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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Estados Unidos: La paradoja del poder, ¿víctima o victimario?

EE. UU. se presenta como víctima, pero su historia revela un largo ejercicio de dominio global

Anabel Abarca Pliego

Abogada especializada en derecho corporativo y analista política. Su expertise en derecho corporativo incluye asesoría estratégica a empresas, diseño de estructuras legales eficientes y mitigación de riesgos jurídicos. En el ámbito político, ha destacado como asesora en vinculación estratégica y planeación gubernamental.

 
 
 
 

Jueves, Marzo 13, 2025

En un escenario internacional y nacional tan complejo como el actual, resulta llamativo ver cómo, quienes han ejercido el poder históricamente, ahora intentan mostrarse como víctimas. A lo largo de la historia, las grandes potencias económicas, geopolíticas y militares han utilizado su dominio para imponer sus reglas y definir los parámetros que rigen el mundo.

Desde los griegos y los romanos hasta los imperios español y soviético, todas estas civilizaciones han compartido un rasgo común: el ejercicio del poder. Ninguna de ellas podría considerarse víctima cuando, en su momento, fueron las dominantes. La historia nos muestra que las conquistas no se lograron mediante la diplomacia y la cordialidad, sino a través de la fuerza y la imposición.

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Bajo este mismo principio, resulta paradójico que Estados Unidos, la potencia hegemónica de los últimos ochenta años, se presente hoy como la gran víctima del mundo. Tras la Segunda Guerra Mundial, junto con sus aliados, estableció el nuevo orden mundial, creando instituciones como la ONU, la OTAN, la OMS y la OPEP para controlar decisiones económicas, diplomáticas y militares a su conveniencia. A través de estas estructuras y mediante intervenciones directas e indirectas en países como Irán, Irak, Vietnam, Afganistán y México (con el Plan Mérida), ha consolidado su dominio bajo la narrativa de ser el salvador de la democracia, cuando en realidad ha buscado garantizar sus intereses geoestratégicos y económicos, especialmente en el control del petróleo y otras industrias clave.

En este contexto, las acusaciones contra México en materia de seguridad deben analizarse con objetividad. Es cierto que el crimen organizado representa un problema grave en nuestro país y que la droga fluye hacia Estados Unidos. Sin embargo, el consumo masivo de estupefacientes en su territorio no es responsabilidad de México. Mientras haya demanda, habrá mercado, una realidad inherente al propio modelo económico capitalista que Estados Unidos ha promovido por décadas. Además, para que los cárteles mexicanos operen en suelo estadounidense, es indispensable la complicidad de autoridades y estructuras criminales en aquel país.

Si la preocupación de Estados Unidos por el fentanilo fuera genuina, ¿por qué no combate con la misma intensidad a los grupos criminales que operan en su territorio? En lugar de asumir su responsabilidad, opta por victimizarse y utilizar la narrativa de la seguridad como pretexto para justificar posibles intervenciones en México. La historia demuestra que este tipo de estrategias suelen tener trasfondos ocultos, por lo que resulta ingenuo pensar que en esta ocasión sería diferente.

En el terreno comercial, también se presenta como víctima de un sistema que ellos mismos impusieron. Durante décadas, Estados Unidos ha promovido el capitalismo y el neoliberalismo, impulsando la producción a bajo costo en países con mano de obra barata. Ahora, al verse afectado por la competencia de estas mismas reglas, busca imponer aranceles y medidas proteccionistas, contradiciendo los principios que ha defendido por años. Es como si el América, tras beneficiarse de los árbitros durante toda la liga, se quejara cuando un fallo no le favorece.

Lo que estamos viendo no es más que una estrategia de comunicación: Estados Unidos, y en particular Trump, buscan proyectarse como víctimas para justificar acciones futuras. Como mencioné en la columna Trump y Trudeau: cambios cruciales en Norteamérica, las tensiones internas en Estados Unidos están siendo canalizadas hacia la creación de enemigos externos. Generar miedo y enemistad ha sido un recurso recurrente en su historia política.

Habremos de ver cómo evolucionan los acontecimientos, pero todo apunta a un escenario de alto riesgo.

X: @AnabelAbarcaP
Instagram: @AnabelAbarcaP
Correo: aabarcapliego@gmail.com

 

 

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