la misma tonelada es consumida en México cuando hablamos de arroz, pero en China, Vietnam o Filipinas, se consumen entre 5.6 y 8 toneladas de arroz en una vida. Sin embargo, el alimento mayormente consumido por los mexicanos es la tortilla, con un consumo promedio en 80 años de casi 190 mil tortillas.
Todos los productos comestibles suelen estar contenidos en envolturas, las que, si se sumaran, ascenderían a 8.5 toneladas de basura por persona generadas en una vida.
Además de nuestro consumo alimenticio, los seres humanos solemos desarrollarnos en sociedades. La interacción social nos conecta con alrededor de 1,700 personas distintas a lo largo de nuestra vida. Con algunas compartiremos alegrías, con otros excesos: en Inglaterra, por ejemplo, el promedio vital incluye 6,000 litros de cerveza y casi 1,700 botellas de vino.
Nuestra rutina íntima también deja rastros. En ochenta años se consumen unas 656 barras de jabón, 198 botellas de champú, 272 desodorantes, 276 pastas dentales, 78 cepillos de dientes y 37 frascos de perfume. Y no solo gastamos objetos: gastamos palabras. Cada ser humano pronuncia en promedio 4,300 palabras al día, lo que suma más de 123 millones en toda una vida.
La modernidad también se mide en objetos. En un hogar promedio se usan 5 a 6 lavadoras, 6 a 9 televisores, 6 a 8 hornos de microondas, 11 a 16 computadoras y hasta 8 automóviles por persona. Desde la adolescencia hasta la vejez, cada individuo cambia entre 14 y 23 celulares, dejando tras de sí cerca de 40 toneladas de basura tecnológica y doméstica.
Y así como las cifras de consumo son sorprendentes, también lo son las de la muerte. De esas 1,700 personas que conoceremos, unas 305 fallecerán por afecciones cardiacas, 179 por apoplejía, 99 por cáncer de pulmón y una decena se quitará la vida.
Cada cifra nos recuerda la huella que dejamos sobre la Tierra: en toneladas de comida, basura, energía y palabras. Tal vez, si alguna vez surge una IA superinteligente, lo primero que haría no sería tomar al mundo, sino mostrarnos el peso exacto de nuestra existencia y cuestionar si nuestra huella es compatible con el futuro que aspiramos a construir.