Hacia finales de abril el gran Jacques Atali escribió un ensayo sobre mañana con el título de La sociedad de la vida, que se encuentra traducido al español. Está referido a Francia, pero el balance nos toca de muchos modos. Tiene que ver con amenazas fatales que se ciernen sobre la humanidad entera: ¿De qué puede morir la comunidad a la que pertenecemos? El autor habla de comunidades, pero podemos reducirla a la comunidad humana que es única, apenas diferenciada por algunas características culturales. El autor encuentra siete amenazas que pueden acabar con los humanos. Veamos textualmente.
1. Una crisis climática: no es un riesgo, es una certeza. Dentro de tres años, la humanidad habrá alcanzado un punto de no retorno y ya no podrá controlar la dinámica de la evolución de la temperatura del planeta. Y lo mismo ocurrirá pronto con un gran número de otras dimensiones de la vida, cuyas condiciones específicas de existencia hoy se cuestionan ampliamente. Por lo tanto, es vital que todos los líderes del mundo tomen, por separado y en conjunto, iniciativas importantes, radicales y revolucionarias para garantizar que nuestro planeta siga siendo habitable dentro de treinta años.
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2. Una hambruna mundial: tampoco en este caso se trata de una catástrofe posible, sino de una catástrofe anunciada, que ya comenzó en algunas regiones de África y Asia, y que se ha agravado recientemente, en particular por la guerra de Ucrania que, sea cual sea el destino de las armas, privará al planeta de una parte muy importante de sus alimentos y de su abono durante al menos dos años. Si no se hace nada, esta hambruna provocará la muerte de millones de personas en todos los continentes y causará enormes movimientos de población que ninguna barrera populista podrá frenar si no tomamos la iniciativa de ayudar a esas poblaciones a conseguir los medios autónomos para alimentarse.
3. Escasez de materias primas estratégicas: ciertas materias primas (como el grafito, el litio, el titanio, el níquel, el cobalto, el manganeso y los imanes) son cada vez más escasas; se consumen cada vez más y son especialmente vitales para las industrias del futuro. Por ejemplo, las baterías (en las que se basan algunas de las esperanzas de controlar el cambio climático) y las turbinas eólicas dependen de materiales que sólo están disponibles en grandes cantidades en uno o dos países con un comportamiento tan imprevisible como China (para los imanes) y Rusia (para el titanio), y para los que actualmente no existe una solución alternativa: ¿qué ocurrirá entonces cuando una gran parte de las cadenas de producción de baterías, computadoras, páneles solares, turbinas eólicas y vehículos de todo tipo se interrumpa en todo el mundo por un bloqueo de este tipo?, ¿qué estamos haciendo para prepararnos, para romper esta dependencia mortal?
4. Una guerra nuclear con Rusia: el conflicto actual, atroz y monstruoso en el que un ejército deporta, tortura, viola, mata y niega la existencia misma de un pueblo hermano y vecino, probablemente sólo acaba de empezar. A medida que se intensifica, podría llevar a las democracias a apoyar cada vez más a este pueblo martirizado, no sólo mediante el suministro de armas, sino también implicándose cada vez más claramente en el conflicto. Sobre todo si, dentro de unas semanas, se agrava por el uso, por parte de Rusia, de armas químicas en territorio ucraniano, o por el bombardeo de plantas químicas o nucleares, o incluso por el uso de bombas nucleares tácticas o estratégicas. Es perfectamente probable que ocurra un escenario así, por descabellado que sea, justo antes o después del 9 de mayo, aniversario de la victoria del Ejército Rojo sobre los ejércitos de Hitler. En particular, se podría temer que, a medida que la victoria en Ucrania quede fuera de alcance, Rusia decida ampliar el campo de batalla a algunos países vecinos en Europa. Y eso sería la Tercera Guerra Mundial; la verdadera primera guerra termonuclear. La humanidad no sobreviviría. ¿Qué hacer para evitarlo? ¿Permanecer inmóviles? ¿Acelerar aún más?
5. Una nueva pandemia mundial: ningún experto excluye (y algunos incluso lo consideran muy probable) que una nueva variante, de este virus o de otro, vuelva a atacar masivamente a la especie humana algún día. De hecho, el que aún nos ataca hoy está lejos de ser derrotado. ¿Estaremos preparados para hacer el mejor uso de la ciencia para protegernos de un nuevo tsunami epidémico? ¿Seremos capaces de defendernos uniéndonos y preservando la democracia, allí donde exista?
6. Una crisis financiera global: Desde hace quince años no hemos resuelto ninguna crisis ni económica ni social ni financiera ni sanitaria ni ecológica: sólo hemos aumentado la carga de los gastos necesarios para mantener nuestras sociedades en funcionamiento, haciendo rodar ante nosotros una bola de deudas cada vez mayor. Las consecuencias son previsibles desde hace mucho tiempo: el retorno de una gran inflación, agravada por los acontecimientos precedentes; deudas, tanto públicas como privadas, cada vez más grandes, que deben soportar intereses cada vez más elevados hasta volver insolventes a las naciones, ciudades, empresas y hogares más endeudados. Entonces tendremos que cerrar escuelas y hospitales, e interrumpir programas esenciales para combatir el calentamiento global. ¿Quién quiere esto? ¿Qué estamos haciendo para prepararnos o, mejor aún, para evitarlo?
7. Entonces, podría surgir una crisis política global: cuando nos demos cuenta de la incapacidad de los líderes para controlar los problemas, para salvar el mundo. Los líderes serían barridos; comenzaría un período muy oscuro. De nuevo, ¿qué se está haciendo para mejorar la gobernanza mundial antes de que comience esta crisis?
¿Y la democracia? El autor es muy categórico en aclarar que, de materializarse las crisis anunciadas, la democracia será la primera perjudicada por la demanda de protección, autonomía, aislamiento, autoridad y consideraciones de las amenazas de largo plazo que ningún gobierno democrático actual puede asumir sin poner en duda su propia esencia. Menciona los países de Polonia, Hungría India, cuyas democracias están cayendo en lo que se ha llamado “iliberalismo”, antesala del autoritarismo.
¿Y el mercado? El mercado, dice, es la forma menos trágica de gestionar la escasez de bienes privados, y la democracia es la forma menos totalitaria de gestionar la escasez de bienes públicos.
Aquí el texto completo. https://legrandcontinent.eu/es/2022/04/26/la-sociedad-de-la-vida-como-concepto-estrategico/
Chayo News
En carta dirigida al director del ISSSTE, se lee: “soy una persona de 90 años, con problemas agudos de salud: ya no veo, camino con dificultad, sufro del corazón, no tengo mujer, familia ni perro; no me quejo, es el costo de la vida larga. Le cuento esto porque hasta en un par de veces he hecho esfuerzos sobrehumanos y me he presentado en la oficina de Vigencia de Derechos, con la finalidad de que se me reconozcan mis servicios prestados al gobierno del Estado en varios periodos de gobierno pasados, pues sólo así se puede entender de una persona que está por alcanzar el siglo de vida. Que mis servicios los haya ofrecido en gobiernos anteriores, de otros partidos e ideologías, no es motivo fundado, o no debe serlo, para que reiteradamente se me niegue el pago de la devolución mis aportaciones al servicio de la seguridad social de la entidad, en el entendido de mi derecho como exfuncionario y como viejo asistido por la legislación vigente e incluso los derechos humanos. Aprovecho para reiterarle que demandar el cumplimiento de servicios no son achaques de vejez, como me han dejado entrever en la oficina de Vigencia de Derechos; es aplicación de derechos. Hay que empezar por honrar el nombre de la Oficina, señor director. Por lo demás, noto que hacen falta políticas y personal especializados en el buen trato a gente como yo”.