…En las relaciones sanas también hay discusiones, dudas, crisis. La diferencia es que en lugar de usar eso como excusa para echar a correr, se usa para ajustar. Para entender al otro. Para crecer juntos. Porque el vínculo no es algo que se mantiene solo por inercia: se alimenta. Y si no se alimenta, muere. Punto…
…Las relaciones que duran no son las que tienen menos problemas. Son las que saben resolverlos. Son las que no dejan que el orgullo pese más que el cariño. Las que entienden que discutir no es un problema, siempre que se haga con respeto…
Luis Miguel Real Kotbani. Las relaciones no son destino. Son trabajo. Ethic, 16 de abril de 2025.
En las semanas recientes me encontré con un excelente artículo sobre las relaciones de pareja que creo que puede en muchos de sus planteamientos hacerse extensivo a cualquier tipo de relación humana que implique un vínculo, incluso a las relaciones de trabajo o de negocios.
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El punto central de la tesis que plantea el autor consiste en que las relaciones no se dan mágicamente ni se establecen de una vez y para siempre, sino que como todo en la existencia humana son dinámicas, cambiantes y exigen un trabajo constante y atento por ambas partes para poder generar probabilidades de duración.
Me interesé particularmente en el tema puesto que la educación, desde mi punto de vista y el de muchos pedagogos relevantes se centra en una relación entre personas que establecen un acuerdo implícito o explícito para trabajar juntas en un camino de aprendizaje mutuo en el que a pesar de haber un rol de quien educa y otro de quien se educa, se obtiene un crecimiento mutuo si se realiza de forma inteligente y responsable.
En efecto, una relación educativa madura produce que como dice Freire, sin dejar de lado su responsabilidad y la importancia de su encargo, el educador también se educa a través del contacto con sus estudiantes y sin perder de vista su papel como aprendiz, el educando aprende del educador, pero también aporta elementos que implican una enseñanza para él como ser humano y como profesional. Cuántas veces hemos dicho con sinceridad y más allá del lugar común que en un curso, materia o ciclo escolar aprendimos más de nuestros estudiantes de lo que sentimos haberles enseñado.
Lo mismo pasa con la educación no formal que sucede en la familia, donde los padres tienen una responsabilidad y un papel como educadores de sus hijos, pero los hijos también van enseñando muchas cosas a los padres en un proceso recíproco de crecimiento humano, cuando existe realmente un compromiso conjunto y no se da por hecho el amor, la lealtad y el vínculo entre ambos solamente a partir de lo biológico o lo legal.
También en el grupo de amigos, aunque la relación es más horizontal y no hay propiamente roles de enseñante y aprendiz, cada persona va creciendo a partir de la convivencia con el otro y va a su vez haciendo crecer a los demás con su testimonio de afecto, gratitud, interés, empatía y solidaridad.
Me parece que el tema tiene mucha relevancia en el mundo de hoy en el que hay dos tendencias que nos transmiten continuamente mensajes que van en contra de la visión de las relaciones humanas como procesos que implican esfuerzo y trabajo de todas las partes.
Por un lado, tenemos la distorsión de las relaciones entendidas desde una visión mágica y romantizada que se plantea en muchas películas, novelas, malas poesías, libros de autoayuda e incluso a través de memes, textos o videos que circulan por las redes sociales. Se trata de la visión que “…gira en torno a la idea de que, si es amor de verdad, «fluye solo». Que si hay conflictos, es que no estáis hechos el uno para el otro. Que si no es fácil, no vale la pena…”
Esta cita que está pensada en torno al amor de pareja aplica también para otros ámbitos de la vida social. Porque también se nos vende la idea de que la amistad verdadera es algo que parte de la “química” entre dos o más personas y que también fluirá en automático, al igual que la relación entre padre o madre e hijos, entre hermanos o hasta entre jefe y subordinado o entre cliente y proveedor de un bien o un servicio. El verbo fluir está de moda hoy para describir cómo se supone que tienen que ser las relaciones humanas y sociales. Si una relación fluye, es decir, se va dando de forma automática y sin esfuerzo, entonces es una verdadera amistad, un verdadero amor, un auténtico amor filial o fraternal, una relación de trabajo positiva.
Aunada a esta idea de la visión mágica o romantizada de las relaciones humanas está la visión desechable de las mismas. En un mundo en el que todo se fabrica con cierta fecha de caducidad, con un período de obsolescencia planificada, tanto los productos como las relaciones humanas tienen también que verse como remplazables.
De aquí que haya otro verbo que se complementa con el de fluir y es el de “soltar”. Si una relación está implicando dificultades, si se vive un conflicto en la interacción con los demás -sea la pareja, los amigos, los hermanos o incluso los padres o hasta el jefe- lo que hay que hacer es soltar, dejar ir, no empeñarse en que esta relación se mantenga porque nos va a exigir esfuerzo y trabajo que no tenemos por qué invertir, dado que si no fluye naturalmente, cualquier relación que no es fácil, es calificada muchas veces de nociva y que no vale la pena.
Pero en contra de la cultura de lo fácil, automático y desechable o intercambiable que predomina en la modernidad líquida como la llama Bauman, el artículo que he citado en el epígrafe de hoy plantea que las relaciones humanas implican trabajo y requieren esfuerzo tanto para construirse como para mantenerse, consolidarse y durar. Todas las relaciones humanas implican discusiones, dudas, crisis o momentos de hartazgo que van y vienen, pero como dice el autor, la diferencia está en cómo las afrontamos: ¿las usamos como pretexto para escapar, para desechar o las tomamos como oportunidades para ajustar cosas que están desajustadas o desajustándose y si se trabajan hacen más sólido el vínculo?
Las relaciones que duran, dice la cita, no son las que tienen menos problemas sino las que van aprendiendo a resolverlos, las que se basan en la convicción de que discutir no es una tragedia ni implica el fin si se mantiene el respeto y añadiría yo, la inteligencia, la creatividad y el compromiso para aprender y mejorar. “Porque el vínculo no es algo que se mantiene solo por inercia: se alimenta…”
Por supuesto no se trata aquí de defender formas rígidas y obligadas de relación que obligan a la gente a mantener una relación de pareja, de amistad, de familia o de trabajo a la fuerza, aunque sea nociva y no tenga remedio. Lo que se busca es enfatizar que las relaciones humanas implican esfuerzo y trabajo, que no se producen ni se mantienen en automático o por magia ni deberían desecharse cuando se presenta el primer problema o conflicto. ¿Estamos educando a personas que sepan trabajar sus relaciones humanas para crecer y hacer crecer a los demás? ¿Establecemos compromisos en el aula y la escuela que hagan conscientes a los estudiantes de que el proceso educativo implica un trabajo conjunto y corresponsable y no es necesariamente fácil ni desechable?