Los menores sicarios, en auge

Jueves, Julio 29, 2021 - 06:42

La delincuencia organizada emplea menores de edad para toda suerte de oficios desde hace años

Doctor en Administración Pública con estudios de doctorado en Ciencias Penales. Especialista en inteligencia y cotrainteligencia con más de 30 libros publicados. Ha diseñado un mapeo sobre la feudalización de la delincuencia organizada en México.

Un paseo en diablito

El 1 de noviembre de 2020 Yair y Efraín encontraron la muerte en la Ciudad de México. Y dos policías que ni se imaginaban lo que encontrarían al pretender ser amables con un cargador furtivo de cajas de plástico que transportaba en un diablito, desataron los truenos del maniqueísmo.

El tema de los menores de edad que fueron torturados, ejecutados y descuartizados en el Centro Histórico es un ejemplo de pizarrón, de cómo los malos son muy malos y los buenos son muy buenos en la hipocresía de no pocos medios de comunicación.

Una salva de portales digitales se lanzó a publicar fotos de globos blancos que se hicieron al cielo, como muestra de una inocencia arrebatada a machetazos. Pasajeros en el tren de la chunga, algunos periodistas que pasan a recoger su sobre mensual en Jardines del Pedregal, redactaron un novelón de alarido.

Atropellándose en el énfasis, señalaron que aquellos menores de edad, eran inocentes, monolingües, extranjeros en su propio país, machacando en cada línea que eran mazahuas, engañados hasta el delirio por un grupo de torvos sujetos, seguramente conservadores.

Pero, todo tiene un final y los periodistas adictos a las bolsas de papel estraza cesaron su labor de catapultar la inserción de los masacrados en el martirologio romano, porque alguien hizo una filtración de las fotos que uno de los descuartizados tenía en su muro de Facebook.

Revisando esas imágenes, uno de ellos no deja demasiado para la imaginación en términos de que vivía a medio camino entre el halconeo y la venta de golosinas en la calle.

Dos líneas de investigación intentan explicar lo ocurrido: la primera es que a los occisos les pasó algo muy similar al caso de los 43 de Ayotzinapa que más allá de investigaciones y fiscalías, en el ambiente de inteligencia se sabe que quedaron bajo el fuego y las sospechas cruzadas de Guerreros Unidos y Los Rojos.

En el caso capitalino, la primera línea de investigación se da en que los menores masacrados fueron identificados por la Unión Tepito como halcones del grupo Anti-Unión, o que el grupo fundado por “El Tortas” los consideró integrantes de Tepito.

La segunda hipótesis es que los asesinaron porque uno de ellos pretendía a una narcomenudista de catorce años de edad, que operaba en el Centro. Esta segunda posibilidad no está peleada con la primera, sino que puede potencializar el motivo de la ejecución.

Los videos registrados por C5 confirman que fueron recogidos para llevarlos a la vecindad en la que fueron ejecutados, sin oponer resistencia sino exhibiendo una actitud de mutuo conocimiento con sus acompañantes.

La madre de uno de los ejecutados ha demostrado sentido común e inteligencia al decir a los medios que la han buscado, que ni quiere terminar de enterarse de lo que pasó y menos aún, buscar justicia. Cuando el amor y la razón colisionan, es mejor no saber lo que realmente ocurrió y el tiempo es el mejor aliado.

Lo que sí es menester dejar sobre el escritorio es algo que se masificó en México: la delincuencia organizada emplea menores de edad para toda suerte de oficios desde hace años.

Propongo al lector un trío de casos que mueven a reflexionar en qué momento se pudrió el país, que ha generado casos patológicos (criminológicamente hablando) de participación de menores de edad en grupos de delincuencia organizada.

“La peque”

Oriunda de Hidalgo, apenas tenía quince años cuando quedó embarazada. Sin apenas estudios, buscó aquí y allá la forma de encontrar un empleo, pero no tuvo oportunidades, porque la combinación de su edad y la falta de experiencia se encargaron de cerrarle la puerta.

Es apropiado comentar que, una de las cosas más interesantes de esta ahora joven mujer, es la belleza de sus ojos y su estructura facial, sonriente y a un paso de soltar una risa contagiosa.

Con esa mirada encantadora y ya con un bebé en casa, se prostituyó de manera independiente. De más está señalar que su carácter y belleza no correspondían al promedio de lo que podría encontrarse en las calles, así que comenzó a hacerse de una buena clientela.

Un mal día, uno de sus clientes le hizo una propuesta: que informara sobre los movimientos que observara en la calle en la que estaba trabajando. Le pagarían bien por ello y además la protegerían. Aquella oferta no solo no era negociable sino que provenía de un representante de los Zetas.

Fue un duro peregrinar la transición de la chica de ojos dulces y sonrisa desbordante a una mujer que iría despeñándose a la psicopatía, ese terreno que ostenta una característica ominosa: la ausencia de culpa.

“La Peque” comentó a los criminalistas que la entrevistaron en prisión, que fue mudando del pánico al presenciar torturas y ejecuciones, a la auténtica felicidad como espectadora. De ahí a que le fueran encomendando algunas muertes, solo hubo un paso.

Algunos de sus colegas de plano incrementaron su distancia con la chica de ojos alegres, ya que comenzó a experimentar una alegría extrema al matar y particularmente, al descuartizar. Pero, esos compañeros de crimen se quedaron muy atrás de lo que vendría: “La Peque” encontraría en el sexo con cadáveres, una nueva diversión.

Si uno entra a su sitio de Facebook, las fotos no pasan de lo acostumbrado: aquí, con un AR15 en las manos; por allá, una .9 milímetros; más allá, un AK47. Nada fuera de lo normal. Pero su fama entre delincuentes que se creó al bañarse con la sangre de aquellos a los que descuartizaba, envía directamente al abismo del alma.

Presa bajo medidas especiales de seguridad, “La Peque” espera su condena. Sus colegas de encierro se le acercan con cuidado, porque saben que detrás de esos ojos tan lindos se encuentra una psicópata que disfruta asesinando y desmembrando.

Esta mujer anduvo por las calles, halconeando, ejecutando y descuartizando, de los 16 hasta los 27 años de edad. Hoy, tiene 31.

“Jocelyn”

Delgada hasta la exageración, Jocelyn trabajaba como asociada del cártel del Golfo en Tamaulipas. A su cortísima edad, “Los Metros” le pusieron precio a su cabeza.

Jocelyn empezó igual que “La Peque”, halconeando. Tenía alrededor de 15 años cuando inició su actividad y se fue haciendo de otras chicas que los Golfos habían encontrado en las calles de Matamoros, para crear una pequeña célula: “Las flacas”, se llamaron.

No había que pensar demasiado el origen de su mote: todas las integrantes de esa clica eran delgadísimas, niñas resueltas para los cometidos que se propusieron: el secuestro, el cobro de piso y la ejecución, pero sobre todo, los topones.

Durante un tiempo, “Los Ciclones” le encomendaron repeler cualquier intento de ingreso a Río Bravo por parte de “Los Metros”, cosa que cumplió cabalmente.

Fundados por Alfredo Cárdenas Martínez, sobrino de Osiel Cárdenas Guillén, “Los Metros” se especializan en la exportación de heroína y drogas de diseño a Houston y Detroit, haciendo mancuerna con “Los fresitas”, otra suborganización del Golfo cuyo líder más conocido fue Silvestre Haro Rodríguez.

Además de su notable violencia, “Los fresitas” funcionan como tercería para brindar protección a cargamentos de narcóticos que pueden ocupar otros grupos, sin omitir su principal giro comercial: el robo de combustible.

Jocelyn contuvo a “Los Metros”, grupo fundado por Eduardo Costilla Sánchez, un antiguo lugarteniente de Osiel Cárdenas que, tras la detención de éste y la caída de su hermano Ezequiel, abandonó la lealtad a la marca y se puso a trabajar por su cuenta.

La verdad siempre me he preguntado cómo fue que “Los Ciclones” consideraron que una célula como “Las flacas” podría contener el avance de “Los Metros”: me dicen que increíblemente lo lograron por algunos meses, pero no llegarían a más.

Al igual que los menores de la Ciudad de México, Jocelyn terminó descuartizada, en una hielera tipo Coleman que manos anónimas dejaron en las inmediaciones del puente fronterizo Matamoros-Brownsville. El mensaje era claro: a “Las flacas”, los contras del cártel del Golfo las irían matando una por una hasta extinguir a esa pandilla. Y así fue.

“La Catrina”

María tenía unos quince años de edad cuando comenzó a trabajar en Tepalcatepec para algunos grupos delictivos. Sus habilidades le alcanzaron para ser fichada por CJNG. Nacida en Buenavista, apenas alcanzó a terminar la primaria y andaba de un lado a otro en esa zona de Tierra Caliente, hasta que conoció a un sicario de CJNG que se la llevó a Aguililla.

María se metió en serio y en serie a la vida recia: comenzó a aprender el uso de las armas, a consumir narcóticos y andar en la fiesta, pero sobre todo apoyando en los topones contra algunos grupos de autodefensas y las Fuerzas Federales.

El error de María fue creer que su escaso entrenamiento era suficiente para combatir a sus contras; si a ese dislate se le agrega suponer que una experiencia tan modesta le alcanzaba para el combate cuerpo a cuerpo, se pavimentó el territorio para un final previsible.

Tras un enfrentamiento con Fuerzas Federales en La Bocanda, en el municipio de Tepalcatepec, murió desangrada a los 21 años de edad. Un militar con una GoPro en el casco la grabó, mientras ella estaba sentada en el piso, pálida, con una venda alrededor del cuello en donde había recibido el impacto de una bala.

Vi cómo el militar, un caballero, le animaba para que resistiera los efectos de la herida; María lo miró un momento e intentaba respirar pero su mirada era tristísima. Su cuerpo delgado y el cabello recogido daban constancia de su juventud, que alcanzó para seis años en la vida delictiva.

La hipovolemia dio cuenta de ella, en el traslado al hospital. Sin duda, los militares fueron mejor portados con María, siguiendo las reglas de la guerra, todo lo contrario a lo que ella hizo con los 13 policías a los que ayudó a ejecutar un 14 de octubre en El Aguaje.

Lo que sigue

¿Cuál es la siguiente frontera para los menores de edad que se acercan a la delincuencia organizada? En el caso de innumerables trabajadores del cártel de Tepito, sus ingresos alcanzan para comprarse algo de ropa cara y llevar un poco de dinero a su casa; por lo que se refiere a chicas como Jocelyn, para tener algún lujo.

A las que mejor les va, como María, les permite comprarse buena ropa y hacerse de alguna propiedad. Ninguno de esos menores tendrá mansiones y autos por docenas, además de viajes a lugares extravagantes y amantes cosmopolitas.

La delincuencia organizada ya abrió desde hace años sus puertas para admitir a los menores de edad que quieran participar, a cambio de migajas. Y muchos niños ya lo aceptaron. La próxima frontera es previsible: hacer levas para tener suficientes menores peleando contra contras, sean cárteles o autoridades.

Esto ya se está viendo en Michoacán, Jalisco y Nayarit. Ahí están los campos de entrenamiento del CJNG en Tala, atiborrados de niños practicando el sicariato.

Pero, el gobierno federal no ve, oye ni olfatea a Nemesio Oseguera y a su corporación. Ya lo dijeron sus bufones: el tabasqueño es una fuerza moral. Que le suelten esa cantinela a los padres de los menores delincuentes, a ver si eso los consuela.