Miércoles, 20 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

En educación aprueban, en salud, mueren

La pandemia colocó al sistema educativo nacional en la misma balanza al del sistema de salud

José Guadalupe Sánchez Aviña

Doctor en Educación, Sistema Universitario Jesuita ademas de ser maestro en Investigación Educativa por la Ibero Puebla realizó su licenciatura en Sociología por la UNAM . Actualmente es Académico de Ibero Puebla

Viernes, Diciembre 10, 2021

Nos ha tocado vivir la contingencia sanitaria detonada por COVID-19 generada a partir del SARS-CoV-2; se nos obliga a reaccionar en medio de la incertidumbre; situación complicada la que se enfrenta, cuando la situación coyuntural, de la cual poco o nada se sabe, evidencia la precaria situación estructural, de la que poco o nada se sabe.

Atestiguamos los impactos que esta pandemia tiene en cada esfera de nuestras vidas; el más visible, por obvias razones, es su manifestación en el ámbito de la salud. Nuestros enfermos y muertos dan testimonio de su gravedad. Es con este dolor personal y social cuando notamos las severas carencias estructurales que sufre nuestro sistema de salud: tanto en personal profesional, como en infraestructura física y equipo o implementos; realidades que, de pasadita, exhiben una administración omisa y cómplice.

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Como la tercera consecuencia en aparecer, sí, la tercera y no la segunda, fue, lo que sucede en educación; y digo que fue la tercera en aparecer, ya que se derivó de la urgencia de la segunda: la económica. Lógico: primero comer y luego leer.

La contingencia que aún se vive colocó al sistema educativo nacional en la misma balanza y al parecer con resultados similares al del sistema de salud: carencias severas tanto en personal profesional, como en infraestructura física y equipo o implementos; realidad que, también aquí, exhiben una administración omisa y cómplice.

Tanto en educación como en salud la impronta fue: reaccionar lo más pronto posible; esperaría que un complemento de ésta, fuera aprender lo mejor y más rápido posible de esta emergencia. La esperanza de que la cruel coyuntura que nos somete, nos libere transformando la estructura, para nunca volver a las penurias educativas y sanitarias que este país, padece históricamente.

Van surgiendo indicios de cuáles eran las condiciones reales de ambos sistemas, previas a la contingencia, así como de las dimensiones de su impacto; aun así, hay que aceptar que la incertidumbre continúa siendo el marco en el que nos movemos. En el caso de educación, hay evidencias de esfuerzos pertinentes por ofrecer elementos de conocimiento para comprender y lo que sucede y reaccionar, tales como la Encuesta sobre los efectos del covid-19 en el bienestar de los hogares con niñas, niños y adolescentes en la Ciudad de México en covid-19 Cdmx

 

Es interesante que el pasado 6 de mes en curso, en la presentación de la publicación (Comunicado número 97) Indicadores nacionales de la mejora continua de la educación en México 2021 ​ a cargo de la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación (Mejoredu), se encuentren expresiones como “…la deserción escolar durante la pandemia en preescolar pudo deberse a…”

Nos falta mucho trabajo en cuanto la generación de conocimiento, para pretender respuestas, acorde a la complejidad de una situación como la que hoy atraviesa nuestro sistema educativo nacional. En educación, dada la naturaleza de los procesos educativos, las decisiones que se toman, para responder ante la contingencia no se manifiestan de inmediato ni tan evidentemente, como es el caso del sistema de salud; aunque no hay que perder de vista que, en salud, las reales dimensiones de las secuelas por COVID, aún están por determinarse, en educación se les puede aprobar, en salud, una persona muere.

Los procesos educativos, que implican la formación de personas, son procesos que se mueven a largo plazo; cualquier afectación que sufra nuestra educación, en dos años de contingencia, implicarán muchos más que dos para intentar recuperarlos. Siempre será más fácil y rápido, perder lo logrado, que recuperar lo perdido.

En educación, además de la necesidad de conocer el estado real del sistema nacional previo a la pandemia, y los impactos que experimentó por la emergencia del COVID, se debe poner atención a las consecuencias que el sistema educativo sufrirá, pospandemia; entendiendo que, como sistema, impactará a otros, tales como el laboral y el económico.

 

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