¿A quién le debe importar la educación pública superior? Pues… ¡a todos! Y nos importa por dos razones sencillas: 1. Podría significar la única oportunidad de acceder a educación de nivel profesional, para el grueso de la población, que como es el caso de nuestro país, enfrentan importantes limitantes socioeconómicas; y 2. El dinero que se utiliza para su sostenimiento es de todos nosotros, los ciudadanos que pagamos su existencia. Las instituciones públicas de educación superior nos pertenecen, no al gobierno, no a los grupos ahí instalados.
De este simple razonamiento y considerando que como fue en mi caso, siendo egresado de Sociología en la U.N.A.M., el acceso a este nivel educativo representó la oportunidad de conocer mundos, que de otra forma no me hubieran sido posibles. Afirmo categórico que la educación pública superior debe ser de interés público, no sólo en documentos, sino en la práctica cotidiana, incluso, si no tenemos hijos o familiares en ella, pues constituye fuente de esperanza para una mejor sociedad y mayores niveles de bienestar.
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Sin embargo, esa educación pública superior de la que hablo requiere cubrir algunas condiciones básicas para hacer realidad, lo que de ella se requiere; en este sentido quisiera apoyarme en el pensamiento y expresión de Boaventura de Sousa, expuesto en su más reciente texto “El futuro comienza ahora. De la pandemia a la utopía”. En esta obra se considera la reconfiguración de la educación como componente del proceso de la transición paradigmática hacia una nueva civilización, liberada de las formas de dominación del capitalismo, el colonialismo y el patriarcado. En el texto citado, se aclara que “La reconfiguración no es ni ruptura ni refundación, sino una transformación cualitativa que permite poner a la entidad reconfigurada al servicio de nuevos objetivos, protagonizados por sujetos políticos emergentes.” (p 383)
Aun cuando, De Sousa, se refiere concretamente a la “universidad pública”, yo lo hago de manera extendida a toda institución de educación pública superior (IEPS). De Sousa, considera que el camino la IEPS se condensa en cuatro acciones a su interior: democratizar - se, desmercantilizar - se, descolonizar – se y despatrialcalizar - se.
El primer aspecto incluye democratizar los procesos de elección de autoridades, su relación con la sociedad, el diálogo de los saberes ahí generados y los existentes socialmente, su relación con otras instituciones educativas, civiles y de gobierno, así como su relación con los estudiantes; el segundo, la forma en que se valora la actuación de estudiantes y profesores, tomando la ecología de saberes como eje orientador, y, la valoración de las ciencias e investigación, sobre la base de su impacto en el bien común. El tercero de los aspectos, detener el colonialismo eurocéntrico, deteniendo el “epistemicidio y subalterización de saberes” base del “genocidio colonial”, teniendo como plataforma, la incorporación de nuevos conocimientos, generados desde los propios contextos, así como practicar políticas de mayor “justicia cognitiva y etnorracial”, entre sus profesores y estudiantes; finalmente, el cuarto aspecto es liberar de prejuicios sexistas, las relaciones laborales y académicas, tanto en su interior, como las que se proyectan socialmente.
Utópico, efectivamente, pero de esto se trata, incluso habría que considerar el surgir de nuevas Universidades realmente populares y socialmente pertinentes, que contribuyan con esta aspiración de transición paradigmática hacia una nueva civilización.
En fin, a mí me interesa la educación pública superior, aunque no trabaje en ella, aunque no esté de acuerdo en la forma en que se administran ni gestionan; son tan valiosas, que deberían ser completamente transparentes en sus procesos y vida cotidiana, para que cualquier ciudadano tuviera conocimiento, de qué es lo que se hace con su dinero, quiénes lo administran, y desde luego, qué beneficio social se genera.