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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Solidaridad estudiantil: un valor a cultivar

El valor de la solidaridad vence el obstáculo de la indiferencia por lo que le sucede al otro

Guadalupe Grajales

Licenciada en Filosofía por la UAP con Maestría en Filosofía (UNAM) y Maestría en Ciencias del Lenguaje (UAP). Candidata a doctora en Filosofía (UNAM). Ha sido coordinadora del Colegio de Filosofía y el posgrado en Ciencias del Lenguaje (BUAP), donde se desempeña como docente. Es la primera mujer en asumir la Secretaría General de la BUAP.

Martes, Febrero 8, 2022

 

Este viernes 4 de febrero, los estudiantes de la Universidad de las Américas Puebla y de otras universidades marcharon para exigir a las autoridades estatales y federales que intervengan para resolver el problema que hasta la fecha les impide tomar clases presenciales en las instalaciones de la UDLAP.

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Esta es una situación en la que debemos considerar tanto derechos como valores. Los estudiantes de la UDLAP no sólo tienen derecho a la educación, sino que además han pagado por un servicio y el cierre de las instalaciones por parte de la policía estatal ha impedido que los estudiantes devenguen el derecho adquirido. ¿Hasta dónde una acción emprendida por los poderes Ejecutivo y Judicial puede anular el derecho adquirido por los estudiantes?

Ahora que las condiciones sanitarias permiten el regreso presencial a clases se vive con mayor crudeza esta supresión de los derechos adquiridos, pues desde marzo de 2020 estamos expuestos a los vaivenes de la pandemia y al control de quienes tienen la atribución de tomar decisiones, esto es, los poderes constituidos a nivel nacional, estatal e institucional.

Para nadie es un secreto que la falta de vida comunitaria favorece las medidas que no obedecen precisamente al consenso de aquellos sobre los que recaen las consecuencias de tales medidas. Lo hemos padecido una y otra vez con el postergado regreso a clases presenciales.

Yo veo esta marcha como el ejercicio de varios derechos: el derecho a exigir que se cumpla con el servicio contratado, el derecho al libre tránsito, el derecho a exigir a las autoridades que cumplan con su obligación de hacer respetar las leyes que nos rigen a todos los mexicanos, el derecho a la libre expresión, el derecho de asociación.

Y justo con este derecho de asociación es que surge este valor tan preciado de la solidaridad estudiantil. Lo vivimos en la gran marcha del 5 de marzo de 2020, a raíz del artero asesinato de tres estudiantes: uno de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y dos de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, y ahora lo revivimos con la marcha del viernes pasado. No importa si estudias en una universidad pública o privada, lo que te identifica como estudiante es el deseo de lograr la preparación necesaria para tener un modo de vida honesto y desarrollar tus cualidades personales para ser una persona de bien al servicio de tu comunidad.

Como estudiante deseas tener buenos docentes, buenas bibliotecas, el equipo necesario para adquirir los conocimientos teórico-metodológicos propios de la disciplina de tu elección, disfrutar de un ambiente de libertad y respeto en el curso de tus estudios.

Los derechos están establecidos en las normas, pero los valores se cultivan. Y el valor de la solidaridad vence el obstáculo de la indiferencia por lo que le sucede al otro. Cuando uno es solidario tiene esa empatía, esa capacidad de “ponerse en los zapatos del otro”, de entender sus razones como si fueran las nuestras y además nos mueve a la acción. Cuando uno es solidario no sólo comprende, sino que actúa de tal manera que nuestra acción vaya encaminada a solucionar el problema que aqueja al otro, con el que me solidarizo.

Cultivar el valor de la solidaridad no equivale al dicho de “hoy por mí, mañana por ti”, no es que estés dando algo a cambio de otro algo; el sentimiento de solidaridad no es utilitarista, no obedece a un cálculo de consecuencias o a un intercambio de bienes, es más bien el resultado de una reacción en contra de una situación que consideras injusta, inmerecida para quien la padece.

Esta reacción no es instintiva obviamente, muy bien podría suceder que frente a los atropellos sufridos por las personas que nos rodean nosotros no hiciéramos absolutamente nada; pero eso no es lo que esperamos de los miembros de una comunidad. Por esta razón, me parece tan importante constatar en nuestros estudiantes este interés por la suerte del otro, a esto equivale una educación humanista o humanizadora.

¿No les parece a ustedes de la mayor importancia cultivar en todos los ámbitos de lo humano el valor de la solidaridad? Ser solidario es poner en práctica nuestra capacidad de actuar como seres humanos. ¿Quién se reconocería en una persona egoísta?

 

 

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