El patrimonio artístico en Puebla sigue a la deriva, no de ahora, sino desde que fue declarado en esa categoría cultural y desde que se emitieron leyes federales y estatales para su protección y difusión. Su integridad, lo sabemos, es letra muerta, no obstante, la grandilocuencia retórica con el que es evocado por las burocracias culturales y sucesivos gobiernos. Sus principales enemigos, de acuerdo con la evidencia, parece hallarse dentro de los propios recintos museísticos, toda vez que los museos son su principal resguardo natural, o en el caso de Puebla lo fueron hasta el 2014.
En este año desde el gobierno se emprendió la dispersión y su consecuente extravío de piezas de gran valor artístico, la mayoría del Barroco, sin que hasta la fecha ninguno se inmute, o de menos aclare acerca de su eventual paradero. Incluso se da el caso en que la administración cultural es utilizada para darle la vuelta al dinero y meterlo a campañas; o para sacar ventaja económica o clientelar de alto rango, mediante la edificación de monumentos y exposiciones faraónicas, y asegurar rentas millonarias por largas décadas. Léase entre otros el Museo Internacional del Barroco, sobre el que ocho años después de su pomposa inauguración ningún gobierno ha manifestado capacidad intelectual para hallarle vocación e identidad, que no sean ocurrencias, o de plano montaje de exposiciones para mostrar al mundo la ignorancia e incompetencia de quienes en mala hora los encabezan. A eso sumemos la sospecha de hurto y sustitución para engalanar casas privadas.
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Veamos un caso específico. En 2024 se cumplen diez años del robo de un lote de bienes artísticos de plata sustraídos del Museo José Luis Bello y González, en la ciudad de Puebla, patrimonio donado por un patriarca a su ciudad. El recinto se encuentra integrado a Museos Puebla (el Organismo Público Descentralizado, ideado para burlar el ejercicio de máxima transparencia y rendición de cuentas y darle un uso gerencial, no cultural). En efecto, y de acuerdo con la denuncia, se trata de 27 piezas de plata, entre vasos sagrados, medallones, miniaturas de filigrana, utensilios, y 24 chapetones de bronce que decoraban la Sala de Calaminas en dicho espacio. El avalúo que realizó su entonces directora, tasó el hurto en doscientos cincuenta mil pesos. Se ignora cuál fue el criterio seguido para llegar a esa cantidad, pero todo indica que dista mucho de ajustarse a su verdadero valor. Se trata de bienes artísticos del periodo que va de finales del siglo XVI a principios del XX.
Los que conocen de la cuestión comentan que se trató de un robo quirúrgico, cuyas piezas fueron previamente seleccionadas, por alguien que conoce de estilos artísticos, periodos y precios en el mercado negro del arte. Pero sobre todo con relaciones con coyotes y coleccionistas de objetos artísticos de plata. El tema ha sido ampliamente tratado en los medios, incluso el exsecretario de Cultura, Sergio Vergara, en su primera comparecencia ante el Congreso del Estado habló de piezas “sustituidas” y “alteradas”. En este caso me concentro en el robo denunciado por Ana María Castillo en julio de 2014 ante la Fiscalía General del Estado.
Si bien el presunto robo se perpetró en el mes de febrero de 2014, sospechosamente se denunció y ratificó ante el Ministerio Público cinco meses después, los días 1 y 11 de julio del mismo año respectivamente, por la entonces encargada del museo, maestra en Historia del Arte, Ana Martha Hernández Castillo, quien ha sido señalada y vinculada en varias ocasiones por estos hechos, ignoro si con razón o no; también se le ha responsabilizado de descuidos graves en movimientos de obra, por los que incluso se dañó el famoso Pabellón Flotante chino de marfil resguardado en el mismo museo. El hurto le costó el despido por segunda vez en 2021 de Museos Puebla, instruido por Sergio Vergara, entonces secretario de Cultura, cuando cumplía una nueva etapa laborando en la Dirección Operativa de dicho organismo. A la fecha no se tienen noticias de averiguación alguna por parte de la Fiscalía General del Estado de Puebla acerca del robo de los mencionados lotes de piezas históricas.
Cabe mencionar que la historiadora Ana Martha Hernández Castillo, en su papel de subdirectora de Museos, ya había coordinado y elaborado tiempo atrás un inventario de las colecciones de los principales museos estatales poblanos en 2009-2010, cuyo programa fue conocido como “Catalogación de Acervos” de la Dirección de Museos de la Secretaría de Cultura del Estado de Puebla, y en el que colaboraron Montserrat Báez Hernández y Alejandro Andrade Campos, con base en las fichas ya existentes levantadas años antes por el despacho ALDES de Lorena Zedillo, bajo la coordinación de Emma Yánez, ello después del sismo de 1999, cuando los acervos mencionados fueron resguardados en el edificio del exhospital de San Pedro, pero también con miras a la creación del Museo Poblano de Arte Virreinal (MUPAVI).
A sabiendas de la clara existencia de tales registros catalográficos (y de otros inventarios de bienes que obran en poder de la Secretaría de Finanzas del Estado de Puebla), en 2023 la nueva directora de Museos Puebla, Anel Nochebuena Escobar, reclutó a la maestra Hernández Castillo, para la realización de un supuesto “Catálogo Cualitativo” de los acervos del Organismo Público, dadas las instrucciones del gobernador Sergio Salomón Céspedes Peregrina, de esclarecer los supuestos robos anunciados en su momento por Vergara Berdejo y el propio gobernador Miguel Barbosa Huerta, y contar así con el paradero de dicho bienes y su número exacto.
De esta manera se pretendía tener una recatalogación muy rápida y aparentemente eficaz, para poder informar al gobernador y a su vez denostar a Vergara Berdejo por mentir en declaraciones públicas acerca de los mencionados supuestos robos, lo que dio paso a un proyecto millonario para la colocación de “chips” con información y geolocalizador a todos los bienes muebles de Museos Puebla (que en realidad no fueron sino simples etiquetas magnéticas con un código de barras que solamente harían activar una alarma al pasar por un censor), dichas etiquetas poseen un pegamento industrial con las que además se dañaron miles de objetos históricos, los cuales no han sido sometidos a restauración alguna. Por cierto, cabe comentar que la maestra Hernández Castillo en 2021, también había presentado a Museos Puebla un proyecto, de la mano de otro proveedor, para la colocación de los mentados “chips”.
Al nuevo proyecto de “Catalogación Cualitativa” encomendado a la propia Hernández Castillo en 2023 se sumó, en la dirección, ejecución y supervisión del mismo, el arquitecto Leonardo Pacheco Ruiz, actualmente titular de la Dirección Operativa del Organismo Público, a quien se le podría señalar por un claro conflicto de interés al contratar a su propia empresa (o empresas ligadas a él), junto con la empresa del “museógrafo del morenovallismo”, Ricardo Linares, para dar mantenimiento a determinados museos y recintos estatales. Asimismo, se ha comentado en algunos círculos culturales que ambos personajes Hernández Castillo y Pacheco Ruiz, ya tienen un puesto asegurado como funcionarios en el Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla (IMACP), tras cumplir con sus encomiendas en Museos Puebla.
Ha trascendido en otros medios que el costo de dicho proyecto ascendió a 10 millones de pesos, lo que incluyó una exposición temporal inaugurada el pasado 12 de octubre en el Museo Internacional del Barroco (MIB), con piezas tomadas únicamente de las bodegas y salas de dicho museo, y cuyo título Tesoros Ocultos, sin duda alude al interés e instrucción de Nochebuena Escobar por exhibir y señalar a Vergara Berdejo, dadas las declaraciones y acciones arriba comentadas. También se habría contemplado la publicación de un libro relativo con textos de la prestigiada historiadora del arte, Isabel Fraile Martín de la BUAP, para legitimar con algo de seriedad.
En dicha exposición se da cuenta en una pantalla digital, de los nombres de los treinta integrantes contratados temporalmente para el supuesto proyecto de “Catálogo Cualitativo”, más tres personas de servicio social. Sin embargo, sabemos que también forman parte del mismo equipo otras personas más, contratadas expresamente para las áreas administrativa, jurídica y de informática, esta última originalmente a cargo de Miguel Ángel Rojano, quien también habría sido proveedor de equipos de cómputo y fotográfico para el proyecto, mismos que nunca fueron comprados o entregados. La contratación de la mayoría de los especialistas no se inició sino hasta junio-julio del presente año con la engañosa pretensión de abarcar un universo mayor a los ciento cincuenta mil objetos históricos y artísticos en tan sólo unos cuantos meses, y contar con la información publicada en una base de datos.
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Uno de los proyectos culturales más importantes que se gestan fuera de la capital es el Museo de las Tres Culturas de Pahuatlán. El alcalde Eduardo Romero, uno de los pocos presidentes municipales reelectos para un periodo inmediato, ha determinado que el museo sea una de sus metas a Cien Días. El proyecto cuenta con la aportación técnica y financiera de Mundo Sustentable, la asociación civil que en México preside el doctor Carlos Gómez, y lleva una gestión de varios años.
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