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OPINIÓN

Perdón y gratitud, aprendamos a caminar ligeros

Identifiquemos los remordimientos, las culpas y cargas que bloquean la alegría de vivir

Mary Paz Herrera

Especialista en emprendimiento y desarrollo de negocios con 29 años de experiencia en capacitación y consultoría empresarial. Fundadora y CEO de Soy Emprendedora AC. Cuenta con su propia firma Graten Instituto de Bienestar y Negocio. Coautora del libro Tu Mejor Yo Posible. 

Domingo, Marzo 31, 2024

El perdón y la gratitud, sin duda, son las sandalias que debemos calzar todos los días para hacer nuestro viaje más cómodo, ligero y disfrutar la alegría de vivir.

En esta entrega compartiremos sobre el tema del perdón.

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El perdón es una capacidad, al tiempo de ser una decisión que “nos lleva a sanar la tristeza que habita en nuestro corazón, es la llave de la paz, restablece la armonía en nuestras vidas y es la puerta a la libertad”, así lo refiere Rosita Argentina en su libro Saber Perdonar.

Si bien es cierto que a lo largo de la experiencia humana vamos experimentando situaciones difíciles y complejas que nos dejan una  huella profunda de dolor en nuestro corazón, que pueden experimentarse a través de emociones aflictivas como el enojo, rabia, frustración, odio; incluso deseo de venganza; lo interesante es que si vamos descubriendo lo que se haya en el fondo, como ir pelando una cebolla,  encontraremos que  la  verdadera  emoción, que puede ser tristeza,  desolación, o incluso miedo; todo ello derivado  de la gran decepción que pudo haberse producido por alguna circunstancia determinada como abandono,  violencia, despojo, humillación o traición.

Toda la humanidad ha experimentado a lo largo de la vida diversas huellas; lo complejo es que habitan en nosotros, que de no trabajarlas las llevamos consigo durante toda la vida, incluso se habla de que en el lecho de muerte, muchas personas piden perdón o perdonan. Vivimos sin darnos cuenta que las emociones de enojo y odio son como una gran bolsa de basura que llevamos a cuestas que nos impide vivir en plenitud.

Claves para aprender a perdonar

Aprender a perdonarnos a nosotros mismos, por lo que hicimos, o dejamos de hacer, por ser tolerantes, permisivos y no poner límites y hablar con claridad; por no saber decir no, por consiguiente, por cambiar aceptación por humillación y maltrato; por dejar pasar, por no defender una posición por miedo al rechazo.

Aprender a perdonarnos, cuando nosotros hemos sido los agresores y hemos causado daño a otros, consciente o inconsciente. Es de sabios reconocer que nos hemos equivocado y de valientes el saber pedir perdón. Consideremos que nunca es tarde para acercarnos y pedir perdón o una disculpa, ¿qué se necesita?  Humildad, sabernos que somos seres imperfectos y podemos cometer errores y desde ese lugar saber reconocer qué podemos fallar, perder el miedo al rechazo y proceder a pedir perdón.

Validar las propias emociones derivadas de las experiencias que se han tenido, y no sentir culpa por ello, no avergonzarse.

Tomar la decisión de perdonar, saber que el no perdonar nos causa un gran daño y en palabras del Dalai Lama, sentir odio o animadversión es el veneno que uno mismo se toma, pensando que le hará daño a la otra persona.

Tener la actitud adecuada, reconocer que nuestras percepciones son las que nos llevan a tener cierta predisposición ante las circunstancias, a partir de nuestras creencias y experiencia de vida, por lo tanto, somos los responsables de nuestras emociones.

Tener la certeza que el perdón es un camino personal, que atreviéndose a cruzarlo nos llevará a experimentar el desapego al dolor, amor propio, paz, alivio, confianza, alegría y apertura del corazón, y tener la claridad de estar haciendo lo correcto.

Barreras que impiden perdonar:

  • Querer perdonar demasiado rápido.
  • Querer tener ganancia secundaria y tener los beneficios de mostrarse como víctima.
  • Tener más poder y dominio.
  • Hacer que los otros se sientan culpables.
  • Para afirmar que nosotros tenemos la razón.
  • Para no mostrar nuestros sentimientos.
  • Para hacernos víctimas y evitar la responsabilidad.

A continuación, un ejercicio de exploración sobre el perdón:

  • ¿Qué ideas tengo sobre el perdón, donde las aprendí?
  • ¿En mi corazón existen resentimientos?
  • ¿Frecuentemente converso sobre alguna historia dolorosa?
  • ¿He lastimado a una persona y me siento con culpa?
  • ¿Creo que es tiempo de sanar viejas heridas?
  • ¿Debo aprender a perdonarme?

Las reflexiones que realices alrededor de estas preguntas es posible que te lleven a empezar a ver el perdón como una forma de ser y caminar.

El perdón, sin duda es un regalo para un corazón valiente, dispuesto a recuperar su paz y alegría.

Elige vivir positivaMENTE

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