En el trabajo grupal de la contención no deja de resultar delicioso el momento del debate, es inevitable ver saltar choques de opinión entre hombres y mujeres o entre unos y otros sin tener que ver su identidad. Uno de ellos decidió abrir el tema con una pregunta para mí: ya que estamos en las complacencias Doc, quiero preguntarle si a usted le gusta esto del poliamor. Ante la pregunta abierta yo supuse que el compañero resultaba un tanto cuánto ambiguo o general y que había más temas que necesitaba precisar y que eran los que realmente le interesaban.
Me centré en tratar de sentir qué podría hacerme sentir el poliamor y respondí primero que el encuentro entre dos personas era ya complejo y difícil de lograr, y que si ese encuentro era entre 3 o 4 o 5 o más pues me parecía mucho más complicado de imaginar, pero si eso sucede realmente les deseo que les aproveche y les vaya muy bien. La pregunta comenzó a especificarse y dijo si yo realmente creía que uno se pudiera enamorar de dos personas a la vez, intuí algo que sucedería más adelante en la plática, terminamos hablando de la infidelidad. Le dije que enamorarse de una ya era bastante complicado pero que si lograba hacerlo de dos personas pues nuevamente le deseaba mucha suerte pero que en mi caso y en mi generación de viejito, ya tener a una pareja es tan complicado y difícil que pensar en tener a dos parejas se me hacía verdaderamente imposible y la verdad no tenía idea de la flojera que me daba siquiera pensarlo.
Más artículos del autor
El amor es una gran construcción basada en el encuentro, la sintonía, pero sobre todo el respeto y la intencionalidad mutua, insisto, si eso se da entre dos, tres o cuatro, no me quedará más que admirar y desear lo mejor a los participantes, yo sólo lo quiero vivir con mi pareja e insisto, además de ser muy complicado en el tiempo, el amor implica un climax no solo sexual sino también existencial, profesional, espiritual, y todo lo demás, estoy convencido que es el estado más sublime de crecimiento que puede vivir un ser humano.
Estas son personas que trabajan con más personas en horarios prolongados y un contacto permanente, pasan más con sus compañeros que con sus parejas y familias, quizá por esto se hace complicado los antojos repentinos de todo tipo. Agregué que no sólo encontrar a una pareja era complejo, la otra inteligencia es mantenerla feliz y dichosa el mayor tiempo posible y una vez más saqué mi trillado rollo de la exclusividad sexual, que consiste en acordar con tu pareja que puedes tener amigos o amigas según sea la preferencia pero está prohibido bajarse los chones, eso sólo es con tu pareja: una chica hizo un comentario muy divertido ¡hay Doc¡, pero aunque no me baje los chones puedo hacer muchas otras cosas con otras partes de mi cuerpo… otro dijo, hasta los chones sin bajarse se pueden librar. Nos reímos todos mucho.
En muchos casos la pareja es además la familia, están los hijos y hasta la suegra o los tíos, ceder a los antojos tiene que pasar por la inteligencia y la cordura, y en muchos casos por una capacidad de negociación con tu pareja y de cierta manera, una negociación contigo mismo. No me queda más que admitir que en este caso los hombres solemos ser con grandísima frecuencia mucho más frágiles, vulnerables, antojadizos, débiles, calientes, estúpidos y muy imbéciles para caer en la trampa puesta por nuestro propio colguijo de carne que traemos delante de una manera totalmente primitiva y básica.
Al final el tema derivó en la rentabilidad de las apetencias masculinas y sus consecuencias para las relaciones de pareja, familiares o matrimoniales. Quizá aquí el centro del discurso: los hombres somos los únicos seres sobre la tierra que terminamos siendo víctimas de la idea que tenemos de nosotros mismos. Crecer con la idea de vivir para fornicar, con la construcción fantaseada de encontrar un agujero ideal que apriete no sólo es una bajeza moral en todos sentidos, implica la degradación del sí mismo, (aspecto yoico) en la que vamos por la vida sabiéndonos un pene y nada más, tal idea raya con la psicosis, somos un pene necesitando guardarse para eyacular y encontrar el relajamiento necesario.
La parcialización del cuerpo masculino niega su existencia, es decir, no nos damos cuenta de que tenemos manos, brazos, espalda, piernas, nalgas, cabeza e incluso boca y todas estas también son partes nuestras absolutamente erogenizables. Somos incapaces por tanto de ver en una mujer a una persona completa, sensible y sensual, con ideas, planteamientos, pensamientos, emociones, proyectos personales, puesto que solamente la valoramos en la medida que nos puede dar placer fálico apretándonos o no… terrible. El antojo infiel es la expresión de esta pulsión cultural que pareciera darnos un sentido de vida único (léase La Sangre erguida de Enrique Serna, tal cual) El problema es que somos incapaces de un razonamiento inteligente que nos haga pensar qué vamos a perder o a ganar, si es que ganamos metiéndola por todos lados, y terminamos con todo lo que habíamos construido. Agregado mal es cuando las propias mujeres se sienten en ese agujero donde los hombres primitivos y básicos solo usan para relajarse, esto es sin duda el origen del machismo femenino, podríamos decir. El artículo no versa sobre la cacería femenina implicada en la infidelidad como tal, esto quizá sea motivo de otra publicación.
Acabo de leer un artículo en las redes que anuncia algo que se llama infidelidad sentimental, y la escriben como algo mucho más dañino y peligroso que la infidelidad sexual concreta, la verdad es que no tengo mucho ánimo de debatir este concepto, lo que me parece es que gran parte de la psicología mercadológica inventa términos, enfermedades, afecciones y trastornos para que la gente se consulte con ellos, no dejan de inventar el agua tibia haciendo su luchita como todos, supongo. Bueno, espero que el ramillete de temas metidos en este artículo de pie para sus pensamientos y reflexiones, sería muy interesante que suscitara comentarios también.