Logo e-consulta

Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Hacer un nuevo final

Que estas fiestas impliquen momentos de reflexión para poder comenzar de nuevo aquí y ahora

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Diciembre 12, 2022

Aunque nadie ha podido regresar y hacer un nuevo comienzo…
Cualquiera puede volver a comenzar ahora y hacer un nuevo final.
San Francisco Javier. En: Año nuevo, tiempo nuevo. Germán Lechini S.J.

Tal vez sea que conforme va uno viviendo y llegando a la llamada tercera edad, la percepción del paso del tiempo va cambiando, quizá sea que objetivamente, en estos tiempos de prisa, la vida se ha ido acelerando. Puede ser una combinación de ambos factores, pero al menos para mí, este año 2022 se ha ido como en un abrir y cerrar de ojos.

Más artículos del autor

Este lunes que se publica el artículo que están leyendo mis cinco lectores habituales, inicia formalmente lo que medio en broma pero en realidad muy en serio se denomina popularmente como el “maratón Guadalupe-Reyes”, que marca unas semanas en las que el tiempo parece suspenderse, las actividades laborales, escolares y sociales cotidianas entran en un impasse y las agendas se llenan de compromisos familiares, reuniones con amigos, momentos de descanso y en algunos casos, de espacios de reflexión.

Independientemente de creer o no creer en un ser trascendente y en la vida más allá de la muerte, sea que se celebre la Navidad en su sentido religioso o solamente como tradición cultural, esta época tiene un significado muy especial para una gran parte de la humanidad.

El final de un año y el inicio de otro implica en nuestra consciencia humana un tiempo de cambio de ciclo, de cierre de una etapa y de inicio de una nueva, un tiempo de balance de lo positivo y lo negativo que vivimos, de los logros y fracasos, producto de nuestras acciones y de la forma en que afrontamos lo que no fue producto de nuestras decisiones o formas de actuar, pero nos pasó, ya sea por causa de las decisiones y acciones de otros o por los elementos aleatorios que tiene la vida.

Retomando la frase de Francisco Javier que encabeza este texto, es cierto que muchas veces al hacer este balance quisiéramos volver atrás y construir un nuevo comienzo, porque con la experiencia nos damos cuenta de que cometimos errores que fueron definiéndonos, moldeando nuestra vida, orientando el rumbo que nos llevó al lugar en el que estamos parados hoy.

Sin embargo, para nadie es posible regresar y construir ese nuevo comienzo. La madurez consiste en gran medida en aceptar esta verdad y asumir que nuestro origen y el trayecto que hemos recorrido no es algo que pueda ser reconstruido y vuelto a vivir corrigiendo lo que hoy vemos como erróneo o destructivo.

Pero esta división del tiempo en ciclos nos brinda la oportunidad de revisar nuestro pasado y a partir de la reflexión autocrítica de él, poder volver a comenzar, justo aquí y ahora, para construir un nuevo final, un rumbo que nos lleve a metas distintas, que rompa con la inercia y el determinismo que tendría una vida lineal y sin reflexión.

“Una vida sin examen no vale la pena ser vivida”, es una frase atribuida al filósofo griego Sócrates (470 a.C. - 399 a.C.) que deberíamos considerar, especialmente en estos momentos de fin de un año y comienzo de uno nuevo. Examinar nuestra vida no para regresar y construir un nuevo principio, cosa imposible, sino para encontrar los elementos necesarios que nos ayuden a volver a comenzar en nuestra situación actual y apuntar hacia la construcción de un final distinto, más acorde con aquello que consideramos valioso, que puede dar un sentido auténtico y profundo a nuestra existencia.

Quienes nos dedicamos a la educación, como transmisores de la herencia cultural de nuestros ancestros a las nuevas generaciones en formas significativas que abonen al enriquecimiento de su vida, tenemos la responsabilidad de que las nuevas generaciones caigan en la cuenta de que nadie puede regresar y construir un nuevo comienzo y que por ello deben, por una parte aceptar su origen y su historia personal previa y por otro, ser muy cuidadosos, inteligentes, críticos y responsables de las decisiones que van tomando porque sus efectos son irreversibles.

Promover este descubrimiento es acompañarlos en su proceso de maduración como personas, que es tal vez la tarea fundamental además de la facilitación del aprendizaje de los contenidos básicos, el desarrollo de las habilidades fundamentales y la promoción de las actitudes humanas que los preparen para la vida en sociedad.

Los educadores como profesionales de la esperanza, que tienen la convicción de que la humanidad puede mejorar a partir de la formación de seres humanos más conscientes, competentes, comprometidos y compasivos (1), tienen al mismo tiempo el deber de promover en sus educandos la consciencia de que aunque no es posible regresar y construir un nuevo comienzo, sí es viable volver a empezar y crear un nuevo final para sí mismos, para los suyos, para la sociedad en la que viven y para la humanidad a la que pertenecen.

Acompañar a las nuevas generaciones en el desarrollo de esta consciencia sobre la posibilidad de construir un nuevo final a partir de las múltiples oportunidades que nos brinda la vida en sus cambios de ciclo, es desarrollar la creatividad indispensable para tomar las riendas de su vida, desarrollar el hábito del autoexamen crítico e ir transformando de manera continua sus proyectos de vida para orientarlos hacia una progresivamente mejor finalidad.

Para lograr ambas cosas, los docentes, orientadores, directivos, investigadores educativos, gestores, padres de familia, etc. debemos ser los primeros en experimentar y asimilar en carne propia estas dos realidades: la de la imposibilidad de regresar y crear un nuevo principio y la de la posibilidad, siempre presente, de volver a empezar y construir un nuevo final para nuestras trayectorias profesionales y personales.

El método para emprender este camino es el del autoexamen permanente de la propia vida, para construir vidas que realmente valgan la pena, que tengan sentido y densidad humana.

La celebración de la Navidad y del Año nuevo viene acompañada normalmente del deseo de cosas buenas para aquellos que queremos, para la comunidad, para el país y para el planeta que habitamos.

Desde este espacio privilegiado de comunicación con todos los interesados en temas educativos, les deseo que estas fiestas de fin de año sean muy reparadoras en cuanto a la energía invertida en el trabajo de este difícil 2022, pero al mismo tiempo que impliquen momentos de reflexión y de autoexamen para que, aunque no podamos regresar y construir un nuevo inicio en nuestras vidas, nos demos cuenta de que sí podemos comenzar de nuevo aquí y ahora, para ir construyendo juntos ese nuevo final que tanta falta hace a la formación de los mexicanos del futuro.

Esta es la última entrega semanal del 2022. Agradezco a e-consulta el espacio que me brindan y a mis cinco lectores el encuentro semanal con estas letras. Espero que volvamos a encontrarnos en estas páginas virtuales a partir del lunes 9 de enero.          

(1) Crf. Ugalde, L. (2012). Conscientes, competentes, compasivos y comprometidos.

 

 

Vistas: 857
AL MOMENTO
MÁS LEIDAS

Blogs