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OPINIÓN

¿Defender Escuelas de Tiempo Completo?

No defiendo el programa sino la exigencia de mejorar la educación y su impacto para cerrar brechas

José Guadalupe Sánchez Aviña

Doctor en Educación, Sistema Universitario Jesuita ademas de ser maestro en Investigación Educativa por la Ibero Puebla realizó su licenciatura en Sociología por la UNAM . Actualmente es Académico de Ibero Puebla

Jueves, Marzo 17, 2022

Derivado de mi colaboración de la semana pasada “Escuelas de Tiempo Completo continúa en Puebla”, recibí felicitaciones, muestras de coincidencia en opinión en el sentido de defender el Programa Escuelas de Tiempo Completo (PTEC), cual paladín de los “desamparados y sin voz”; esto me coloca en la necesidad de aclarar mi postura. En realidad, no defiendo el programa sino la exigencia de mejorar la educación, en general, y especialmente, de quienes asisten a ellas, así como su impacto en la reducción de brechas por factores socioeconómicos.

Aunque complicado, en estos tiempos en donde es mejor visto el seguir opiniones de iluminados, que tener una propia; tiempos en los cuales “si no estás conmigo, estás contra mí”, tengo que expresar que el hecho de que se mantenga o no el PETC es hasta irrelevante. Si quieren desaparecerlo, que lo hagan, siempre y cuando se atienda la evidente necesidad educativa de nuestra población, especialmente la de los menos favorecidos. Si gustan, que le pongan otro nombre, pero lo que no se puede negar es la relevancia que tiene para la población más pobre, los apoyos que representaba.

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Reviso posturas de diversas figuras del campo de la educación. Aún cuando, afortunadamente hay divergencias, una tendencia notoria es adoptar una defensa a priori del PETC, fincada en aspectos no precisamente educativos; acepto y coincido en la existencia de las necesidades atenuadas con este programa. Defenderlo por el alimento proporcionado, así como por permitir que las madres trabajen no es lo suficientemente poderoso, por lo menos en términos pedagógicos; corriendo el riesgo de desvirtuar el potencial formativo, que representa para un segmento de la población. Punto y aparte es la necesidad de la evaluación seria del mismo.

La escuela, como espacio educativo, tiene sus propias complejidades para cumplir la tarea que le corresponde. De la misma forma que es absurdo, exigir al profesor, que sea especialista en todo, y encima, tome la función de padre y madre de familia de estudiantes, resulta cuestionable atribuirle funciones a la escuela para los cuales no está diseñada y que, de alguna manera, distraen de su objetivo esencial. Insisto, imposible negar o estar en contra de beneficios como proporcionar alimento a los estudiantes o liberar de la carga a padres y madres de familia para que puedan trabajar; sin embargo, su atención debe ser integral, involucrando a otras instancias, como el DIF (tal vez) y permitir que la escuela y su comunidad se concentren en atender esas terribles brechas de aprendizaje con origen socioeconómico.

De lo ideológico y político en este momento, mejor no hablo. Me resulta triste el escuchar foros en donde cada quien busca iluminar a los ignorantes, desde su propia luz. Antes de condenar o aplaudir una decisión como la que aquí nos ocupa, debemos documentarnos, cuidándonos de los autoproclamados poseedores de la verdad. Cuidado con aquellos que vitorean o censuran; hoy la desaparición del PETC o cualquier otra acción de gobierno, sea cual sea, evidenciando un interés ajeno a lo que en su momento defienden o atacan.

Si bien la desaparición del Programa de Escuelas de Tiempo Completo es parte de un proceso paulatino que viene de tiempo atrás, el hecho representa la oportunidad para cerrar un ciclo y ajustar el rumbo. En el caso de Puebla, ya lo he dicho, se abre otra oportunidad coyuntural, histórica, para intentar cosas nuevas que contribuyan a modificar, en beneficio de la población, la dimensión estructural de la educación en la entidad.

Si es cierto lo que el gobierno local declaró, como lema y pretensión a su llegada: “Hacer historia. Hacer futuro”, la mesa está puesta, otra vez; por lo menos en educación, que ya sería bastante.

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