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OPINIÓN

Torre de Rectoría, monumento a la megalomanía

Valdría la pena calcular para cuánto alcanzaría el dinero que se gastó en la torre de la BUAP

Miguel Maldonado

Doctor en creación, ganador de dos premios nacionales de literatura; ha publicado una decena de libros que han sido traducidos a ocho idiomas. Fue agregado cultural de México en Kenia, presidió CONCYTEP y fue Secretario General de la UDLAP. Actualmente dirige Unidiversidad, revista de pensamiento y cultura de la BUAP.

 

Miércoles, Octubre 6, 2021

¿Acaso es cierto que está a la misma altura de los complejos de su hacedor? Algunos precisan que se quedó corta con respecto al ego del exrector; que si su ego se midiera en pisos –dicen-, superaría en Petronas los veintiún pisos de esa “torrecilla”, casi de juguete para el tamaño de su soberbia. El peor de los maldicientes asegura que por las noches el exrector logra conciliar el sueño solamente cuando encamina su mente hacia el dulce candor de imaginarse en el penthouse de la torre, pidiendo a su asistente con un chasquido que le encienda un puro, mientras su mirada domina a través de los cristales el Valle de Puebla, inicia un complaciente rito: le gusta distribuir con una bocanada de humo las volutas a lo largo del paisaje poblano, y compite con la fumarola del volcán al lanzar una estela sobre su cima, como si fuera el mismísimo hacedor de las nubes y del cielo poblano. Pero siempre un sobresalto lo despierta, toma el teléfono y llama nervioso a la constructora, pide que agreguen un piso más a la torre: “uno más, por favor, otro pisito”.

Los murmuradores se equivocan, la Torre de Rectoría no obedece a ningún complejo psicológico, nuestro exrector no es tan interesante como para tener dobleces temperamentales, hace honor eso sí al terrible mal gusto y al absoluto desconocimiento de la importancia del paisaje urbano, sólo a un ignorante se le ocurre poner un pegote de veintiún pisos en medio de una ciudad universitaria, acabar así con el paisaje del campus. No imagino nunca en medio de la Sorbona un megalómano proponiendo un pegote así, y si lo hiciese, la comuna de París no lo permitiría.

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Los murmuradores se equivocan. La megalomanía del exrector obedece a un principio básico y primitivo, de mercachifle se diría, de cuentachiles: es decir, a más pisos más dinero para el rector y para la burocracia dorada que se beneficia con la comisión de las compras. Así de simple. Siento desilusionarlos, no hay ninguna trama psicológica ni patológica que dotara de interés a nuestro personaje. Lo que quieren son más ladrillos para tener más pesos, más aulas, más mesas, más paredes, más techos, más muros, más piedras, más salones más, más, más…

Una torre, luego un museo y luego remodelar El Carolino, ahora remodelar una casona, volverla museo, remodelarla de nuevo, pero ya hay museo, bueno volverla sala de proyección, pero ya lo es, no importa, una nueva sala de proyección dentro de una sala de proyección, otra torre para hacer torres gemelas o triates, qué importa, lo importante es comprarcomprarcomprar… Un ladrillo sobre otro ladrillo sobre otro ladrillo, mientras los profesores viven con apreturas económicas y los alumnos a duras penas pueden conseguir los recursos para seguir sus clases. Rectores millonarios y profesores pobres, burocracia dorada y alumnos sin recursos.

Eso es hoy la BUAP y quizá lo seguirá siendo; acaso anunciarán muy pronto una nueva obra, o la remodelación de algún edificio de millones y millones de pesos donde se puedan colgar cuadros de artistas de dudosísima autoridad, desconocidos en Puebla y muchos denunciados por lavado de dinero, por cierto.

Por lo pronto, aplaudo que nuestra flamante rectora, Lilia Cedillo haya declarado que habrá un periodo de austeridad. Sé que así va a ser, y que ese dinero que se gastaba en enriquecer con las comisiones al exrector y a la burocracia, realmente se ocupe en las necesidades de los profesores y de los estudiantes. Aunque celebro la perfecta sensibilidad de nuestra rectora, creo que las cosas en adelante no deberían suceder por decreto de rector; hay que institucionalizarlas.

Por ejemplo, constituir un comité con fuerza de ley formado de notables y figuras importantes de la universidad que también puedan avalar el presupuesto y el gasto de la institución. Esto generaría muchísima confianza en la comunidad y podría ser un primer gesto que muestre el cambio de rumbo de nuestra alma mater.

Quizás para otra ocasión valdría la pena hacer el ejercicio de calcular para cuánto alcanzaría el dinero que se gastó en la torre, más de mil millones, destinado a mejorar la situación académica de la universidad.

Por lo pronto un breve ejercicio:

- Mil millones de pesos alcanzarían para subir el sueldo de los profesores un treinta por ciento y mantenerlo así los próximos diez años.

- Mil millones alcanzarían para que cada unidad académica tuviese una publicación periódica representativa y la universidad publicara al menos 500 libros por año en un periodo de diez años.

- Se gastaron mil millones en la Torre de Rectoría y no alcanzó para salvar la revista Crítica de la Universidad, una de las revistas más importantes en la historia cultural de México con más de treinta años de antigüedad.

Esas fueron las prioridades en la universidad. Hoy, hoy se abre un nuevo camino.

 

Carthago delenda est: Es importante fundar el colegio de maestros eméritos de la BUAP, honor a quien honor merece. Necesitamos autoridades morales que fortalezcan el desarrollo de nuestra institución y generen canales de confianza en la gobernabilidad universitaria.

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