Esta semana hubo protestas ciudadanas en Guatemala que denunciaban la interferencia del gobierno del presidente Alejandro Giammattei en las elecciones presidenciales; de forma simultánea en Perú, hubo una nueva ola de manifestaciones que exigen la renuncia de la presidenta Dina Boluarte y la disolución del Congreso. En México, ante el sorpresivo crecimiento de Xóchitl Gálvez como aspirante de la oposición, el presidente López Obrador está utilizando todos los recursos derivados de su posición para intentar frenar sus aspiraciones y posicionamiento.
Por otro lado, en Ecuador el presidente Guillermo Lasso, anunció el estado de excepción en varias provincias como respuesta al estallido de violencia que ya cobró la vida de dos funcionarios… Así podríamos seguir enlistando el complejo contexto político que enfrentan los países latinoamericanos, pero lo que es importante resaltar es el continuo deterioro de la democracia que vive la región y las implicaciones que esto conlleva para enfrentar los grandes problemas que tiene el continente.
Más artículos del autor
El Informe Latinobarómetro 2023: La recesión democrática de América Latina, publicado este mes, da cuenta de este fenómeno que se refleja en el bajo apoyo que recibe la democracia por parte de la ciudadanía latinoamericana, sumado a la indiferencia hacia el tipo de régimen político que tienen los países de la zona y lo más alarmante en el aumento de actitudes que favorecen el autoritarismo. Para contextualizar, la transición hacia la democracia en América Latina se ubica dentro de la llamada “tercera ola” y se dio en el periodo comprendido entre 1978 y 2008.
Lamentablemente, lejos de lograr avances significativos en la consolidación de las democracias en la región, la última década pone de manifiesto el retroceso general que ha habido en el tema. Sobre el apoyo a las democracias, los resultados del informe muestran que, en el año actual, sólo el 48% respalda los regímenes democráticos. Y se hace hincapié en que de 2010 a 2023 ha habido una disminución de 15 puntos porcentuales en el apoyo a este tipo de régimen.
Esto es muy preocupante por el pasado histórico de los países latinoamericanos, la gran mayoría de los cuales tuvo dictaduras militares o gobiernos autoritarios disfrazados de democráticos, como es el caso de México, cuyo sistema de partido hegemónico mantuvo en el poder al Partido Revolucionario Institucional (PRI) por más de setenta años.
En esta nueva medición, los países que experimentan una mayor disminución de apoyo a la democracia son Venezuela (-12%), Costa Rica (-11%), Guatemala y México (-8%). La sorpresa sin duda la dio Costa Rica, pues este país representa a una de las democracias más estables de la región.
En los casos de Venezuela, Guatemala y México esta reducción es inquietante porque los tres países están próximos a celebrar elecciones. Las de Guatemala se resolverán en las siguientes semanas cuando se realice la segunda vuelta, ya que ninguno de los candidatos alcanzó el porcentaje mínimo de votos para ser declarado ganador. De hecho, según datos de la Oficina de Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), una organización que promueve los derechos humanos en la región, la mayor parte de los votantes emitió un voto nulo que en suma acaparó el 17.38% de la votación. Lo anterior se interpreta como una protesta ciudadana respecto a la situación política que se vive en el país.
Mientras que Venezuela y México tendrán elecciones presidenciales en 2024. Para el contexto venezolano estas elecciones son claves para la posible restitución de la democracia en el país por la vía institucional. En cambio, México está en un momento crucial en el que gran parte de los esfuerzos para consolidar la democracia están en riesgo. Baste decir que las críticas y los esfuerzos del presidente López Obrador para incidir en instancias como el Instituto Nacional Electoral (INE) y la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), así como la indiferencia frente a valores fundamentales en los regímenes democráticos como la libertad de expresión, evidencian todo lo que está en juego en 2024 para la democracia mexicana.
Respecto a la indiferencia hacia el tipo de régimen, el informe señala que igual que con el apoyo a la democracia es a partir de 2010 cuando esta tendencia comienza a aumentar de manera constante. En 2016, el porcentaje que se consideraba indiferente al tipo de régimen era de 16%, mientras que para 2023 este se transformó en 28%, casi el doble. Es importante leer estos datos con cuidado, pues uno de los golpes más fuertes para las democracias es el desinterés que se refleja en la ausencia de participación ciudadana. Lo que a su vez incentiva el abuso de poder y fenómenos como la corrupción y la impunidad.
Desde mi punto de vista, lo que más debería preocuparnos es el incremento en las actitudes que prefieren el autoritarismo. De 2020 a 2023 hubo un aumento de 4 puntos porcentuales, es decir, del 13% se pasó a un 17% que en la región favorecen a los gobiernos autoritarios. Todavía más grave es que de todos los países que se consideran en el informe (este año Nicaragua no fue tomado en cuenta por cuestiones de seguridad), Panamá fue el único que no experimentó un aumento en este rubro. Entre los países que tuvieron un mayor incremento están República Dominicana (del 13% al 21%); Guatemala (del 14% al 23%); y México a la delantera con un crecimiento de apoyo al autoritarismo del 22% al 33%.
Dichos datos reflejan el hartazgo social y la pérdida de credibilidad de las instituciones, de los funcionarios públicos y de los partidos políticos en la región. Así, se concluye en ese apartado del informe que la ola de recesión democrática no sólo se explica por las crisis económicas y las presidencias corruptas, sino también por el aumento del autoritarismo. América Latina es la región más peligrosa del mundo y tiene problemas económicos, políticos, sociales y ambientales que se reflejan sobre todo en cuestiones como la emigración internacional y el desplazamiento forzado. Una “nueva ola” de gobiernos autoritarios que refuercen las actitudes populistas y los personalismos representa la peor alternativa para abordar los grandes retos regionales.
Por último, otro asunto que se resalta en el informe es el uso del concepto de las “electo-dictaduras civiles”, las cuales, según el texto, son la nueva forma de instalar dictaduras. Hoy, la recesión democrática no es por medio de los militares ni de las armas, sino por medio de civiles que acceden al poder por elecciones libres y competitivas, pero una vez instalados, comienzan a cambiar las reglas democráticas y realizan “seudo elecciones” que permiten aparentar que hay “democracia”. Ahí están los casos de Venezuela y Nicaragua, pero hay que seguir muy de cerca lo que sucede en El Salvador bajo el gobierno de Nayib Bukele, quien ya anunció su repostulación para 2024, a pesar de la prohibición constitucional.
Las causas de la disminución del apoyo a la democracia son múltiples y deben analizarse con detenimiento por parte de los actores públicos, privados y sociales para poder establecer estrategias para enfrentarlas. Esto es esencial en nuestro país que está próximo a tener elecciones cuyos resultados serán esenciales para el avance o retroceso democrático.