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OPINIÓN

Diario de trabajo: Ley antitabaco

La medida contra el tabaquismo se convierte en un engranaje de una práctica política: el biopoder

Juan Carlos Canales

Es profesor jubilado de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP). Por más de veinte años condujo el programa radiofónico El territorio del nómada.

 
 
 

Lunes, Enero 16, 2023

Si la nueva ley antitabaco contribuyera a la disminución del consumo de tabaco, y con ello reducir los riesgos y costos sociales que conlleva, hubiera sido el primero en aplaudirla pero, como en el caso de la prohibición del alcohol en EU, sabemos que no va a ocurrir.

Cierto, el número de muertes y enfermedades ligadas al tabaco son altísimas a nivel mundial; sin embargo, no parece que los estados actúen con la misma decisión frente a otras formas de contaminación, y cuyos efectos en la salud son peores, por ejemplo, la polución generada por fábricas y automotores, o la contaminación auditiva y visual. No hablemos ya de otras amenazas, como la desaparición forzada o la de los feminicidios o de todas las formas de violencia que atraviesan nuestra sociedad. ¿Y qué decir de la sistemática condena que sufre nuestro sistema de salud y de la carencia de medicamentos?

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A mi modo de ver, se trata de una medida eminentemente punitiva dentro del marco de la sociedad biopolítica que, en nombre de la defensa de la vida, estigmatiza y excluye a un grupo determinado, convirtiéndolo en el chivo expiatorio de la sociedad. No hay que olvidar, tampoco, que a lo largo de la historia y, particularmente durante el siglo XX, los regímenes autoritarios de toda índole recurrieron a la hipostación de la salud como la principal coartada para condenar a miles de hombres por su condición “contaminante”. El ejemplo más próximo es el de los judíos y gitanos en el nazismo, pero también, el destino de los republicanos en el franquismo o el de los musulmanes en la ex Yugoslavia. A este respecto, recomiendo a los lectores los trabajos de M. Foucault y, muy especialmente, los de R. Esposito.

Hoy, que la ideología de la salud, -desdoblada en el culto a la eficiencia y la eficacia de los cuerpos, entendidos como máquinas de rendimiento, y este a su vez, en la fantasía de la eterna juventud y su insaciable sostén en la sustancialización farmacológica, y en lo que Byung Chul Han ha llamado “la sociedad paliativa”- la medida contra el tabaquismo se convierte en un engranaje más de una peligrosa práctica política: el biopoder.

Al mismo tiempo, no puedo sino establecer un paralelismo entre dicha medida y el despliegue de la Guardia Nacional en el Metro de la Ciudad de México: un puro espectáculo y una pura demostración de fuerza que, ni mejorará la seguridad del país o del propio Metro, ni tampoco ayudará en nada a la salud de los mexicanos. Sí, en cambio, afectará, como me lo señala una amiga, dueña de una pequeña cafetería, los niveles de consumo de restaurantes y cafeterías y, con ello, la generación de riqueza y de fuentes laborales. Añado una pregunta más: ¿no se tratará, también,  de la desarticulación del espacio público?
J. Canales

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