El Edificio del Carolino alberga una exposición con obras que copian o emulan algunas de las obras pictóricas del genio Da Vinci realizadas en diferentes momentos, desde el Quattrocento hasta la actualidad. Del artista renacentista únicamente se muestra un dibujo que consiste en un boceto de la Batalla de Anghiari y una pintura titulada Magdalena “Discinta”.
Leonardo fue un genio que vivió y conformó parte importante del Renacimiento, época en la cual el ser humano pasa a ser el centro del pensamiento, a diferencia de los tiempos anteriores en que Dios era el centro de la cosmovisión medieval. Época de grandes descubrimientos como que la tierra gira alrededor del sol y no viceversa. Época de hallazgos como el sistema circulatorio, la anatomía y las funciones de los diferentes órganos del cuerpo humano. Época del desarrollo de sistemas de perspectiva visual. Leonardo, no ajeno a la época ni a la curiosidad y creatividad científica, fue un elemento clave para entender el Renacimiento con todas sus aportaciones del momento, en hechos y pensamientos, en contribuciones plásticas y nuevos sistemas de representación del espacio y del carácter humano.
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Esta exposición omite los contextos que dan origen y conforman a tantos artistas que enriquecerían con sus obras la Historia del Arte universal. Sin embargo, cabe decir que es una muestra pensada, organizada, curada, con buena museografía (dos videos de apoyo y buena iluminación), con investigación histórica que se ve reflejada en los textos que acompañan a cada cuadro, y que se distingue como hecha para poder venderse y adecuarse a diferentes espacios.
De entre las obras expuestas las hay desde el quattrocento hasta el siglo XXI, por lo que, si bien algunas obras surgen de su taller o son contemporáneas, otras son copias completamente descontextualizadas, sin aportación alguna. Técnicamente bien resueltas en su mayoría. Nada más.
Sería de mejor provecho para el espectador, exponer primero la obra original del autor aludido y después las copias para contar con un parámetro, con un punto de partida auténtico, y que el propio espectador distinga los diferenciales, ya que si bien hay algunas copias, otras obras reflejan influencia temática, estilística, compositiva y/o de ambientación.
Por ejemplo, se muestran dos trabajos de un artista formado en su taller, se trata del milanés Marco D’Oggiono, quien se menciona desde 1490 y que podemos ver en su cuadro Virgen con el Niño y San Juanito en un paisaje, donde resalta la influencia de las obras: Santa Ana, La Virgen y el Niño, y La Virgen de las Rocas, lo que se aprecia en la composición piramidal de los personajes y la ambientación de los planos del paisaje, exaltando el rojo en primera persona.
Otro ejemplo, muy distante eso sí, es el cuadro del siglo XX, de acuerdo al texto de sala. En este caso no se trata de una influencia o de un punto de partida, se trata directamente de una copia mal hecha, pues a diferencia del original, en el segundo ejemplo hay una desproporción en el tamaño de la cabeza, los hombros se muestran desajustados y el Niño está enorme en relación a la madre.
Virgen del Huso, de Leonardo Da Vinci, 1510-1540
Creo que es una exposición a la que aún se le puede sacar provecho para beneplácito de los espectadores, ya que así no hay suficiente acercamiento a la obra de uno de los grandes genios de la humanidad, o hay un acercamiento distorsionado.
Cabe mencionar que esta muestra cierra con los avances científicos sobre las investigaciones de los murales del artista, y con imágenes de sus bocetos, con lo que nos podemos recrear en sus trazos, manejos tonales, y de semblantes y expresiones faciales y corporales.
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