En nuestra pasada entrega comentábamos de lo acertado que estaría resultando que los mandos policiacos municipales en el estado de Puebla ahora estén en manos de militares, específicamente de miembros de la Marina. A eso hay que agregarle que elementos de la Marina se han sumado a los cuerpos policiacos municipales, dizque para reforzar la seguridad. Queda claro que no está resultando bien. Y si no, cómo explicar la escalada de violencia que últimamente se ha vivido en la Sierra Norte de Puebla.
Este miércoles el tema fue abordado por la revista Proceso, en donde destaca en su encabezado una “Ola de violencia en la Sierra Norte de Puebla: 10 asesinatos, la mayoría en asaltos en carretera”.
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La información no es ajena para quienes vivimos en esta zona, pero retoma la serie de hechos ocurridos en los últimos días, por ejemplo, lo ocurrido el pasado lunes 10 de febrero, cuando dos migrantes fueron asesinados a balazos en la carretera de Tlapacoya a Huauchinango, cuando se dirigían hacia el aeropuerto de la Ciudad de México. En el sitio también murieron la esposa de uno de ellos, que era estadounidense y el taxista que los trasladaba. Regresaban luego de pasar unos días en su natal municipio de Jopala, Puebla, cerca de esa zona.
El martes, dos cuerpos fueron encontrados calcinados en el municipio de Chignahuapan, en un camino que se dirige a la comunidad de Atlamaxac.
El fin de semana tres cuerpos más fueron localizados con signos de violencia en el interior de un Jetta abandonado en la autopista Tlaxco-Tejocotal, en los límites de Zacatlán y Chignahuapan, uno de los cadáveres estaba en la cajuela. Los cuerpos fueron identificados como Alberto y Eduardo N. que un día antes fueron reportados como desaparecidos.
A estos hechos se suman el sonado y lamentable caso del bebé asesinado a balazos en la carretera Ahuazotepec-Zacatlán y un caso más en Tetela de Ocampo, en donde un joven de 17 años identificado como Lino, fue asesinado cuando se resistió a un asalto de parte de sujetos que trataron de despojarlo de su motocicleta.
La revista entrevista a la presidenta de Zacatlán, Beatriz Sánchez Galindo, quien informa que junto con la Guardia Nacional, la Marina y el gobierno estatal, así como autoridades de Xicotepec, Chignahuapan y Huauchinango, pondrán en marcha una estrategia para combatir la inseguridad.
Pero, más allá de lo que pueda decir la presidenta, queda claro que la seguridad está rebasada.
No es que seamos alarmistas, pero poco falta para que la Sierra Norte de Puebla, otrora tranquila –o cuando menos no tan violenta- se parezca a otras zonas de la República en donde ya da miedo salir a las calles.
Y se regresa a lo mismo. ¿Qué tanto influye la presencia de elementos de la Marina para inhibir los delitos violentos en la Sierra Norte? Al parecer no influye nada. De los mandos policiacos en manos de oficiales de la Marina mejor ni hablamos. Hace falta más que estas acciones para detener la violencia. Se está a tiempo aún, no debemos de cerrar los ojos a la cruda realidad.