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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La última y nos vamos

Ante la tristeza del cielo nocturno, la vía láctea se alimentó de tres nuevas constelaciones

Ignacio Esquivel Valdez

Ingeniero en computación UNAM. Aficionado a la naturaleza, el campo, la observación del cielo nocturno y la música. Escribe relatos cortos de ciencia ficción, insólitos, infantiles y tradicionalistas

Domingo, Agosto 28, 2022

El tlacuache llegó al lugar de la cita con las hojas de elote que le habían pedido. El sitio era un maguey solitario en medio de un llano. En su espera miró el cielo nocturno y se dio cuenta que las estrellas ya no brillaban como solían hacerlo, le pareció que el cielo estaba triste.

Concentrado en la bóveda celeste, no dio cuenta del bromista cacomixtle.

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─¡Buuuuuuu! Jajajajajaja.
─¡Aaaaaay! ─gritó el tlacuache entre asustado y enojado.
─¡Ya llegué!
─Sí, me di cuenta.
─No se amuine compita, ya no debe tardar un invitado ─dijo el cacomixtle mientras volteaba a todos lados buscando a alguien y le gritó ─¡Armaaaaa!

Un bulto en el suelo comenzó a moverse. El tlacuache y el cacomixtle dieron un salto hacia atrás y el bulto se desenrolló, era un armadillo quien sonriendo saludó con la mano.

─¡Hola compita! Qué bueno que ya estás aquí  ─le dijo el cacomixtle y volteó hacia el tlacuache ─¿Trajiste lo que te pedí?
─Sí, aquí tienes. ¿Para qué es?
─Ya verás ─el cacomixtle tomó las hojas de elote, cortó, dobló y con ellos hizo unos vasos.
¿Qué es eso? ─preguntó el tlacuache.
─Mira, este es el último maguey del llano, antes lo raspaban y daba mucho aguamiel, pero lo abandonaron, el aguamiel se fermentó y nos dejaron un sabroso pulque que quise compartir con ustedes.

El cacomixtle trepó el maguey pidiendo hacer lo mismo a sus amigos, quitó un par de pencas y el delicioso néctar estuvo a la vista. El aroma hizo que el animalito se deleitara con el aire perfumado. Sirvió a sus amigos y los tres comenzaron a beber sentados en la misma planta. Al primer trago los tres externaron su deleite.

─¡Aaaaaah! Esto es el jugo del cielo ─exclamó el cacomixtle.
─La sangre de la vida ─dijo el tlacuache.
─Sí compita, está rebueno, dame otro traguito ─pidió el armadillo.

Luego de varias copas, con un tono nostalgia, el tlacuache comentó.

─En estos llanos había grandes magueyales, hilera tras hilera de las verdes matas que a diario daban el aguamiel, entonces había muchos otros animalitos como teporingos y techalotes, pero ya no hay nada de eso.

─¡Uy, compita! No se me ponga sentimental ─dijo el cacomixtle.
─Es que me da harta tristeza ya no verlos ─dijo el tlacuache mientras se le vidriaban los ojos al armadillo que en tono de consolación le dijo.
Pos un brindis por ellos.¡Salú!
─Pero si tuviera enfrente a los que se llevaron los magueyes, seguro les rompería el alma

El tlacuache comenzó a dar puñetazos a una penca del maguey, mientras que el armadillo, algo mareado, con los ojos entrecerrados tiraba golpes en el aire.

¡Calma compadritos! ─dijo el cacomixtle mientras daba palmaditas al tlacuache en la espalda.
─¡Pero es que no se vale! Debieron ser esos mismos que nos corrían a palazos de sus casas ¡Hic! Diciendo: ¡una rata, una rata!
─A mí me decían que era un gato muuuy feo ¡Hic! ─repuso el cacomixtle.
─Bueno ─intervino el armadillo ─a mí, a mí ¡hic!─el armadillo hizo una pausa.
─¿A ti qué compadrito?
─A mí me confundían con una piedra, ¡jajajajajaja!
─Con cuerpo de piedra de río y cabeza de piedra pómez ¡jajajajaja! ─dijo el cacomixtle mientras el tlacuache escupía el pulque sobre sus compañeros por no poder contener la carcajada.

Luego de reír, los tres se quedaron recostados boca arriba sintiendo un gran cansancio y sensación de bienestar. Luego de un silencio el tlacuache dijo arrastrando la lengua.

─Creo que esta buena borrachera compensa el hecho de que nos hayamos quedados como el maguey, solitos en el llano, ya no hay más que nosotros, seremos los últimos que vivan aquí; los sembradíos y los fraccionamientos han acabado con nuestro hogar, los herbicidas nos envenenan y el pavimento tapa nuestras madrigueras.

Tras esta última declaración, los tres animalitos cerraron los ojos dispuestos a dormir la mona luego de haber vaciado el contenido del maguey, quien, sumado a su congoja, volvió a llenar su hueco con el néctar de los Dioses en tales cantidades que luego se desbordó y formó un caudal arrastrando a los tres pequeños por el llano y luego los depositó en un aparente mar de silencio y oscuridad.

Esa noche, solo aquellos quienes se rehúsan traer la cabeza gacha pudieron ver que la bóveda celeste de pronto adquirió un brillo especial. Colosos como el Citlaltépetl, el Iztaccíhuatl, el Popocatépetl o el Xinantécatl definieron majestuosas siluetas sobre el fondo de una refulgente vía láctea que había sido alimentada con la mágica blancura de los jugos del noble maguey y desde ese día tres nuevas constelaciones se sumaron al cielo nocturno: el cacomixtle, el armadillo y el tlacuache.

 

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