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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La seducción del poder

La violencia impactó al proceso electoral, destacando la influencia del crimen organizado

Anabel Abarca Pliego

Abogada especializada en derecho corporativo y analista política. Su expertise en derecho corporativo incluye asesoría estratégica a empresas, diseño de estructuras legales eficientes y mitigación de riesgos jurídicos. En el ámbito político, ha destacado como asesora en vinculación estratégica y planeación gubernamental.

 
 
 
 

Sábado, Julio 6, 2024

El ascenso de las actividades delictivas que se vienen registrando en nuestro país, desde el sexenio de Felipe Calderón a la fecha, muestra una clara tendencia de que la seguridad en México ha perdido la brújula, que garantizaba que el uso de la fuerza fuera monopolio exclusivo del Estado.

Según datos de INEGI, el sexenio de Calderón terminó con más de 121 mil homicidios, mientras que, el sexenio de Enrique Peña Nieto cerró con más de 157 mil. En lo que va del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, ha habido más de 165 mil homicidios.

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Otros datos relevantes, que demuestran la debacle en la seguridad, es que, de enero a mayo del 2024, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) reportó un total de 896, 365 mil presuntos delitos. Mientras que el promedio diario de homicidios dolosos, para el mes de mayo 2024, fue de 79.4. Esta cifra no ha sido la peor registrada en lo que va del sexenio; sin embargo, si se comparan los meses de abril y mayo 2023 con esos mismos meses del 2024, en pleno proceso electoral, existe un aumento significativo en las cifras de víctimas diarias, pues en el mes de abril 2023 hubo en promedio 71.9 homicidios frente a los 78.3 del 2024. Esa misma tendencia ocurre en el mes de mayo, pues en el 2023 hubo en promedio 75.8 homicidios frente a 79.4 en el 2024.                 

En un entorno violento, en donde el crimen organizado cada vez tiene mayor presencia en municipios de distintas entidades, la política no podría ser la excepción frente a esta realidad: si existe violencia en el territorio nacional es evidente, e incluso lógico, que los procesos electorales, experimenten el mismo fenómeno. La vida democrática e institucional de un país, que se ve sometido a un clima de violencia permanente, está en riesgo porque se frena la posibilidad de que las elecciones se lleven a cabo en un ambiente de paz y normalidad. ¿Qué significa esto? Pues que las personas puedan participar de manera libre en los procesos electorales, tanto las personas que deciden ser candidatas, como sus equipos y las personas que deciden salir a votar.

En el año 2021, Etellekt Consultores mencionó en su “séptimo informe de violencia política en México proceso electoral 2020-2021”, que se habían registrado un total de 1,066 delitos globales en contra de personas políticas. De los que 102 fueron víctimas de homicidio doloso y 36 fueron en contra de aspirantes y candidatos a cargos de elección popular.

Integralia por su parte advirtió que, en dicho proceso electoral, la delincuencia organizada tuvo injerencia de distintas formas, tales como: financiamiento de campañas, violencia política, injerencia en selección de candidatos, actos de intimidación contra algunos de ellos, coacción de votantes y operadores políticos.

Bajo esta premisa, aunque aún no han publicado de manera oficial sus datos de este año, Integralia ya presentó números previos respecto a este proceso. De acuerdo con esta consultora, este es el año electoral más violento en la historia de México, pues de septiembre del 2023 al 20 de mayo de 2024, hubo más de 700 víctimas de violencia política, entre los que destacan 255 homicidios, de los cuales 35 fueron de candidatos, 17 secuestros, 21 desaparecidos, 137 atentados, 218 amenazas, entre otros.

En este escenario, que desnuda de cuerpo completo la realidad que aqueja a nuestro país, hay que cuestionarse la razón del porqué, a pesar de que hoy en día ejercer la política en México es una actividad de alto riesgo, sigue siendo tan “atractivo” buscar pertenecer a esta élite.

La política es una de las actividades más importantes en una sociedad, ya que articula todas las demás funciones: decide la calidad de vida de las personas, los derechos a los cuales se tiene acceso, el destino de una nación, la libertad con la que se vive y muchas otras cosas más. Sin embargo, en un contexto tan complicado, que hoy en día implica en muchos sentidos arriesgar la vida y/o la de los seres queridos, el porqué sigue siendo tan llamativo ser candidato, debería ser el antecedente para entender las razones por las cuales la reputación de los perfiles que llegan al poder es altamente cuestionable.

En este proceso, el Instituto Nacional Electoral presentó problemas para cubrir el cien por ciento del personal operativo de las mesas de casilla, de capacitación y asistencia electoral, incluso a los propios partidos políticos, principalmente de oposición, se les complicó registrar la totalidad de sus representantes de casilla ante el Consejo General del INE. Así que, tuvieron que aprobar medidas extraordinarias para prolongar el proceso de registro. Sin embargo, ningún municipio presentó vacancia absoluta frente al proceso electoral, pues si bien, hubo numerosas renuncias de candidaturas en estados como Chiapas, Michoacán, entre otras, la “normalidad democrática” con la que hoy se vive, permitió que los cargos quedaran cubiertos.

Este hecho demuestra el camino que se debe de tomar respecto a cuestionamientos, que todavía no se tienen por completas las respuestas, pero que pueden marcar el camino para entender por dónde se debe comenzar para mejorar el sistema democrático y la confianza ciudadana en el mismo. ¿Qué es lo que permite que unos candidatos, en contextos sumamente violentos, puedan terminar el proceso electoral sin nada que lamentar? Hoy en día, el escenario de no violencia contra algunos candidatos, pero sí frente a otros en un mismo territorio, puede indicar que esos candidatos se encuentran protegidos por la delincuencia organizada local o son parte de la misma. ¿Por qué un candidato o candidata buscaría arriesgar su vida con tal de obtener el poder? Pues es verdad que, aunque la política es una vocación o que debería serlo, la realidad, al menos en México, es que la política cada vez está más lejos de personas que defienden causas nobles y del bien común. ¿Qué tan jugoso es el poder? ¿Cuáles son hoy en día los verdaderos incentivos para que alguien quiera ser parte de un proceso electoral?

Se podrían creer los discursos respecto a que los políticos buscan defender a la ciudadanía frente a ciertas realidades o que están dispuestos a sacrificar su vida porque creen que en ellos está el cambio, la transformación o como la quieran llamar; sin embargo, una persona con un alto sentido de supervivencia no estaría dispuesta a arriesgar su vida, si el resultado no valiera la pena.

La seducción del poder reside en el objetivo trazado que, en el mejor de los casos, es buscar generar un legado positivo en la ciudadanía representada, pero se debe de desconfiar de quienes no importando las adversidades busquen a toda costa el poder por el poder

Referencias
Aguirre, J.P. (2021). Asesinatos políticos en el proceso electoral 2021. Instituto Belisario Domínguez. (80). 1
Comisión Nacional de Seguridad, (2024). Informe de Seguridad.
García, C. (2024). INE alista medidas extraordinarias para instalar todas las mesas de votación. Expansión Política 
INEGI, (2022). Defunciones por homicidios.
Martínez, G. (2024). Renuncian 935 candidatos en Chiapas y Michoacán. El Sol de México
López, J. (2024). INE ‘ayuda’ a partidos y amplía plazo para registrar representantes de casilla. Milenio.
Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, (2024). Incidencia delictiva.
Ugalde, C. (2024). Violencia se desborda contra candidatos; se reportan 255 muertos sólo en 2024. Entrevistado por Ciro Gómez Leyva. Abriendo la Conversación en Grupo Fórmula. 

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