La concepción expuesta por Rawls demuestra una impresionante comprensión por su parte de las emociones y del poder de estas. Es muy razonable, además, el requisito rawlsiano de que esas emociones sirvan de apoyo a los principios y las instituciones de la sociedad no de manera mecánica, es decir, sólo porque dicha sociedad se entienda meramente como un modus vivendi útil para todos, sino desde un respaldo entusiasta a las ideas básicas de justicia que en ella se valoran especialmente. Una sociedad que se mantenga unida solamente sobre la base de la adhesión a un compromiso coyuntural, considerado útil desde el punto de vista instrumental, no tiene muchas probabilidades de permanecer estable por mucho tiempo. De ahí que no sea de extrañar que las emociones imaginadas por Rawls tengan como objeto principios generales y no detalles particulares: para que la sociedad sea estable por los motivos correctos, sus principios básicos deben ser adoptados y aceptados con entusiasmo por sus miembros.
Martha C. Nussbaum. Emociones políticas. ¿Por qué el amor es importante para la justicia? P. 24.
Escribí sobre este tema hace apenas unos meses. Era septiembre de 2023 y aunque los tiempos electorales eran apenas de marcar el inicio de las precampañas, donde supuestamente habría varios aspirantes en los distintos partidos políticos que presentarían sus propuestas para elegir entre ellos y ellas a la persona que fuese a representarlos asumiendo la candidatura a la Presidencia de la República, ya se habían iniciado en los hechos las campañas de las dos principales candidatas, en ese entonces disfrazadas de coordinadoras de proyecto.
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Ese artículo tomó el título de una popular serie de la televisión española, Amar en tiempos revueltos (1), y fue escrito a partir de un tuit que advertía que la polarización derivada de los fanatismos cultivados de forma muy intencionada por el presidente y sus seguidores, de un lado, y por los más radicales opositores a su gobierno por el otro; se estaba desbordando y planteaba un escenario muy poco alentador para las próximas elecciones.
Pues el día de hoy -estoy escribiendo el viernes 1 de marzo- se iniciaron formalmente las campañas electorales y aunque hay tres candidaturas registradas oficialmente, las contendientes para ocupar la silla presidencial son realmente las mismas dos que fueron eufemísticamente hablando las coordinadoras de los proyectos de las dos coaliciones que están realmente disputando el poder: la candidata oficialista impulsada -incluso violando la ley y presumiblemente ejerciendo recursos públicos- por el Presidente de la República y su partido, y del otro lado, la de la coalición llamada “Fuerza y corazón por México”, que es la suma de lo que queda de los partidos políticos dominantes y antes rivales.
Como era previsible, el escenario no solamente no ha cambiado, sino que se ha ido enrareciendo cada vez más con un evidente aumento de la agresividad del discurso presidencial y de sus seguidores, así como con manifestaciones también cada vez más agresivas e incluso verbalmente violentas de los opositores más radicales y los opinólogos, periodistas y líderes sociales de ambos bandos.
Las campañas inician en un ambiente de creciente tensión, con un presidente cada vez más enojado y agresivo y una oposición cada día más envalentonada para hacerle frente a su deseo -muy al estilo del viejo presidencialismo- de imponer en la silla a su elegida y perpetuar su proyecto de poder al que llaman ahora “el segundo piso de la transformación”.
Por ello me parece importante volver a tratar el tema de la enorme relevancia de las emociones políticas y su cultivo a través de la educación de los futuros ciudadanos. Como afirma Nussbaum desde el título de su libro sobre el tema, el amor es muy relevante para la justicia y si queremos realmente transformar a este país -lo dicen de ambos lados de este ring político- resulta indispensable cultivar el auténtico amor por México y por los mexicanos más pobres y excluidos más allá de ideologías e intereses político electorales.En un país en el que diariamente vemos ejemplos de políticos -y ciudadanos- que al estilo Groucho Marx afirman tener ciertos principios, pero si a la mayoría no le gustan, los cambian con gran facilidad siempre y cuando les redunde en beneficios personales económicos y de poder e influencia, resulta cada vez más necesario educar a los niños y jóvenes, pero también intentar hacerlo con los adultos, en emociones políticas sanas que “sirvan de apoyo a los principios y las instituciones del país”, no de forma meramente pragmática sino desde el entusiasmo que es resultado de un verdadero patriotismo hoy visto como cursi y pasado de moda.
Este país enormemente desigual y los millones de pobres, excluidos y violentados que lo habitan hoy están gritando para exigir políticos y ciudadanos corresponsables de un verdadero cambio y no de los que históricamente nos han vendido como tales, a partir de un entusiasmo, unidad y pasión por la justicia y otros principios o valores generales y no de detalles particulares como el carisma, la simpatía, la popularidad o el arrastre de ciertos personajes o grupos ni de discursos demagógicos y cambios meramente de fachada que echan a la basura el patrimonio económico, ambiental, cultural y social de nuestra nación para obtener ganancias personales.
Como lo plantea Adriana María Ramírez López en su reseña sobre este valioso libro (2) de la filósofa estadounidense, la autora propone algunas emociones políticas que deben estar vivas en la cultura de cualquier sociedad decente tales como la emoción patriótica, la simpatía, el amor, el interés genuino por los otros, la compasión y el compromiso.
Todos los educadores deberíamos preguntarnos qué tanto estamos desarrollando esas emociones cívicas en nuestros estudiantes. ¿Qué hacemos para fomentar el patriotismo más allá de ceremonias cívicas aburridas y repetitivas que ya se han vaciado de significado para ellos? ¿Qué acciones concretas planeamos y desarrollamos para generar la compasión, la simpatía por los demás, el interés genuino por las necesidades de sus compatriotas más desfavorecidos más allá de discursos moralistas o colectas de una vez al año?
Los medios de comunicación y todos los influencers y líderes de opinión en las redes sociales que también de alguna manera están educando a la sociedad: ¿Cómo contribuyen a generar el patriotismo, el amor, la solidaridad, la comprensión del otro y no el asco, el miedo, la envidia, el odio y la vergüenza que señala Nussbaum como los sentimientos que rompen la búsqueda de justicia?
Las candidatas mismas y sus equipos: ¿Qué van a hacer para convertir esta lucha en el lodo en una verdadera campaña política basada en propuestas y no en descalificaciones y cancelación de los que piensan diferente? ¿Cómo van a fomentar estas emociones políticas indispensables para empezar a reconstruir este país en ruinas?
En el 2018, una gran mayoría de mexicanos votó con ira, con indignación y coraje más que con amor por el país y con patriotismo auténtico. ¿Estamos condenados a repetir la historia en este 2 de junio? ¿Votaremos por el odio al neoliberalismo que han inoculado desde el gobierno? ¿Votaremos por el odio a todo lo que huela a AMLO que han cultivado desde la oposición?
Ojalá seamos capaces de votar desde emociones políticas más inteligentes, críticas y maduras. Para ello hace falta, como siempre lo afirmo: educación, educación y más educación.
(1) Se puede consultar aquí: https://www.e-consulta.com/opinion/2023-09-25/amar-en-tiempos-revueltos-educar-en-emociones-politicas
(2) Adriana María Ramírez López. Martha C. Nussbaum, Emociones políticas: ¿Por qué el amor es importante para la justicia? México: Paidós, 2014. https://revistas.uexternado.edu.co/index.php/opera/article/view/4147/4829
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