Esta semana se dieron a conocer los resultados de la ultima encuesta de Transparencia Internacional (TI) sobre la percepción de corrupción (IPC) correspondiente a 2024, el último año que gobernó el expresidente López Obrador, en el que -como era previsible- sale muy mal calificado. Tanto que su mala percepción supera a panistas y priistas de los últimos treinta años. Las figuras (Fox, Zedillo, Calderón) que con el paso del tiempo se han vuelto su alter ego. Ya sabemos que la corrupción es el principal dique contra el progreso y la prosperidad y la seguridad. Ataca a los grupos más vulnerables y ensancha la brecha de desigualdades. Los datos señalan que el país retrocede a mediados de los noventa del siglo pasado.
La corrupción, lo saben los expertos, ahuyenta la confianza, y sin confianza la gobernabilidad, en la que unos pocos mandan y los demás obedecen, se pone en duda, por decir lo menos. En suma, se rompe el contrato social, y se camina en el filo de la anarquía. Eso es el populismo desenfrenado. Que se vale de las peores argucias para ponerse por encima de la legalidad. El respeto por la legalidad es la base más firme que le da consistencia a la democracia constitucional. Hoy herida de muerte por ese mismo populismo.
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De acuerdo con el estudio de Transparencia Internacional, el de López Obrador resulta ser el gobierno más corrupto de los últimos treinta años, muy por encima de la percepción que se registra durante los gobiernos panistas y priistas. En el caso de los primeros la brecha es de 11 y 10 puntos, respecto de Vicente Fox y Felipe Calderón. En lo tocante a Peña Nieto, y no obstante la tan promocionada Estafa Maestra por el propio López Obrador, la brecha es de 9 puntos. Y respecto a Ernesto Zedillo, la mala fama de López Obrador sigue estando por encima.
Un dato brutal para una persona que hizo de la seguridad y el combate a la corrupción su mascarón de proa; al final esos indicadores lo condenan como el peor gobernante de la era de la transición. Al punto que ahora mismo el país es presa de las tentaciones intervencionistas del gobierno de los Estados Unidos, con aviones y barcos de guerra a la vista de todos, producto de la expansión desmedida de las bandas criminales en territorio nacional. Las que según el presidente Donald Trump tienen en México su “santuario”. Además acusa que «la alianza que tienen con el gobierno mexicano “ponen en peligro la seguridad nacional y la salud pública de los Estado Unidos».
En paralelo a la presentación de Transparencia Internacional, la presidenta Claudia Sheinbaum explicó en la mañana de ayer martes que “nosotros” siempre defenderemos al presidente Andrés Manuel López obrador, porque fue “un gran presidente” y porque somos parte del mismo movimiento. Y retó: “que nadie se equivoque”. El nosotros, es decir ellos, los de Morena.
El pronombre de la primera persona lo confirma todo. La presidenta no se asume como lo que es: la presidenta de todos los mexicanos, sino la jefatura de una facción. La que en su dicho se encuentra del lado correcto de la Historia (para que no quepa duda de la grandilocuencia), como se autodenominan.
Los demás, son eso: los otros, los no reconocidos. Los bárbaros, los enemigos de México. Apátridas. La línea divisoria entre unos y otros se torna cada vez más imperceptible. Al parecer el problema se suscitó porque alguien cuestionó la estrategia de seguridad de “abrazos y no balazos”. La presidenta culpó a la oposición y a la comentocracia de querer dividirlos, y que nada de eso es cierto porque el presidente hasta tuvo una sección denominada “Cero Impunidad”.
El negacionismo es el rostro más siniestro del populismo, porque niega el principio de verdad.
Ayer mismo en la revista Nexos, Francisco Javier vega Oviedo, respecto del mismo informe, ponderó que si bien la relación entre corrupción y desigualdad es clara, esta puede ser diferente de acuerdo con el tipo de corrupción. La pequeña corrupción, que sucede en trámites y servicios entre la ciudadanía y personas servidoras públicas, afecta la distribución de ingresos a pequeña escala. En contraste, la gran corrupción, que involucra decisiones políticas, refuerza las desigualdades estructurales porque beneficia a las élites económicas.
Aquí el informe completo https://www.tm.org.mx/indice-de-corrupcion-confirma-el-mandato-social-de-enfrentar-de-raiz-la-corrupcion-en-mexico-transparencia-mexicana/