Opinión

Fuerza migrante, fortaleza para México

Martes, Diciembre 13, 2022
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Se requiere incentivarlos a invertir en nuestro país de manera segura para impulsar el desarrollo
Soy Fernando Manzanilla Prieto, desde hace 20 años la vida me ha dado el privilegio de servir a las familias poblanas. Mi mayor anhelo es que a mí Estado le vaya bien. 
Fuerza migrante, fortaleza para México

Estamos a unos días de conmemorar el Día Internacional del Migrante, una fecha proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) con el fin de visibilizar este fenómeno y proteger plenamente los derechos humanos de quienes, en su gran mayoría, abandonan su país en búsqueda de mejores condiciones de vida.

Sin duda, el fenómeno migratorio es tan viejo como la historia de la humanidad, además de que en los últimos años ha ido en aumento. De acuerdo con cifras de la División de Población de las Naciones Unidas, de 2010 a 2020 el número estimado de personas migrantes internacionales pasó de 59.6 millones a 127.6 millones, lo cual representa en los últimos años el 3.6% de la población mundial.  

El Anuario de Migración y Remesas México, editado por Fundación BBVA México y la Secretaría de Gobernación a través de la Secretaría General del Consejo Nacional de Población (SGCONAPO), da cuenta de que en 2020 a nivel global, México se colocó en la segunda posición con mayor número de emigrantes con 11.2 millones de personas, de los cuales más de la mitad (53.2%) son hombres. En contraparte, el país vecino del norte, Estados Unidos (EE.UU.) es el principal destino de la población migrante mundial con 50.6 millones de personas.

Esta combinación se proyecta en que el corredor de México a Estados Unidos se haya posicionado, en los últimos años, como el más importante en el mundo con 3.9% de la migración mundial.

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Y es que la migración internacional, además de que evidentemente moviliza personas, familias, comunidades y esperanzas; fortalece y genera vínculos y recursos económicos, financieros y culturales. Asimismo, conlleva cambios demográficos de mediano y largo plazo en los países de origen y destino.

Al respecto, un estudio realizado por Boston Consulting Group descubrió que es probable que las empresas con una fuerza laboral diversa generen un 19% más de ingresos que antes. Basta saber que si la población latina de EE. UU. fuera su propio país, tendría la quinta economía más grande del mundo, según un Informe de Latino Donor Collaborative (LDC).

México es uno de los pocos casos en el mundo en los que su población migrante reside casi toda en un solo país. En el año 2000, 98.4% de la población migrante mexicana estaba en Estados Unidos, proporción que se ha mantenido similar en los últimos 20 años, en 2020 fue de 97.0%.

La migración de México a Estados Unidos en  su historia, no obstante muestra cambios constantes ante sucesos económicos, políticos, ambientales y recientemente, de salud.

Precisamente, en 2020, 7.5 millones de personas migrantes mexicanas (66.6% del total) eran parte de la Población Económicamente Activa (PEA). Esto es muy significativo, no solo para la economía americana, sino sobre todo para la de nuestro país, ya que de acuerdo con los registros oficiales del Banco de México, entre 2000 y 2020 las remesas a México aumentaron más de 500%, al pasar de 6 mil 573 a 40 mil 605 millones de dólares.

Incluso, en el contexto de la pandemia, y a pesar de las previsiones del Banco Mundial, las remesas en México crecieron 27% entre 2020 y 2021, pasando de 40.6 millones a 51.6 millones de dólares.

Es por ello que las remesas son la segunda fuente de ingresos en dólares para el país, lo cual no es poca cosa, ya que superaron la inversión extranjera directa o los ingresos obtenidos por turismo, lo cual ayuda a la economía nacional de manera muy importante. Es así que representan el 2.7% del Producto Interno Bruto, de acuerdo al Banco Mundial.

Dichos recursos llegan directamente a miles y miles de hogares para los cuales constituyen una importante fuente de ingreso, ya que se ocupan principalmente en la alimentación, la salud, la educación, el pago de deudas (muchas de ellas adquiridas al momento de migrar) y, en general, en la satisfacción de sus necesidades básicas.

Es por ello que hoy más que nunca tenemos que tener presente que las y los migrantes son importantes aliados en el desarrollo de México. Los recursos que inyectan al país reducen la pobreza y la desigualdad, ya que incrementan las posibilidades económicas de estas familias, mejoran su acceso a servicios básicos, les permiten tener un mayor consumo e invertir en educación. Asimismo, estos recursos generan desarrollo en las comunidades receptoras, ya que los hogares que las reciben suelen ser aquellos más vulnerables, pues se calcula que el 45 % se encuentran localizados en áreas rurales.

Bajo este panorama no se nos puede escapar que hay retos muy importantes. Uno de los más importantes es actuar con una estrategia más agresiva que los invite a ser parte activa del desarrollo de México, incentivándolos a invertir al otorgarles todas las facilidades para que lo hagan de manera segura.

Se necesitan sentar las bases para superar el corto plazo del impacto de los recursos que generan y alcanzar el impulso del desarrollo firme del país.

No dejemos de lado que vivimos una época de turbulencias, en la que los estragos del reacomodo geopolítico no han terminado, dentro de los cuales ya padecemos una marcada inflación a nivel mundial.

Hoy más que nunca las remesas, además de servir para afrontar los gastos inmediatos de muchas familias, deben aprovecharse para invertir en actividades productivas e incluso empresariales, a través de las cuales se fomente el empleo y el crecimiento económico tan necesario en nuestro país.

 

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