Todo indica que la alianza opositora en Puebla comenzó a naufragar. Los principales partidos que la integran (PRI y PRD) manifiestan sus sospechas respecto del compromiso de Acción Nacional asumido al respecto.
Pero más que compromiso se trata de un acto de (des)lealtad. No con los partidos, sino con la democracia electoral y con los electores que en mala(buena) hora confiaron en Acción Nacional y le entregaron su voto.
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No pierde el PAN, lo cual seria un buen escarmiento, porque de eso trata la democracia. Pierde el ciudadano en el desamparo político, pues sin oposición y sin partidos no hay democracia, y sin democracia no hay opciones de mejora.
El PAN fue el principal beneficiario en la elección pasada, con Eduardo Rivera a la cabeza, que en el acto lo catapultó en el político más visto y con mayor perspectiva de futuro.
La presidencia municipal de la capital es el segundo puesto más importante en Puebla. Se trata de una posición política y económica que compite incluso con el jefe del Ejecutivo estatal.
Tiene un presupuesto anual cercano a los seis mil millones de pesos, un grupo de seis diputados locales y cuatro federales en su demarcación, que le permiten hacer política local y nacional a lo grande.
Amén de los reflectores de los principales medios de comunicación asentados en la entidad y de las corresponsalías nacionales. El ayuntamiento es una vitrina inevitable, que aún no queriéndolo, es visto.
Sea quién sea, la figura del presidente imanta sobre la población de varios municipios aledaños a la capital, que incluye a las Cholulas, Atlixco, Tepeaca, San Martín Texmelucan.
Una población que concentra el sesenta por ciento del electorado, y que por sí misma otorga y quita triunfo, frente al resto de la entidad del cuarenta por ciento.
Hasta ahora todos los que han pasado por ese puesto en automático se convierten en aspirantes naturales a la gubernatura. Rivera Pérez estuvo por unos meses en esa tesitura, y concitó el apoyo de muchas fuerzas políticas.
Yo mismo lo ponderé por acá en varias ocasiones por la sencilla razón de que sin oposición no hay contrapesos, y sin contrapesos políticos se arriba a los escenarios más infaustos.
Sin embargo, los primeros cuchillos se columbraron dentro de su propio partido, no en la casa de enfrente. En ella, me parece, fue resguardado. Pero no se puede dejar todo a la buena voluntad de los demás.
De pronto, como surgidos de la nada, o de lo más espeso de la noche, han aparecido intereses superiores a las fuerzas del alcalde, que lo doblan. Y lo aquietan.
También es cierto que no todos los que han pasado por la alcaldía capitalina han conseguido el puesto de gobernador.
El camino es sinuoso y está lleno de obstáculos; todos difícil de sortear. Incluso para una mujer tan dotada como lo fue Blanca Alcalá. La excepción fue el priista Gali Fayad (o como sea el nombre).
Aunque en su caso, más que la habilidad de su persona fue el papel de lugarteniente que le asignó el finado Rafael Moreno Valle. Él solamente actuó en consecuencia. El gobierno más mediocre de cuantos han transitado por ahí.
Para ese propósito se quebró el estado de derecho con la complicidad manifiesta del PAN representado en el Congreso. Un acontecimiento negro sobre el que ese partido no ha ofrecido una explicación, acompañada de una disculpa pública.
Hay que decir en este punto que no obstante el encono del malestar ciudadano en contra del gobierno anterior, de la ayudadota del gobierno del estado con el fin de rescatar la ciudad de la incompetencia, de todos modos, Acción Nacional no habría ganado la elección sin los votos de los partidos aliados, y Eduardo Rivera no sería alcalde de la ciudad más importante.
Pero he aquí que de pronto el alcalde capitalino rindió la plaza antes de los primeros disparos abandonando a medio ejército en la línea de fuego electoral. Se dirá, desde esa posición de poder, que el PRI y el PRD más que un impulso es una rémora.
Es posible que sí, pero puestos en perspectiva, el PAN corre el riesgo de salir en un estado mucho más calamitoso que sus todavía compinches.
Sobre todo el mes entrante, cuando en los Estados Unidos empiece la audiencia de Genaro García Luna y revele, como se sospecha, que parte del dinero que recibió de los cárteles lo entregó más arriba.
Entonces el partido fundado por el gran Gómez Morin se hundirá en lo más hondo del pozo de las inmundicias.
Todo indica que, a menos de dos años de la elección, Rivera Pérez ya no será candidato a gobernador, y que incluso la misma reelección en la alcaldía se le complica cada día que pasa.
Quienes eventualmente serían sus contrincantes en la estatal, están años luz adelante de él. Esto es, en este momento para los aspirantes de Morena, el candidato a modo es Eduardo Rivera.
Entonces la salida que esas fuerzas superiores le han deparado es que se vaya de senador o de diputado federal. En el primer caso, aún perdiendo, gana; como primera minoría.
Hay que recordar que si alguna contribución hizo al desarrollo de la democracia local Moreno Valle, fue que arrinconó a los miembros de El Yunque hasta prácticamente desaparecerlos de los negocios al amparo de la administración pública.
Todo indica que están de vuelta decidiendo en las filas de Acción Nacional, y ese partido ha retornado a su papel, de brazo político de los intereses más oscuros de una derecha cavernaria.