Apenas iniciaba diciembre de 2018 cuando distintos conductores reportaron algo que parecía ser un montón de cuerpos tirados a la altura del kilómetro 224 de la autopista Puebla-Córdoba, en el tramo Acatzingo-Ciudad Mendoza.
Una cartulina señalaba lo ocurrido: “Esto es lo que les va a pasar a toda la escuela Z. Llegó la limpia de mugrosos, secuestradores, chapulines, robaganados. Atte. CJNG”.
Más artículos del autor
Cinco cadáveres eran el saldo aparente de un enfrentamiento entre el clan Zúñiga y una célula del CJNG. El conflicto entre esa organización familiar que tiene décadas cometiendo delitos en distintas partes del estado de Puebla y el cártel, al menos data de 2017.
Considerada como una pandilla de alto impacto que por años trabajó para la franquicia Veracruz de Los Zetas, el clan de los Zúñiga inició sus operaciones en Ciudad Serdán, dedicándose al principio al robo de transporte de mercancías, pero en poco tiempo comenzaron a expandir sus actividades.
Justamente cuando CJNG entró en el estado de Puebla, 2017, fue casi inmediato el choque con Los Zúñiga porque estos representaban los intereses de Los Zetas. En mayo de 2018, la franquicia de Jalisco les dejó un recado en su terruño, junto a una cabeza humana.
“Pronto aviso a los Zúñiga, puros basura, la plaza está controlada. Atte. Sus patrones. El Cachas, El Zúñiga, El Hugo, Guri, El Becerro, El Cano, El Paquito, no salgan de su pueblo. Al Topón”.
No pasó ni un mes y los de Ciudad Serdán correspondieron a las cortesías de Jalisco. En el kilómetro 3 de la carretera Serdán-Tlachichuca dejaron un cadáver con un mensaje. Era evidente que el jefe del clan, Hugo, acusó recibo. Poco tiempo después moriría por una complicación cardiaca y la ingesta de distintas sustancias. Hasta el Ejército llegó a su domicilio, considerando el peligro de que CJNG llegara a atacar al velorio.
Uno de los puntos de mayor riesgo estriba en que el clan Zúñiga ha operado en sincronía con Sangre Nueva Zeta, particularmente con Roberto de Jesús, “Bukanas”. Tiene sentido si se considera que en 2020, este último personaje tenía a Esperanza como su epicentro delictivo.
Para entonces, el clan Zúñiga ya no andaba en el robo de mercancías sino en un portafolios delictivo que lo mismo atiende secuestro que cobro de piso y traslado de narcóticos.
La noche del 17 de agosto de 2022 se dio un enfrentamiento en Cuesta Blanca, Palmar de Bravo, que daría cuenta nítida de lo que se estaba jugando en la cancha de dicho clan: se encontraron a su némesis, “El Choco”, en la carretera Cuacnopalan-Cuesta Blanca y comenzó la lluvia de plomo.
José Martín, “El Choco” es uno de los personajes relevantes de CJNG en la zona, considerando el “impuesto” que paga a dicha organización. Si bien es cierto que está en prisión, sigue en medio del territorio, vía familiares y socios.
El punto es que el clan Zúñiga tiene sangre zeta en su ADN y los intereses de CJNG no son proclives a los bandazos.
Los amigos calculan que Los Zúñiga han de tener unos 200 elementos de tiempo completo, una cifra respetable que más o menos juega en equilibrio con la organización de “El Choco” y por supuesto, la de “El Malverde”.
Los Zúñiga se lanzaron también contra Jalil “El Mamer”, del que he escrito profusamente y en medio de todo ese territorio de gas LP, huachicol, robo de mercancías, cobro de piso y sicariato, aparecen la trata y el traslado incesante de indocumentados.
Tiempo ha, Julio César era el líder de los Zúñiga. Un día fue detenido y pese a su palmarés criminal, fue enviado… a arraigo domiciliario en Esperanza. La tarde del 22 de enero de 2024, casi una centena de hombres armados entró a reventar su “prisión”.
La comunidad de Guadalupe Potreros fue testigo de cómo en un parpadeo, los policías estatales que decían custodiar a Julio César fueron reducidos a nada. Les quitaron sus armas y los visitantes le dieron piso a su custodiado.
De adorno llegó un helicóptero del gobierno del estado y unos efectivos de la Guardia Nacional y el Ejército. Para nadie pasó desapercibido que de los cuatro elementos que “custodiaban” a Julio César, señalado por secuestro agravado y daño en propiedad ajena, habían salido tres a un mandado, una diligencia; da igual.
Tras el ridículo, en una comparecencia del 23 de enero de 2024, se confirmó una mutación procesal: de la Puerta Giratoria se ha pasado a la Puerta Perezosa: de la prisión preventiva al arraigo domiciliario de un criminal de alto impacto.
Todo lo anterior en el contexto de una metrología criminológica de nuevo cuño: policías estatales fueron interceptados por un comando “de muchas personas”.
Van cinco: el militar levantado en la Central de Abasto; el barón que abrió la puerta al CJNG en Puebla; los falsos retenes; el desastre del Mercado Hidalgo con la Marina Armada y ahora, Esperanza. Demasiadas sospechas en muy poco tiempo, a menos que las sospechas ya no sean tales, sino certezas.