“Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”: Benito Juárez
Cuántas veces México ha enfrentado intereses extranjeros o de aquellos que se dicen de México, que no mexicanos, a lo largo de nuestra historia independiente, mismas que buscan que nuestra soberanía sea un mendrugo y sin claridad de libertad, mucho menos en una democracia en permanente construcción.
Más artículos del autor
“Patria, patria de lágrimas, mi patria”: Guillermo Prieto
Desde la más relevante de las invasiones norteamericanas en México (1846-1848), cuya nación y poder económico se inspira en su Destino Manifiesto y Doctrina Monroe para imponer sus intereses a la fecha. En cuanto a la intervención francesa en México (1861-1867), merece resaltar un hecho que marca y nos permite ir reflexionando que dichos intereses extranjeros, cuentan con complicidad de una élite económica y política, hasta clerical, para acoplarse y lograr tener predominio sobre nuestra soberanía nacional.
Recordemos que Estados Unidos se encontraba en una guerra civil entre norteños y sureños, por cuestiones económicas, políticas y racistas, punto que independientemente de la deuda mexicana contraída años anteriores a la presidencia de Benito Juárez. Inglaterra, España y Francia reclamaban el pago de la misma. La diplomacia mexicana logró un acuerdo en el que Inglaterra y España aceptaron, no así el imperio de Napoléon II, quien su sueño de expansión mundial y aprovechar la guerra civil gringa, pensó ser el tapón político contra los gringos.
Napoleón III consideró como adecuado para asumir la corona de la monarquía mexicana al archiduque de Habsburgo, Maximiliano de Austria, quien secundaría a Napoleón quien creía tener la razón o que simplemente usara su poder e influencia para imponer sus deseos o ideales, bien sea porque pensaba que sus ideas eran las mejores para sus pueblos o simplemente por ansias de poder y conveniencia.
Por lo cual, Napoleón III diseñó un llamado Tratado de Miramar. aprovechando la situación que se le presentaba al gobierno liberal de Benito Juárez, al no poder hacer frente a los compromisos adquiridos con Inglaterra, España y Francia, invadió en una fuerza militar tripartita el territorio mexicano, y logró colocar una fuerza militar considerable en una posición ventajosa y justificada por una deuda.
Fue, por decirlo así, la manera legal de intervenir en México, mantener sus tropas en territorio mexicano, y al mismo tiempo expandir el poder francés mediante el involucramiento del archiduque Maximiliano, para que apoyara sus planes; de hecho, lo presionó para que aceptara la responsabilidad de la corona ofrecida a éste por una facción del poder político de México.
En el Tratado de Miramar, participó una comisión de conservadores mexicanos enviados por la llamada Asamblea de Notables. Su misión era convencer al archiduque de Austria, Fernando Maximiliano para que aceptara el trono de México, de esa forma los conservadores mexicanos “volvían al poder” y según ellos “sería lo mejor para su país”, es decir, volver a la monarquía. Dentro del grupo de representantes del poder conservador mexicano figuran Miguel Miramón y José María Gutiérrez de Estrada. También estuvo respaldando este tratado la jerarquía eclesiástica católica, quienes siempre apoyaron la monarquía absolutista europea.
Claro, los mexicanos oficialmente no fueron firmantes del Tratado de Miramar, pero para poder firmarse éste, primero Maximiliano tenía que aceptar el trono de México de parte de los “representantes del pueblo mexicano”. De modo que al aceptarlo, el 10 de abril de 1864 se firma por el representante de Napoleón III, a saber Carlos Herbert, y el representante de Maximiliano, a saber, Joaquín Velázquez de León, el tratado que constaba de 21 artículos, donde 3 eran de carácter secreto.
Al final de cuentas, la Francia imperial y los conservadores civiles y clericales fueron derrotados y fusilado Maximiliano.
“El principio de no intervención es una de las primeras obligaciones de los gobiernos, es el respeto debido a la libertad de los pueblos y a los derechos de las naciones”: Benito Juárez
La ocupación norteamericana del Puerto de Veracruz se efectuó el 21 de abril de 1914, llevada a cabo por el Contraalmirante Fletcher, por órdenes del gobierno norteamericano para evitar el arribo del buque alemán "Ypiranga", que transportaba armamento destinado al gobierno de Victoriano Huerta.
Podemos decir que hasta este momento histórico, México ya no padeció invasiones o intervenciones militares extranjeras. Sin embargo, como para ir dando un panorama del comportamiento y perfil de la oligarquía y cleptocracia en nuestro país, en febrero de 1924, Robert Lansing, exsecretario de Estado de Estados Unidos, escribió una carta, dirigida a William Randolph Hearst en relación a la campaña de su cadena de periódicos para poner en la presidencia de México a un estadounidense y terminar con la Revolución Mexicana que amenazaba los intereses de las grandes corporaciones norteamericanas, principalmente petroleras.
"México es un país extraordinariamente fácil de dominar porque basta con controlar a un solo hombre: el presidente", escribe Lansing y congruentemente aconseja:
Tenemos que abandonar la idea de poner en la Presidencia mexicana a un ciudadano americano, ya que eso conduciría otra vez a la guerra. La solución necesita de más tiempo: debemos abrirle a los jóvenes mexicanos ambiciosos las puertas de nuestras universidades y hacer el esfuerzo de educarlos en el modo de vida americano, en nuestros valores y en el respeto del liderazgo de Estados Unidos. México necesitará administradores competentes y con el tiempo, esos jóvenes llegarán a ocupar cargos importantes y eventualmente se adueñaran de la misma Presidencia. Y sin necesidad de que Estados Unidos gaste un centavo o dispare un tiro, harán lo que queramos, y lo harán mejor y más radicalmente que lo que nosotros mismos podríamos haberlo hecho”.
El tiempo le da la razón, porque dichos instrumentos acatan tal objetivo, sobre todo con la imposición del neoliberalismo y sus tecnócratas desde Miguel de la Madrid a Enrique Peña Nieto. Seis sexenios que se encargaron de ser pirañas del imperio o imperios, como el FMI, Banco Mundial y otros más, que gracias a Salinas y sus “reformas”, cobran fortaleza con Calderón y Peña Nieto en sus “reformas estructurales”, y con ello las puertas de la soberanía son violadas al servicio del capital extranjero y buitres nacionales en materia energética.
Con el fin de enlazar ese proceso de mezquindad con la que actúan los apátridas, tenemos una excelente película La Rosa Blanca dirigida por Roberto Gavaldón, que se basa en el escrito de Bruno Traven. La historia se desarrolla en el contexto de la expropiación petrolera en México. La Rosa Blanca es una hacienda dedicada al cultivo del mango y tabaco, así como a la fabricación de aguardiente en el estado de Veracruz. Debido a la fiebre del oro negro y a su ubicación, el terreno de la Rosa Blanca es especialmente atractivo para los grandes magnates estadounidenses que dirigen enormes compañías petroleras como la Condor Oil Company. Así pues, la película gira en torno a la historia de don Yáñez, su familia y los campesinos que emplean, quienes desafortunadamente son despojados de sus tierras y su calidad de vida comenzará a ir en detrimento. Esto continuará hasta 1938, cuando Lázaro Cárdenas decreta la expropiación petrolera.
En la película se ejemplifica la figura de Estados Unidos a través de los grandes magnates petroleros que viven rodeados de lujos a costa de la explotación laboral en la que tienen a sus trabajadores en los yacimientos petroleros de México. Tenemos al señor Kollenz, director de la Condor Oil Company, decidido a adquirir las tierras de la Rosa Blanca por cualquier medio. La película apela al nacionalismo mexicano a través del repudio de las grandes potencias europeas y del vecino del norte. En ella podemos observar cómo las grandes compañías petroleras llegan y hacen sus destrozos, dejan a los campesinos en una situación precaria, los condenan a situaciones de trabajo lamentables y poco es lo que reciben a cambio (pequeños salarios); incluso los obligan a pagar una cuota de inscripción para que puedan ser trabajadores.
Recordemos los antecedentes inmediatos de la expropiación petrolera. ¿Por qué tuvo lugar? Según Lorenzo Meyer, Lázaro Cárdenas ya tenía en mente la consolidación de la soberanía nacional a través de la mexicanización de la industria petrolera en México; sin embargo era imposible unificar y consolidar los intereses del país con los de las compañías extranjeras. Además, el problema de los trabajadores petroleros no era ninguna novedad, ya que desde 1935 se había constituido el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), que tendría dentro de sus objetivos la mejora del salario para los trabajadores petroleros. La propuesta sería rechazada por las compañías en repetidas ocasiones, hasta que la Suprema Corte de Justicia de la Nación fallara en favor de los trabajadores, aún así los magnates petroleros se negarían a cumplir sus obligaciones con el Estado mexicano. Debido al constante rechazo de las demandas gubernamentales por las empresas extranjeras, se tenía menos margen de maniobra para la colaboración entre el Estado y dichas empresas. Consecuentemente, el presidente Cárdenas no tuvo otra alternativa que la de expropiar definitivamente la industria petrolera; de acuerdo con Lorenzo Meyer, se logró expropiar a 16 empresas petroleras. Si bien declarar la expropiación petrolera tendría graves consecuencias económicas con el pago por indemnización, también es cierto que la nación mexicana vio con buenos ojos la independencia definitiva del país de las grandes potencias extranjeras y de su fiebre por el oro negro. El apoyo fue tan grande que incluso el Partido Liberal con sede en California envió remesas para solventar el pago de indemnización.
Ponderando, “mantenerse unidos” como menciona Domingo en La Rosa Blanca, luchar contra una causa en común que en diferentes medidas afectaba a los distintos sectores de la población y el discurso nacionalista de Cárdenas, fueron factores clave para consolidar la industria petrolera en México y terminar con los abusos en el país, como bien se expone en la película.
La rosa blanca (1961). Dirección: Roberto Gavaldón, Guión: Emilio Carballido, Fotografía: Gabriel Figueroa, Música: Raúl Lavista, 104 minutos.
“Rellenamos el cráter de las bombas
Y de nuevo sembramos
Y de nuevo cantamos
Porque jamás la vida se declara vencida”.
Poema anónimo vietnamita
Rosa Blanca fue prohibida distribución en 1962, por instrucciones del entonces secretario de Gobernación, Gustavo Díaz Ordaz.
Actualmente el gobierno de la República enfrenta diversos frentes de batalla legales y de presiones de la oligarquía y cleptocracia, del clero retrógada, en unidades fácticas que se expresan a través de medios de comunicación y orgánicos, para sembrar narrativas discursivas cargadas de mitomanías, rumores y chismes, además de apelativos de baja calaña en cada aplicación de obra pública. No están solos, porque recurren a “denunciar” al gobierno ante instancias extranjeras, ya sea a la OEA, al Departamento de Estado norteamericano, a congresistas gringos, a la ONU, con el fin de acusar que el gobierno es represor, de que viola derechos, de que está en contra del desarrollo energético, y un largo etcétera.
En estos días, estos oligarcas que se han beneficiado de la Reforma Eléctrica y Energética, apelaron y promovieron a capitales gringos como de Canadá, para interponer denuncia porque México viola el T-MEC.
En el caso de Iberdrola, el gobierno mexicano lo denunció por violar sus actividades de distribución de electricidad, sometiéndola por medio de la CRE, quien le impuso una multa de más de 9,145 millones de pesos (unos 466.43 millones de dólares) a una subsidiaria de la española Iberdrola por considerar que violó un permiso de generación de energía eléctrica de autoabasto vendiéndola a sus socios.
La respuesta inmediata del poder empresarial no se hizo esperar, porque el juez Juan Pablo Gómez Fierro concedió este lunes la suspensión definitiva en contra de la política de la Secretaría de Energía (Sener) que obliga comprar gas a Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE).
Tras esta situación el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) dijo que el juez Gómez Fierro está siendo investigado, porque no es la primera vez que el juzgador ha estado involucrado en suspensiones de proyectos de la actual administración.
Como se ve, si ya no hay intervenciones militares extranjeras, Robert Lansing sigue presente entre los nuevos instrumentos de los poderes oligárquicos y cleptócratas que su tecnocracia los impulsa a mantener dichos ideales apátridas.
Fuentes
García Cantú, Gastón. Las invasiones norteamericanas en México. Ed. Era. México, 1975
A. Belenkin. La intervención francesa en México (1861.1867) Ediciones Quinto Sol. México, 1986
Meyer, Lorenzo. La marca del nacionalismo. Historia de sus relaciones exteriores, T. VI. México, El Colegio de México, 2010. Capítulo: La culminación del nacionalismo revolucionario (1937-1940)
Meyer, Lorenzo. México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917.1942). El Colegio de México, 1981
Pérez, Ana L. Pemex Rip. Ed. Grijalbo. México, 2018
Scherer García, Julio. Salinas y su imperio. Ed Océano. México, 1977
Reflexiones de la película La Rosa Blanca
https://isaacmxblog.wordpress.com/2016/02/25/reflexiones-de-la-pelicula-la-rosa-blanca/