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OPINIÓN

El Popocatépetl en el arte mexicano

En los siglos XIX y XX grandes artistas han plasmado la magnitud e imponencia de este guardián

Elvia de la Barquera

Egresada de Antropología UDLAP, Bellas Artes Universidad de Barcelona y Doctorada en Espacio Público: Arte-Sociedad UB. Artista, investigadora, docente y Crítica de Arte con publicaciones varias

Sábado, Mayo 27, 2023

Dos colosos inseparables son guardianes de los valles centrales de México y eso no pasa desapercibido para el arte. México es atravesado desde el pacífico hasta el Atlántico por un eje neovolcánico, desde el Everman en las aguas del Pacífico, hasta el Chichonal en Chiapas, lo que ha otorgado a estas tierras riquezas inigualables: desde muy diversas canteras hasta tierras propicias para la siembra, así como paisajes paradisíacos.

El cerro que humea (Popoca: humeante, Tepetl: cerro o montaña) ha vuelto a presentar una intensa actividad en las últimas semanas, poniendo en riesgo a los habitantes más cercanos, quienes no dejan de ejercer sus rituales a pesar de los peligros de acercarse al cráter de don Goyo, como comúnmente se le conoce.

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A lo largo de los siglos XIX y XX grandes artistas han reflejado en sus lienzos la magnitud, belleza y imponencia de este guardián que no descansa. Me refiero a los paisajistas José María Velasco, Gerardo Murillo mejor conocido como Dr. Atl y Luis Nishizawa.

Sin duda alguna, el mayor exponente del paisajismo mexicano decimonónico fue el pintor José María Velasco (1840-1912). Sirvió su pincel para refrendar el nacionalismo mexicano por medio del territorio, del entorno, del medio ambiente, del hombre frente a la naturaleza. Su figuración tomó influencias del Romanticismo y del Academicismo. Además de estudiar en la Academia de Bellas Artes, incursionó en la botánica debido a que provenía de una familia de científicos, lo que le otorgó elementos para una representación más realista.

Fue merecedor del premio en la Exposición Internacional de Filadelfia en 1876, de la Academia Nacional de México en 1878, de la Exposición Universal de París en 1889, del Centenario de Colón en Madrid en 1893 y de la Exposición de Bellas Artes de Puebla en 1900.

Gerardo Murillo (1875-1964), mejor conocido como Dr. Atl, fue un pintor mexicano que conjugó las propuestas plásticas europeas creando un paisajismo mexicano propio, original y de gran expresividad, tanto en el uso de color, como en la fuerza de la pincelada y en la nitidez de las formas bien recortadas, generando imágenes limpias y formas contundentes.

Inició sus estudios en pintura con Felipe Castro y Félix Bernardelli, para después formalizar sus estudios en la Academia de Bellas Artes e irse a estudiar -al amparo del Porfiriato- a Europa de 1897 a 1903.

Innovó una nueva técnica en el uso de color, a la que denominó Atl-color, misma que consistía en la aplicación de tintes secos directamente sobre la tela o papel, con la que creaba sus paisajes.

Además de arte, estudió filosofía y vulcanología, por lo que verdaderamente se adentró, más allá de la forma, en sus propios paisajes.

 

Luis Nishizawa (1918-2022) de padre japonés y madre mexicana, estudió en la Academia de San Carlos, obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 1996. Su obra engalana edificios de Guanajuato, Ciudad de México, Japón, Bulgaria y Panamá.

Realista, con un particular lenguaje plástico; de colores expresivos y contrastantes, y pincelada gestual y gruesa. Hereda y asume a su propia manera la plástica mexicana de los muralistas, añadiendo un toque personal en el tratamiento de la atmósfera, en el que alude a los paisajes de montaña japoneses.

Sirvan estos ejemplos para deleite de nuestros paisajes, con unos volcanes que solían estar siempre nevados y serenos.
 

 

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