Norberto Bobbio lo escribió como una intuición: parece que no ha habido nunca una guerra entre dos democracias. No comprobó su idea ni señaló los mecanismos que la podrían explicar. Pero parece haber rasgos en las autocracias que las hacen más proclives a la guerra.
El principal, la concentración del poder en una persona. En las democracias, el primer mandatario tiene el gobierno, pero está lejos de tener todo el poder. De eso se trata: de un sistema de balances y contrapesos que eviten la concentración de las decisiones en dos manos.
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En las democracias es más difícil manipular la opinión pública. Un indicador del grado de democraticidad es precisamente qué tan autónoma es la opinión pública, qué tan libre es la prensa, qué tanto son vigentes la libertad de pensamiento y de expresión.
Por el contrario, la concentración del poder en las autocracias permite un mayor grado de manipulación de la información. Los medios de comunicación son controlados por el Estado. Más que una opinión pública, existe una verdad decretada desde los organismos estatales.
La guerra, “un monstruo grande, que pisa fuerte” es uno de los mayores males de la sociedad. Quizá el mal mayor, el que más sufrimiento genera. En una sociedad donde la capacidad de decidir está dividida, donde la sociedad es capaz de expresarse, la guerra es menos probable.
Por el contrario, si las decisiones dependen de una persona, y ésta tiene la capacidad de influir de manera decisiva en la opinión de los ciudadanos, la posibilidad de la guerra aumenta. Es más fácil generar la imagen del enemigo como algo perverso, que debe ser destruido. Es más fácil presentar la propia capacidad militar como imbatible, y a la del enemigo como débil. Es más fácil ahogar las voces que presentan otros datos y otros argumentos.
Lo anterior explica, en parte, que Estados Unidos no haya invadido Cuba. Ni Venezuela ni Nicaragua. Y que Rusia sí haya invadido Ucrania. Sorprenden que entre nosotros haya quienes justifican la invasión rusa. Sus argumentos pueden ser argumentos a favor de la invasión de países latinoamericanos por la potencia imperial de nuestro continente: que están en su intimidad geopolítica; que las ideologías en esos países son contrarias a la democracia; que han maltratado a la población que no simpatiza con ellos.
Ojalá que Trump no los escuche.