La sucesión presidencial ya comenzó. De una manera poco ortodoxa, de acuerdo a la tradición política en México, fue el propio presidente Andrés Manuel López Obrador quien dio el banderazo de salida a tan complejo proceso de juego de poder.
Le levantó la mano a Sheinbaum, la trata como su protegida. Le dio a Marcelo Ebrard funciones de “todólogo”, no únicamente de Canciller. Lo mismo atiende la crisis de salud provocada por el Covid, que asiste a las múltiples reuniones internacionales en las que México participa y a las cuales no se presenta el Presidente. López Obrador le tiene entregada la relación bilateral con Estados Unidos, y eso no es poca cosa.
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El Presidente mismo mencionó a Tatiana Clouthier y a Juan Ramón de la Fuente. Pero su acción más decisiva fue el relevo en la Secretaría de Gobernación. Trajo a su paisano y amigo, a un hombre institucional y leal, que opera calladito sin hacer aspavientos, sin protagonismos que le causen problemas a su jefe. Es efectivo y guarda un bajo perfil, a pesar del gran poder que confiere dirigir esa secretaría.
No se ha enfrentado con nadie, no ha discutido por nada, no se ha peleado ni con Manuel Bartlett, con quien ya trae historia por las inundaciones en el estado de Tabasco. Más aún, llegó a Gobernación y ni siquiera hizo cambios de inmediato, dejó que todo siguiera operando con la misma gente y es hasta fechas recientes, que comienza a incorporar a personas de su confianza.
Su presencia constante en la Cámara de Diputados y las reuniones que está sosteniendo en privado con diputados y senadores, en lo que se lee como un cabildeo para que se apruebe la Reforma en el Sector Eléctrico, sin duda será decisiva para su futuro inmediato.
Si logra operar como acostumbra, con discreción y efectividad, y la reforma se aprueba desactivando a Ricardo Monreal, yo por lo menos no tengo duda, de que se convertirá en el rival más sólido para obtener la candidatura de Morena a la Presidencia de la República.
Porque Ebrard y Sheinbaum traen mucho equipaje y broncas, que van desde la tragedia de la Línea 12 hasta la carga de haber aparecido como los "favoritos”. Nunca resulta fácil iniciar, como en el caso de Marcelo Ebrard, un sexenio ya siendo señalado como el "delfín”. Y en el caso de Claudia Sheinbaum, ella es un copy-paste del Presidente, dice lo mismo que él, habla como él, repite su narrativa, habla de neoliberales, conservadores, mafia del poder, culpa al pasado por todo lo que debiera estar resolviendo, y eso, puede no verse muy bien en un amplio sector de la población que no simpatiza con la 4T, con el Presidente, ni con sus incondicionales.
Adán Augusto López Hernández claramente se está consolidando como el verdadero hombre del Presidente y como una carta fuerte, muy fuerte para la sucesión de 2024. Mientras tanto, muchos siguen sudando calenturas ajenas.
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