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OPINIÓN

¿Qué piensan los seguidores de Trump?

El ultraconservadurismo en Estados Unidos plantea teorías de la conspiración absurdas

Luis Ochoa Bilbao

Internacionalista y sociólogo. Director de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la BUAP. Se especializa en temas de política exterior, cultura política y sociología de las relaciones internacionales.

Jueves, Agosto 24, 2023

El fenómeno Trump es multifacético y muy complejo. Como persona, Trump no es ni cristiano ni conservador; no comparte los valores culturales o morales de la derecha; desprecia el matrimonio, sus expresiones rayan en mezclas inconexas de mentiras y exageraciones, de mensajes simples que repite hasta la saciedad y sus actitudes hacia la gente en general son de desprecio al insultarlos y etiquetarle apodos a medio mundo.

Sin embargo, las huestes cristianas y ultraconservadoras de Estados Unidos, aquellas que juran seguir los dictados de la biblia y de la palabra de Jesús, lo adoran como una especie de mesías que los va a redimir. Trump respondería al pie de la letra a la descripción del anticristo, pero obtiene del ultraconservadurismo cristiano absoluta lealtad.

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¿Qué hay detrás de los idólatras cristianos que veneran a Trump? Esa pregunta la han tratado de responder diversos periodistas desde hace algunos años. La estrategia ha sido muy simple: acudir a las presentaciones políticas de Trump y hacerles a sus seguidores preguntas elementales que develan sus ideas y pensamientos.

Es importante aclarar que no todos los seguidores de Trump son cristianos o evangélicos, pero se consideran conservadores porque defienden, eso dicen, valores del cristianismo tales como la monogamia y la heterosexualidad y comparten posiciones contra el aborto, los matrimonios igualitarios, la diversidad racial, el relativismo cultural o el lenguaje incluyente.

A través de las entrevistas o de las charlas informales, comienza a delinearse el perfil de los pensamientos e ideas de los seguidores ultraconservadores de Trump. Este es el hallazgo más importante: difunden y creen ciegamente en las teorías de la conspiración.

Primero, son personas que juran y perjuran que hay una conspiración comunista y caníbal para acabar con Estados Unidos. No, no es broma. Suenan a cristeros guanajuatenses trasnochados. Los seguidores de Trump creen que los demócratas o los progresistas en su país, los liberales y las empresas artísticas y del mundo del espectáculo (Disney o Hollywood) quieren convertirlo en algo parecido a la Unión Soviética. Además, dicen que los líderes demócratas, como Biden y Hilary Clinton, sacrifican bebés para comérselos y beber su sangre.

Y dicen que lo hacen en lugares recónditos del barrio chino de Nueva York. Por muy ridículo que parezca, todo esto comenzó con acusaciones falsas en 2016 que llegaron a convertirse en tendencia en las redes llamado “pizzagate”.

Todo esto forma parte de las ideas que esparcen personas y grupos anónimos en la red  y que se denomina QAnon. Incluso dicen que el papa Francisco forma parte de esa estructura criminal que, según ellos, es adoradora de satanás.

Este tipo de teorías de la conspiración tienen el objetivo de hacer ver a Trump como el héroe de una nueva cruzada contra el mal. Por supuesto, estas teorías no tienen en absoluto ningún asidero racional. Son mentiras y exageraciones que hablan de la poca consistencia intelectual de quienes las creen. Una cosa es esparcir esas mentiras como estrategia política, pero otra cosa es encontrar tanta gente que las considere reales.

Y lo peor es que ese tipo de aseveraciones absurdas cuentan con el apoyo de políticos que han obtenido el favor del voto popular. Por ejemplo, la congresista republicana Marjorie Taylor Greene es una de las republicanas más mediáticas y que más apoyo popular ha ganado en los últimos meses.

Ella difundió en una antigua publicación en Facebook en el 2018 la versión de “que los incendios forestales ocurridos en California ese mismo año habían sido provocados por un rayo láser disparado desde el espacio”.

Ideas de ese tipo son compartidas por cientos de miles de seguidores de Trump. Hay quienes aseguran que la guerra entre Rusia y Ucrania es falsa y que se trata de una telenovela creada para distraer al público. En un video que se puede encontrar fácilmente en internet, donde una mujer incluso llega a decir que los refugiados ucranianos son actores. 

Estas teorías de la conspiración tienen éxito por razones muy simples: 1) son escandalosas y generan un entusiasmo morboso entre quienes las cree; 2) son fáciles de inventar y exagerar; 3) caen en tierra fértil cuando la gente ignorante y con poca cultura escolar las asumen como verdaderas, aun sin ningún tipo de evidencia que las respalde; 4) pintan como engendros del mal a sus contrincantes políticos; 5) generan entusiasmo mediático y se difunden a velocidades inimaginables.

El problema es que las teorías de la conspiración no aportan nada al debate político sensato y democrático. Es, peligrosamente, un indicio de que la intolerancia se está convirtiendo en el valor político del ultraconservadurismo en Estados Unidos. Y cada día gana más adeptos que inventarán nuevas historias absurdas que cientos de miles replicarán y creerán con fe ciega.

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