Opinión

La razón política de la administración de la BUAP

Martes, Noviembre 8, 2022
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La falta de legitimidad “desde abajo” los obliga a buscarla “desde arriba”
Licenciada en Filosofía por la UAP con Maestría en Filosofía (UNAM) y Maestría en Ciencias del Lenguaje (UAP). Candidata a doctora en Filosofía (UNAM). Ha sido coordinadora del Colegio de Filosofía y el posgrado en Ciencias del Lenguaje (BUAP), donde se desempeña como docente. Es la primera mujer en asumir la Secretaría General de la BUAP.
La razón política de la administración de la BUAP

Nos enteramos por la revista Proceso, el periódico El Heraldo y otros medios de comunicación que el pasado 29 de octubre la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla organizó un evento para recibir a una de las precandidatas a la Presidencia de la República por parte del partido político Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) a dictar una conferencia magistral intitulada “Políticas Exitosas de Gobierno” frente a lo que fue una asistencia masiva.

Uno podría pensar que la universidad pública más importante del estado de Puebla hace bien en invitar a los distintos actores políticos para coadyuvar a que los universitarios y la sociedad en general los conozca y el día que, como ciudadanos, tengamos que votar por la Presidencia de la República lo hagamos de manera informada.

Sin embargo, cuando estas acciones de proselitismo se llevan a cabo uno se pregunta, obviamente, por los motivos que una administración central puede tener para usar a la universidad en este tipo de eventos.

Y no se trata de buscar respuestas a planteamientos morales, me refiero a la pregunta que un individuo se plantea respecto a si debe o no debe realizar una acción determinada. Aquí estamos hablando de motivos políticos que no tienen nada que ver con la acción moral.

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Para muchos universitarios es muy claro que la forma en la que la actual administración llegó al poder ha sido cuestionada desde un principio, y este cuestionamiento que ha apuntado a la invalidez de la “elección” ha tenido como consecuencia fundamental la falta absoluta de legitimidad. Y no sólo esto, sino que además en los trece meses de su gestión, la violación a la legislación universitaria ha sido sistemática, tal y como lo hemos señalado en diversas ocasiones.

Aquí se encuentra, pues, el motivo o razón de la “invitación”. Si tu posición de poder no está legitimada “desde abajo”, entonces buscas legitimarla “desde arriba”.

Y no se trata de no entablar relaciones con los distintos poderes federal, estatal, municipal o partidarios, sólo que se espera que esas relaciones se establezcan desde una posición autónoma, independiente y libre, posición que no puede darse dada la debilidad de la actual administración.

Por otra parte, los universitarios sí nos preguntamos por el monto de los recursos empleados. La razón o motivo que lleva a tomar determinada acción la podrá explicar, pero dista mucho de justificarla; y no sólo porque se trata de recursos públicos, sino porque la precariedad de los salarios de los trabajadores académicos y administrativos nos lleva a pensar que cualquier gasto, y con mayor razón si es injustificado, podría emplearse en la mejora de las condiciones laborales prevalecientes.

No es casual que el propio licenciado López Obrador sugiera que las universidades públicas rindan informes trimestrales a su comunidad.

Si la universidad tiene una responsabilidad prioritaria es con sus estudiantes y trabajadores(as). Estamos decididos a que se nos trate dignamente en todos los sentidos: que nuestro salario real no se siga reduciendo porque ya recibimos “el tope” de aumento, mientras se gastan los recursos universitarios, etiquetados o no, en cualquier otra cosa.

Estamos decididos a tener una enseñanza presencial que le dé al estudiante la oportunidad de tener una genuina educación que lo integre a la comunidad universitaria y haga de él(ella) un ciudadano(a) consciente y bien preparado(a) para culminar con su proyecto de vida. Ya cada universitario decidirá, cuando llegue el momento, qué plataforma política es la que más le convence, o cuál candidato(a) supo persuadirlo(a) de votar por él o ella.

Ya lo hemos dicho, la autonomía universitaria es pluridimensional y si alguna institución rechaza el voto corporativo esa es la universidad pública. No hay manera de que la administración central ofrezca cien mil votos o más. No nos representa.

No se trata de que la universidad invite a “todos los precandidatos” de “todos los partidos” para que haya igualdad de oportunidades. No es responsabilidad de la universidad lograr esto sino, en todo caso, del Instituto Nacional Electoral.

¿No les parece a ustedes de la mayor importancia develar los verdaderos motivos de las acciones políticas de una administración que, por ilegítima, no le queda más remedio que echar mano de los recursos universitarios para intentar validar su posición?

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