Opinión

Tiempos difíciles, tiempos de oportunidades

Viernes, Septiembre 23, 2022
Leer más sobre Mary Paz Herrera
El contexto social, los vínculos y el amor fortalecen la resiliencia para seguir adelante
Especialista en emprendimiento y desarrollo de negocios con 29 años de experiencia en capacitación y consultoría empresarial. Fundadora y CEO de Soy Emprendedora AC. Cuenta con su propia firma Graten Instituto de Bienestar y Negocio. Coautora del libro Tu Mejor Yo Posible. 
Tiempos difíciles, tiempos de oportunidades

La tristeza, el dolor, la desesperanza y todas las emociones conflictivas son parte de la experiencia humana; sin embargo, el entorno, las relaciones afectivas, el amor, la esperanza y la determinación para salir adelante son recursos con los que contamos la mayoría de las personas para sobreponernos a situaciones difíciles y traumáticas.

La resiliencia es “la capacidad de hacer frente a las adversidades de la vida, transformar el dolor en fuerza motora para fortalecerse y salir fortalecido de ellas. Una persona resiliente comprende que es el arquitecto de su propia alegría y de su propio destino” (1).

La resiliencia es sin duda una de las cualidades naturales de los seres humanos, siendo la capacidad en las personas para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas e inclusive salir fortalecidas de ellas y transformarnos en mejores seres humanos; incluso a pesar de vivir situaciones difíciles o incluso traumáticas. Ann S. Masten lo refiere como, el “poder de lo ordinario”, ya que la resiliencia no proviene de cualidades excepcionales de algunos individuos, sino de recursos con los que cuentan la mayoría de las personas: sus cerebros y mentes, sus familias y comunidades.

Te propongo hagamos en pequeño ejercicio para identificar que tan resiliente eres, contestando las siguientes preguntas:

- ¿Cuándo recuerdas una experiencia difícil que en algún momento de tu vida transitaste,  lo vuelves emocionalmente a experimentar, es decir se modifica tu estado de ánimo y sensaciones en el cuerpo?
- ¿El problema que te preocupa tiene más de seis meses?
- ¿Todo el tiempo hablas de ese problema  y te quejas constantemente con familiares y amigos?
- ¿Esta situación te causa un nivel de angustia, miedo, tristeza o insomnio?
- ¿En su caso, te lleva a consumir cierto tipo de sustancias o realizar algún tipo de actividades que ponen en riesgo tu salud, finanzas o estado emocional?
-¿O simplemente te quejas permanentemente todo el tiempo, contaminando los ambientes en los que te mueves?

Si has contestado al menos tres respuestas en forma positiva, deberás tomar cartas en el asunto, ya que no es un tema menor, ya que te resta energía y te puedes convertir en una persona negativa, pesimista y tóxica, que con el tiempo puede afectar tu salud física y emocional. El no ser resiliente tiene impactos significativos en las diferentes áreas de tu vida incluyendo la laboral.

Cada persona procesa de diferente forma las situaciones difíciles y las experiencias traumáticas; la muerte de un ser querido, el tropiezo con el desamor, la pérdida del trabajo, una enfermedad crónica personal o de algún ser querido, la violencia intrafamiliar, el consumo de sustancias de un ser cercano, los problemas financieros en el hogar, entre otros.

Lo cierto es que algunas personas logran adaptarse más rápidamente a estresores de la vida cotidiana, o a eventos traumáticos; mientras que otras, pueden quedarse por muy largo tiempo atrapadas en el sufrimiento, que con el tiempo puede afectar sus finanzas, relaciones afectivas y laborales, y más aún su salud.

La resiliencia es el proceso de adaptarse a la adversidad, a un trauma, tragedia, amenaza, o fuentes de tensión significativas; ser resiliente significa caerse y no abandonarse; es decir, tener la determinación de levantarse lo más rápido que sea posible para retomar el curso de la vida y los proyectos.

Las investigaciones han demostrado que la resiliencia es común, no es una característica de personas extraordinarias. Las personas generalmente demuestran resiliencia. Millones y millones de ejemplos tenemos a la vista: personas con alguna discapacidad, con problemas de consumo de sustancias, con endeudamiento extremo; la respuesta de las comunidades que se sobreponen a desastres naturales o más aún a los ataques terroristas, sin dejar de mencionar la reciente experiencia que hemos vivido por la pandemia COVID - 19, que demostró la resiliencia de toda la humanidad.

Cada persona, cada familia y comunidad realizan esfuerzos para reconstruir sus vidas; sin embargo, la resiliencia es algo que debe aprenderse, para quedarse el menor tiempo posible atrapado en el sufrimiento, una vez que se ha vivido el duelo.

Ser resiliente no quiere decir que las personas no tengan problemas o no experimenten dolor, miedo o angustia; las emociones son parte de la naturaleza humana; sin embargo, debemos salir de esa experiencia lo más rápido que sea posible, a veces acompañados de un terapeuta, otras de un buen libro, cursos, talleres o con actividades personales o espirituales y ello requiere determinación.

La resiliencia incluye conductas, pensamientos y acciones que pueden ser aprendidas y desarrolladas por cualquier persona.

La resiliencia es una fortaleza que se aprende, es un proceso que requiere compromiso, tiempo y demanda de la iniciativa de cada persona por lo que es importante seguir un proceso.

Diez consejos para desarrollar resiliencia en la vida (2)

Construye y mantén una red de apoyo
Mejora y amplía tus relaciones con familiares cercanos, amistades y otras personas importantes en tu vida. Acepta ayuda y apoyo de personas que te quieren y escuchan.

Evita ver las crisis como obstáculos insuperables
No podemos evitar los acontecimientos externos que nos producen ansiedad y  tensión o incluso cambiar nuestra vida; pero sí podemos modificar la manera cómo los interpretamos y reaccionamos ante ellos. Tratemos de mirar más allá del presente y pensar que en el futuro las cosas mejorarán.

Es importante observar si existe alguna forma sutil en que te sientas mejor, mientras te enfrentas a las situaciones difíciles, ¡hazlo, no dudes!

Acepta que el cambio es parte de la vida
Es posible que como resultado de una situación adversa no te sea posible alcanzar ciertas metas. Aceptar las circunstancias que no puedes cambiar, enfócate en aquello que sí puedes modificar.

Muévete hacia tus metas
Desarrolla pequeñas metas realistas y se constante. Realiza acciones regularmente que te permitan moverte hacia tus metas, aunque te parezca pequeñas. En vez de enfocarse en tareas que parecen imposibles, pregúntate acerca de las cosas que puedes lograr hoy y que te ayudan a caminar en dirección hacia tus metas.

Lleva a cabo acciones decisivas
En situaciones adversas actúa de la mejor manera que te sea posible. Llevar a cabo acciones decisivas es mejor que ignorar los problemas y las tensiones y desear que desaparezcan.

Busca oportunidades para descubrirte a ti mismo
Muchas veces como resultado de la lucha contra la adversidad, las personas pueden aprender algo sobre sí mismas y sentir que han crecido de alguna forma a nivel personal. Muchas personas que han experimentado tragedias y situaciones difíciles, han expresado tener mejoría en el manejo de sus relaciones personales, un incremento en la fuerza personal aún cuando se sienten vulnerables, la sensación de que su autoestima ha mejorado, una espiritualidad más desarrollada y una mayor apreciación de la vida.

Cultiva una visión positiva de ti mismo
Desarrollar la confianza en las propias  capacidades para resolver problemas y aprender a confiar ayuda a construir la resiliencia.

Mantén las cosas en perspectiva
Aún cuando te enfrentes a eventos muy dolorosos, trata de considerar la situación que te causa tensión en un contexto más amplio y mantén una perspectiva a largo plazo. Evita agrandar el evento fuera de su proporción.

Nunca pierda la esperanza
Tener la certeza de que vas a resolver la situación que se te presenta, y si no sabes cómo resolverlo, será importante aprender a pedir la ayuda hasta conseguirlo, eso es  esperanza.

Una visión optimista te permite hacer que ocurran cosas buenas en tu vida. Trata de visualizar lo que quieres en vez de preocuparte por lo que temes.

Cuida de sí mismo
Presta atención a tus necesidades y deseos. Interésate en actividades que disfrutes y encuentres relajantes. Ejercítate regularmente. Cuidar de ti mismo, te ayudará a mantener tu mente y cuerpo listos para enfrentarse a situaciones que requieren resiliencia.

Algunas formas adicionales de fortalecer la resiliencia te podrían ser de ayuda. Por ejemplo, algunas personas escriben sobre sus pensamientos y sentimientos más profundos relacionados con la experiencia traumática u otros eventos estresantes en sus vidas.

Considera también que la meditación y las prácticas espirituales ayudan a algunas personas a establecer relaciones y restaurar su esperanza.

Recuerda que ser resiliente es una capacidad que se puede aprender y desarrollar.

¿Qué acciones concretas puedes realizar que podrían ayudarte a construir una estrategia personal para desarrollar tu resiliencia?

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Referencias:
(1)  Boris Cyrulnik. Psicoecología. El entorno y las estaciones del alma.
(2) Asociación Mexicana de Psicología.

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