El mismo plato de cereal, la misma taza de té, el mismo huevo frito, la misma camisa, el mismo pantalón, el baño por obligación, el mismo dinero contado en el pantalón; el rostro un poco más acabado y tu optimismo cabe por la rendija que se mete el ratón que roba tus sobras.
Arrojas una mirada instintiva y valiente a las oportunidades detrás de tu puerta, que seguramente será la única que abra cuando lo deseas. El olor de una ciudad que se pudre desde abajo viaja mientras respiras profundo de la alcantarilla rota hasta tu garganta irritada; el ruido de la calle suena como carcajada de quien sea que esté arriba burlándose con sorpresa de verte en un intento más por vivir como te dijeron que deberías, olvidando a diario que la vida es finita pero recordando también que se come todos los días.
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¿Qué piensas cuando contemplas? ¿Qué inventas y levantas o que destruyes y desechas? Qué interesante es el silencio que sólo pone atención a los pasos del camino y a lo que la mente a sí misma se reclama, ¡vas a prisa, demasiado lento, te estás traicionando, valió la pena, tal vez después, nunca llegara, es tiempo, ya voy tarde, será en otro momento, y cuando estas a punto de decidir cómo jugar tu juego, un golpe fuerte sobre la vista entra reclamando la energía y atención de cada neurona que esté o no esté lista, violenta y sin remordimiento cubre con tierra la decisión que comenzaba a arder dentro, con responsabilidades, dependencias, pendientes, horarios y el concierto desafinado de argumentos diciendo que no estás a tiempo, que ya estás viejo…
Se fue, se fue otra vez la oportunidad dejando de regalo ese mensaje que pareciera barco en botella diciendo que mañana, quizás mañana habrá otro intento.
Que frustrante es y no parece casi siempre la vida, nadie lo dice por sensatez, por sentir que tal vez la nuestra no es la peor o la más complicada y sería ingrato no agradecer eso, pero qué mierda por las de los demás, se pelea pero la propia o se salva, o por lo menos eso debiera tatuarse en la piel como lunares que nos lo recordaran.
Hay quien hace música donde nadie escucha, escribe donde nadie lee, baila donde no hay ritmo e incluso hay quienes viven pareciendo que mueren; qué sincera es la verdad, qué seco es el whisky, qué daño hace el cigarro y qué hermosos son sus ojos, ¿por qué tener miedo a decir lo obvio? Lo que todos vemos y sentimos, por qué fingir que no afecta lo que afecta, que no daña lo que daña que ser cobarde es por cobarde y aceptar que la mayoría de los días el sol cae sobre ese mar, con esas gaviotas, pero no estamos parados en el muelle.
No debe haber miedo en la impotencia, en la soledad, en la tristeza o en la desesperación, porque temerles no es un arma que las ahuyente, ¿por qué temerles? Si sólo aparecen cuando el estómago ya no puede con lo que tiene y debe vomitar lo que lo irrita y lo hiere, si sólo son avisos de que los pasos van por donde les enseñaron y no por donde quieren, tal vez no sea correcto votarlo todo, pero tampoco los es tenerlo sin que el alma lo festeje.
Recuerdo bien los buenos consejos que me han dado y no han sido de mi padre porque son pocos.
“La vida es estocástica, no te aferres, no sientas que lo que haces hoy sea bueno o malo, lo harás para siempre; ni tampoco creas que es lo único de lo que te enamorarás y apasionarás, porque en el camino vas a descubrir que uno acaba en lugares que no imaginaba, disfrutando hacer cosas que nunca pensó”.
Y justo de eso se trata todo, no de no sentir pena por nosotros mismos, o perder el rumbo, arrinconarnos en un trabajo que odiamos o con personas que sólo nos conviene pero no queremos estar, sino de hacerlo y entender que la vida es estocástica, que rara vez acabamos donde comenzamos; que cambiar las ambiciones, las ideas, los sueños y nuestras guías son parte de avanzar, porque aferrarse a lo que crearíamos hace cinco años sería como no haber vivido cinco años, qué hay proyectos y momentos que no deseamos hacer, que el cuerpo rechaza y los hace porque lo obligamos, pero debemos obligarlo porque la estructura de una gran persona también tiene disciplina y ella se mueve exista o no exista algo que la motiva.
En realidad, he perdido la cuenta de días que no tienen sentido y sólo me llevaron por ahí vagando y analizando de más si disfruto esto, si valen las pasiones, si llegara ese momento, si ya pasó y no lo abracé como debía, fumando aunque ya no debo y escuchando a Sabina aunque esté despejado el cielo y todo mundo ría.
Las soluciones nunca han llegado rápido, elegí creer en Dios por práctico y porque confío en él aunque la ciencia lo contradiga, y es que lo que más me ha hecho vibrar nunca estuvo en las posibilidades de alguien que no planea ni se organiza, pero para que esas respuestas, casualidades, mensajes, energías o como quiera que les digas llegaran, antes sentí la derrota a saber que todo me supero, que no fui capaz y me faltó capacidad, todos tenemos clichés y formas de darnos forma, maneras de levantarnos y golpear con la misma fuerza que la realidad lo hizo, pero ahora con más sabiduría, con mejor cintura y pies más rápidos, ahora sonriendo porque el olor a tierra ya lo conocemos y lo que te aterró una vez, no te espanta cuando regresa; la vida es estocástica, y sólo la muerte es definitiva, y cuando las crisis golpeen no habrá otra salida más que sentirlas, no se trata de motivarte ni decirte que el sol siempre brilla porque no es así, ese idiota se esconde cuando lo necesitas, pero sí de decirte que los días que huelen a mierda también se viven, que los que te abrazan siempre lo harán, que quien te extraña te piensa, que quien te contrata te valora, que quien te sigue te cree, que quien te admira te cuida, y quien te necesita te inspira, ¿qué si no lo lograremos ? Bueno, solo tenemos la certeza de que eso nadie lo sabe todavía.
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@RafaGoli.