Lunes, 18 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El horror de Coyomeapan

El Estado debe imponer la ley, pero solo tendrá sentido con el desmantelamiento de la red criminal

Mauricio Saldaña

Doctor en Administración Pública con estudios de doctorado en Ciencias Penales. Especialista en inteligencia y cotrainteligencia con más de 30 libros publicados. Ha diseñado un mapeo sobre la feudalización de la delincuencia organizada en México.

Jueves, Diciembre 14, 2023

El rizoma de la Sierra Negra

Eran los noventa del siglo pasado y curioseando en la antigua Librería Francesa en la Ciudad de México, compré un librito, Rizoma, del admirado Gilles Deleuze y el eminente Félix Guattari. La edición era de Minuit.

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Deleuze y Guattari intentaban descifrar las diferencias entre el pensamiento dialéctico y el complejo o, rizomático. Para no cansarlo con tanto oropel, le diré que estos personajes apuntaron que el pensamiento rizomático no sigue una jerarquización a manera de un árbol, ramas y hojas, sino que todos sus elementos operan sin subordinación.

En México, el crimen organizado es rizomático: opera a ratos dependiendo de la raíz, y a ratos, sus hojas cobran un inusitado poder aunque después terminen en el piso.

El caso de Coyomeapan, Puebla es rizomático: las hojas de sus complicidades y desvaríos generan dos caprichosos efectos: expoliar a los habitantes de media docena de municipios y, doblar a gobernadores débiles o asociarse con gobernadores delincuentes, según sea el caso.

Si usted no sabe discernir entre uno y otro, le convido una pista: el gobernador timorato se coloca unas enaguas que agita señalando que los pobladores ofendidos por la delincuencia, deben bailar al ritmo de la flauta procesal, sin gestos; el gobernador delincuente dice que había dos sopas y la de fideos se terminó, por lo que solo queda vivir sin mirar.

Coyomeapan es un compendio de complicidades entre gobernantes, caciques y delincuencia organizada, agrediendo sistemáticamente a una población indefensa que apenas cuenta con su voluntad y entereza para mantenerse en pie.

En ese tenor, deberá usted considerar que hay grupos caciquiles que combinan intereses políticos, criminales y empresariales, con capacidad para influir en la toma de decisiones de un gobierno estatal. Así, a este tipo de grupos se les llama organización difusa, dado que mutan apariencias: pueden ser criminales, políticos o empresarios, según les convenga. El chiste se cuenta solo porque estos personajes no mienten: delinquen, grillan y hacen negocios, todo al mismo tiempo.

La larga marcha

El desastre de ese municipio tiene mucha historia. Ni se hable de los municipios próximos, incluyendo a Tehuacán, en donde el pasado 16 de febrero, cientos de pobladores de Coyomeapan comenzaron a marchar desde el terruño hasta la Y griega de San Gabriel Chilac y no pararon hasta la cabecera municipal de Tehuacán.

La petición es la misma, una y otra vez: frenar la expoliación del clan Celestino, organización difusa que goza de notorias protecciones y de todas éstas, la mayor es la ambigüedad con la que se le dispensan investigaciones y frenan procedimientos jurídicos.

El clan Celestino es una hoja que al juntarse con la organización Salvador en Ajalpan, la del clan González en Eloxochitlán y la de la organización Flores de Miahuatlán, integran una red en la zona: el Cártel de la Sierra Negra.

La organización Celestino no podría explicarse sin los buenos oficios de Mario Marín Torres y el liderazgo estatal del Partido Revolucionario Institucional de esos años, que al seguir sobre una línea de tiempo, lleva directamente a las posiciones actuales de los individuos que señalaban los rumbos del partidazo en ese tiempo.

Tales prohombres han cruzado caprichosos vectores, que de distintas maneras señalan alianzas con Christian Romero “El Grillo” y con algunos delincuentes más que ahora mismo y desde la tumba se preparan para regresar en 2024 al poder público en Puebla.

No deja de llamar la atención que estos individuos que se frotan las manos disponiéndose a entrar a la toma de decisiones en el ámbito público estatal, cuenten con la bendición de personas que se disponen a hacer lo propio en lo federal, aparentemente gozando de autonomías y bastones de mando, pero que en realidad dependerán del mismo titiritero.

Los diagramas de vínculos señalan nexos intrincados entre personajes excarcelados, senadores que dicen ser escritores, alcaldes silenciosos y delincuentes de variado caletre, envueltos en una telaraña que para donde se le mire, señala al Cártel Jalisco Nueva Generación, organización delictiva que ha seguido el dogma de patrocinar la mayor cantidad de candidaturas posibles, porque con una que se gane, recuperará su inversión.

El reto institucional no es encontrar cabos a los numerosos delitos que, como red, los grupos mencionados han cometido a lo largo y ancho de la Sierra Negra, sino en saltarse las conexiones que tal colectivo difuso ha emprendido, cobijado bajo potestades más tumefactas desde el ámbito nacional.

La serpiente mordió su cola

La red criminal señalada también tiene conexiones con la estructura que alguna vez creó Rafael Moreno Valle, en su enloquecido despropósito por desmantelar las redes de poder ajenas para construir las propias y literalmente, el remedio salió peor que la enfermedad.

Ya se vio en 2021 que partidos de poca monta pueden apoyar a la causa de la feudalización del estado de Puebla, postulando candidatos que dependen directamente del nodo central de la organización criminal atendida.

La evidencia ahí está, si se observan los comportamientos de sus actores: si ya no pueden caminar por Coyomeapan, los arquitectos de ese colectivo difuso han intentado gobernar Tehuacán, San Gabriel Chilac o a Eloxochitlán.

Coyomeapan forma parte de un corredor delictivo en el que lo mismo se encuentra actividad de la guerrilla que de distintas células afiliadas a la franquicia de CJNG, con epicentro en Tehuacán. Matrículas de Veracruz y el Estado de México señalan el control de la zona. En Tehuacán, sus gobernantes mienten pero las cámaras de videovigilancia, no.

Coyomeapan está lejos de la riqueza de Tehuacán: sus habitantes viven con una pobreza que espanta: la mitad de ellos vive en pobreza extrema y casi el 25 por ciento no puede comer tres veces al día. En el extremo, menos de un punto porcentual de la población puede vivir dignamente. Mientras tanto, alrededor del 2 por ciento no tiene baño ni energía eléctrica.

Luis Miguel Barbosa se mantuvo omiso frente a la red difusa que señalé al principio. En una entrevista memorable, el finado señaló sobre el particular: “que lo denuncien y si el cacicazgo es constitutivo de delito que se sancione”. Esa fue la respuesta del Estado frente a una expoliación sistemática, vastamente documentada.

Los aliados de tales entes ahí están: alguno perdió estrepitosamente en las “encuestas” de Morena y otro ganó. Hay decisiones que tarde o temprano tendrán que tomar los poderes legislativo, ejecutivo y judicial de la entidad, a efecto de minar a un cártel local en donde el dinero y la criminalidad se han incrementado hasta la ignominia, alimentados por las mieles del olvido institucional.

Los deberes

Ahí están las carpetas de investigación y los datos que existen sobradamente sobre cada uno de los actores. Los controles de confianza de sus jefes policiacos también se encuentran al alcance de los decisores. Los nexos con delincuentes del Estado de México, son conocidos. Hasta la Comisión Nacional de Derechos Humanos tiene datos consultables.

Hace unas semanas, aquel hombre que se la pasaba mirando el reparto de despensas por cortesía del crimen organizado en su municipio, llamó a la mesura de los pobladores. Convocar al robótico cumplimiento de la ley por parte de los ofendidos no va a funcionar, lisa y llanamente porque ya no creen en ella.

El Estado debe imponer la ley, pero solo tendrá sentido con el desmantelamiento de la red criminal que tiene bajo acecho a indígenas que, frente a las agresiones armadas, increíblemente las han contrarrestado haciendo vallas humanas, desarmados.

Este admirable ejemplo de valentía y estoicismo debería ser suficiente para que se ataque a la raíz del problema. Ya se verá. Mientras tanto, Deleuze y Guattari serán releídos.

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