¿Lilia Cedillo acabará con el clientelismo?

Miércoles, Octubre 27, 2021 - 07:05

Son las universidades públicas los reductos donde prevalecen los vicios de nuestro sistema político

Originario de Puebla, Doctor en Teorías de la Cultura, UDLA-Sorbona. Maestro Ciencias Políticas, BUAP - Universidad McGill. Fue Secretario General de la UDLA, Presidente de El Colegio de Puebla. Dirige la revista Unidiversidad y es colaborador de El Heraldo de México.           

En su toma de protesta, Lilia Cedillo propuso la generación de nuevos liderazgos en la universidad. Esta afirmación pasó prácticamente inadvertida en medio de las diversas propuestas que esgrimió. A mí me parece que es un claro mensaje a los oídos de la vieja nomenclatura -¿así la llamaba Salinas?-, enquistada en la BUAP. Estos liderazgos tradicionales han funcionado como funcionaba, y en algunos ámbitos sigue funcionando, como el viejo sistema político mexicano, a través de dos terribles vicios: el patrimonialismo y el clientelismo. Hay que decir que son las universidades públicas los últimos reductos donde prevalecen los viejos vicios de nuestro sistema político.

El patrimonialismo se refiere a la idea, equivocada por supuesto, de que los bienes públicos son bienes privados. Por cierto, el profesor de la BUAP Miguel Ángel Rodríguez nos recuerda en su libro que esa práctica tiene su origen en la época colonial, cuando la corona española permitía a los encomenderos que fuesen amos y señores de las tierras que conquistaban. Volviendo al presente de la BUAP, los rectores de las tres últimas décadas se consideraban dueños de los recursos de la universidad, se hacían millonarios a ellos y a la burocracia dorada de la BUAP; y ese dinero les servía además para financiar a los líderes universitarios y tener así el control absoluto de la universidad.

El clientelismo de la BUAP recorre todos los pasillos de la universidad. El rector es el gran cliente; a él le venden su voluntad los directores, los consejeros, los administrativos, y todo obviamente a cambio de dinero, dinero que se refleja en los presupuestos a los directores, en las canonjías a los consejeros, en los salarios por debajo de la mesa a los líderes.

Y todo este absoluto vicio hace que la comunidad universitaria no sea vista como profesionistas al servicio de la sociedad sino como meros clientes.

Pero, ¿cuál es el origen de este absurdo clientelismo? El origen se encuentra en las bases propias de gobernabilidad universitaria, en una falsa concepción de la democracia que ha hecho que el alumno sea visto como un votante, y por ello se debe financiar a los líderes estudiantiles; que el profesor sea visto como un voto, y por ello la creación de camarillas financiadas para controlar los departamentos, que el director sea visto como un voto de peso (todavía nadie ha podido explicar por qué el voto del director se equipara al voto de toda una planta docente) y por tanto hay que darle dinero a través de su presupuesto. El clientelismo lo que al final logra es que el rector mantenga el control de la universidad.

Pero el problema de raíz está en el sistema, es endémico. El hecho de que exista una constante pugna por los votos obliga a la universidad a desvirtuarse y la convierte en un botín político y no en un claustro de enseñanza. Las universidades más civilizadas del mundo han logrado una gobernabilidad basada en la idea de una democracia rotativa: por ejemplo, la designación de los directores es anual y muchas veces por insaculación o se van rotando por apellido. Esto sería un cambio radical para la BUAP, de inmediato despolitizaría la universidad; y profesores y directivos se dedicarían a hacer lo que siempre debieron haber hecho: transformar la vida de los estudiantes y de la sociedad.

Dice bien Lilia Cedillo que la universidad no forma políticos ni adoctrina políticos. Ojalá y lo propio se haga en la vida cotidiana de la universidad: cada vez menos política y más docencia, investigación, difusión de la cultura y transformación social.

Queda por seguir reflexionando sobre los órganos que debían crearse para que la universidad sea verdaderamente un órgano realmente colegiado con contrapesos reales.

Carthago delenda est: ¿Cuándo por fin habrá el Colegio de Profesores Eméritos, uno que tenga fuerza de ley para participar en las decisiones trascendentales de la BUAP, y ayude a crear el nuevo rumbo de la universidad?


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