Miércoles, 20 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Política educativa nacional en vilo

Es urgente un organismo altamente especializado en investigación educativa para tomar decisiones

José Guadalupe Sánchez Aviña

Doctor en Educación, Sistema Universitario Jesuita ademas de ser maestro en Investigación Educativa por la Ibero Puebla realizó su licenciatura en Sociología por la UNAM . Actualmente es Académico de Ibero Puebla

Viernes, Octubre 1, 2021

Iniciando esta semana, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) dio a conocer los resultados de un estudio conjunto con la SEP, presentado en el documento “Evaluación Inicial de la Estrategia Aprende en Casa 2021, el cual pretende contribuir a la mejora de la política educativa en primaria y secundaria, a través de generar información que haga posible el diseño de acciones para el regreso a clases, de una forma segura y adecuada; su base de análisis es la Estrategia Aprende en Casa e Información Estratégica para el Regreso a Clases en México, 2021.

Ante lo que he de escribir al respecto, no se debe perder de vista, la naturaleza del Consejo autor, que realiza de común, ejercicios de medición de la pobreza en el país, e incluye a la educación dentro de sus indicadores de carencias sociales, concretamente, como rezago educativo. En otras palabras, este organismo no está diseñado para profundizar en el campo educativo; ni la presencia de la SEP en la realización del estudio garantiza que se realice de acuerdo con la complejidad que requiere un asunto de tal gravedad.

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Establecido lo anterior, en el documento que se anuncia como información estratégica para el regreso a clases, se encuentran varios aspectos que quisiera retomar:

El primero es la identificación registrada de rezago educativo, carencias estructurales en escuelas, traducidas en el aumento dimensional de las brechas entre quienes más tienen y los menos favorecidos. Si bien mucha gente lo sabe, la diferencia consiste, que estas afirmaciones hechas por CONEVAL, cuentan con el respaldo de la evidencia sistematizada. Habrá que tomar en cuenta, que cuando se habla de rezago educativo, no se está refiriendo al rezago en aprendizaje, es decir, no incluye a estudiantes que permaneciendo inscrito y activo, no alcanza los deseables en aprendizaje de su nivel; esto constituye un componente que agrava la situación asociada superficialmente al abandono.

Lo segundo es lo limitado del planteamiento cuando propone que el reto principal para el regreso a clases es que los hogares menos favorecidos tengan acceso a las tecnologías; desde luego que es aspiración legítima y pertinente, sin embargo, dicha así, en solitario, podría hacer pensar que es la solución absoluta y mágica. La entrega de equipos y garantía de acceso a luz eléctrica, internet gratuito y esas cosas, no tienen sentido no se acompañan de modificaciones profundas en el paradigma de enseñanza aprendizaje; la dimensión pedagógico-didáctica debe ser la plataforma de cambio, para enfrentar los retos educativos contemporáneos.

Tercero es que contiene afirmaciones que, tal vez, podrían ser mejor cuidadas, por ejemplo:

a) “Desde 2019 el mundo enfrenta una profunda crisis que tiene origen en la propagación del coronavirus causante del Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS-CoV-2).” (p. 245)

Es cierto lo que plantea en su inicio de la sección de conclusiones. Esta contingencia representa retos enormes para la educación, sin embargo, de ninguna manera se puede atribuir a ésta su origen; lo sucedido es el recrudecimiento de carencias estructurales en las diferentes dimensiones que afectó, por supuesto el educativo, entre ellos. Su remedio no es coyuntural, es decir, salir del aprieto, sino promoviendo cambios de raíz, partiendo de un cambio de paradigma educativo.

b) “Las modificaciones a los procesos educativos derivadas de la implementación de una modalidad a distancia, así como las problemáticas de acceso a ella por medios electrónicos, han implicado grandes retos para el Sistema Educativo Nacional (BID, 2020b; CONEVAL, 2020a; CEPAL y UNESCO, 2020)” (p. 215)

Mirada limitada y delimitada de una problemática mucho más compleja. No solo es asunto de atender los pendientes “externos del proceso educativo” lo material/tecnológico; esta postura comete el grave error de dejar fuera cuestiones de fondo, como lo es la dimensión pedagógica o tecno-pedagógica si se quiere. Si fuera un organismo especializado en educación, difícilmente se plantearía de esta forma.

Mención aparte, me merece el antepenúltimo párrafo del documento: “Además de considerar las acciones emergentes para la atención a la educación en el contexto de regreso a clases, se requiere de una atención estructural que contribuya a mitigar las afectaciones inmediatas de la pandemia y a resolver las problemáticas emergentes derivadas de la contingencia, pero también acciones destinadas a resarcir los efectos de largo y mediano plazo en el ejercicio del derecho (CONEVAL, 2021)”.

Un verdadero reto de interpretación que aún no resuelvo.

En fin, aun si solo leyéramos las 23 recomendaciones que ofrece en la sección de conclusiones, tendríamos que aceptar la urgente necesidad de contar con un organismo altamente especializado en investigación educativa que genere los insumos necesarios en cuanto a conocimiento, para aspirar a decisiones pertinentes en educación.

Mientras esto no suceda, seguiremos dando palos de ciego; seguiremos empantanados en la última palabra que se expresa en el texto: “incierto”.

Por supuesto hay que conocer el documento.

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