Me queda claro que para los partidos políticos, y especialmente para los gobernantes, los ciudadanos sólo somos instrumento de utilería que debe ser usado en tiempos electorales. Salvo excepciones, por supuesto.
Mientras en otros países los gobiernos están completamente vinculados al sentir ciudadano, en México somos lo que se conoce como “carne de cañón” que puede ser aprovechada para emitir un voto a favor.
Más artículos del autor
Son pocos los estados de la República que cuentan con una Ley de Participación Ciudadana completa, integral, bien sustentada, que sirva de marco legal para lograr una amplia participación de todos los sectores sociales.
A los indígenas, a los jóvenes, a las mujeres, a las personas de la tercera edad, a las personas con discapacidad, a los grupos minoritarios sólo se les atiende de una manera especial cuando están próximos los comicios, o bien, cuando los gobiernos saben que va a llegar una fecha especial donde estos grupos hacen presión (manifestaciones) para ser escuchados.
Es en estos tiempos electorales y preelectorales cuando los candidatos comienzan a publicar libros que “benefician” a la ciudadanía; cuando empiezan a formar “institutos de bienestar” para lograr la transformación del país; cuando integran amplios bloques “ciudadanos” para expresarse como oposición al gobierno en turno.
¿A quién quieren engañar? Todos esos mecanismos son simples membretes creados al momento para tratar de convencer a los electores que el candidato que los propone "es el mejor” para gobernar, para legislar.
Los gobernantes parecen vivir en la ignorancia plena o en la mediocridad total, tratando de gobernar solo con sus equipos de trabajo, pero sin la parte sustancial que da vida a toda administración: la gente, los sectores sociales, las comunidades, los barrios, las asociaciones.
A veces, tristemente, la sociedad los percibe como grupos de poder que gobiernan para sí mismos, para sus seguidores, para sus funcionarios públicos, pero no para el resto de la sociedad.
Los ciudadanos no se sienten escuchados, no se sienten tomados en cuenta, cuando en realidad son la fuerza motora de todo municipio, de todo estado, de todo país. Se sienten desperdiciados, desaprovechados y hasta humillados.
¿En verdad los candidatos, los partidos políticos, las llamadas “corcholatas” quieren obtener el voto de los electores? Ahora sí les va a costar muchísimo trabajo porque, hoy en día, tenemos sociedades más conscientes, más informadas, menos manipulables.
Los candidatos de todos los partidos, independientemente del color que representan y de la ideología que defienden, deben dejarse de tonterías, de tanta ignorancia y negligencia, de tanta terquedad, y tomar en cuenta lo que digan las diferentes audiencias. De no hacerlo -créanme- van a pagarlo en las próximas elecciones.
¿Por qué quieren excluir a los ciudadanos de los procesos de selección de sus candidatos? ¿A qué le temen? A fin de cuentas, lo que diga la gente, lo que quieran los electores, lo que necesitan los ciudadanos lo van a expresar antes de las elecciones o al momento de votar.
Más conviene a los partidos políticos conservar a esos candidatos con amplias posibilidades de ganar y no dejarlos bajarse del carro, de la contienda electoral, porque son los únicos que garantizan el voto ciudadano.
Reflexionen y piensen que la inteligencia, la popularidad, el prestigio de ciertos candidatos o candidatas más respetados por la ciudadanía son oro molido para sus partidos rumbo al 2024 ¿Acaso no se dan cuenta?
Bien por aquellos institutos políticos que rumbo al cambio de gobierno sabrán aprovechar el potencial ciudadano. Todavía están a tiempo de acercarse más a ellos y decirles “vamos juntos”, “con ustedes todo, sin ustedes nada”. Los ciudadanos, quieran o no, tendrán la última palabra a la hora del voto.
@elmerando