No voy a dosificar el cerebro, no voy a tomar caminos por rutina, no voy a dejar que el miedo me paralice mientras mi cuerpo sea capaz, no voy a pensar como hace 5 años, como hace 10, porque ni siquiera pienso como ayer, hace un momento una mujer con ojos miel rompió algo que creía profundo y para siempre así que ya ni siquiera pienso como hace un par de horas y todos los años antes de esas horas.
Hablando de miradas, tampoco amo como había amado, creo que antes fui mediocre, con clichés y momentos medidos con el corazón a medio gas para no sufrir aunque acabe sufriendo de más.
Más artículos del autor
Ni siquiera tomo lo que tomaba, ahora escribo más de lo que pido hielos y whisky, ahora creo en tomar aviones y en que el mundo es pequeño, ahora quisiera caminar con mi hermana y mis viejos por cada ciudad y reto que desde el cielo observo, pero ahora también entiendo que sus destinos son igual de importantes y solo les escribo para que se aseguren de que en cada paso que me aleja más seguro estoy de tenerlos cerca.
Estoy en mis treintas y seguramente más sano que en mis veintes, la vida es cíclica, pero no es definitiva hasta que se cambia el nombre por muerte.
En un café con café colombiano del poblado perdí el miedo a que pasaría con los días y sus horas, a entender que el verdadero miedo es que un día pasarán y serán charlas de un recuerdo vivo en algún tiempo.
Amo el olor a gente nueva, a acentos diferentes, a aventura verdadera, a amor genuino, a los sueños que si vivimos, a por momentos no tener dudas y complejos sobre mí mismo, asentir que merezco lo que vivo y saber que no me he cansado de pelear por más pero tampoco le voy a echar mierda con mi propia pala al camino.
Aquí es un día festivo y encontré una mesa vacía en el DelMurí frente a un parque verde y tranquilo, hoy encontré café caliente, clima tibio, una noche pronta y agua fría de grifo, lo suficiente para escribir como escribo.
@RafaGoli