La pandemia provocada por el COVID-19 ha dejado ver que el mundo actual sufre una verdadera crisis de liderazgo, por ello, los liderazgos femeninos han surgido en diferentes trincheras como una opción muy interesante para el desarrollo exitoso e integral de las políticas de Estado.
Se han realizado diversos estudios científicos para señalar la diferenciación entre las capacidades cerebrales del hombre y la mujer, determinando que ambos funcionan equitativamente especificando que el tamaño del cerebro nada tiene que ver con la inteligencia superior, e incluso señala que las mujeres tienen más alto porcentaje de materia gris que los hombres compensando el tamaño más pequeño de sus cerebros con más capacidades de incrementar sus neuronas.
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Otra diferencia radica en las conexiones nerviosas que conectan los hemisferios del cerebro. Esta área es más extensa en las mujeres, lo cual provoca que sean mejores para expresar los sentimientos y acceder a sus emociones; otra de las conclusiones es que las mujeres cambian más fácilmente del cerebro izquierdo al cerebro derecho emocional. Concluyendo con esto, los hombres y las mujeres tienen las mismas necesidades y capacidades, pero las expresan de forma diferente. Estas formas de expresión son las que denotan la importancia de involucrar en el hacer gubernamental a liderazgos femeninos, que para ser eficaces deben estar impregnados de valores y ser responsables a través del autoanálisis y el autoconocimiento. Un verdadero líder debe conocer sus fortalezas y debilidades, recrear su comportamiento y conocer su entorno. Las mujeres tienen la capacidad innata para autocuestionarse, tomar en cuenta la diversidad cultural y ambiental que afectan el rendimiento de sus decisiones.
Los liderazgos femeninos, -en mi opinión-, nos permiten encaminarnos hacia un liderazgo transformacional y colaborativo en el que la creatividad y la inclusión se consiguen a través del diálogo, de facilitar el intercambio de perspectivas y recursos entre las diferentes partes de las instituciones, y entre ésta y el entorno.
Los dos pilares para la construcción y el empoderamiento de este tipo de liderazgos son la confianza y la mediación; por lo que es momento de reemplazar la autoridad como factor coordinador e integrador por el diálogo a través del que interactúan todas sus partes. La confianza debe estar en la base de todo diálogo interno y externo de las instituciones para favorecer el trabajo interdisciplinario.
Considero que es fundamental para lograr una verdadera transformación del liderazgo pasar de valores como la agresividad y la competencia (propiamente masculinos) a la colaboración, el diálogo, la empatía y el compromiso (características de los liderazgos femeninos), tomando en cuenta tres elementos fundamentales:
a) Colaboración en vez de competencia;
b) Diálogo por sobre eficiencia; y,
c) Énfasis en el entorno sobre la organización misma.
Un claro ejemplo es la controversia del regreso a clases presenciales. Cada día que crece más la curva epidemiológica y aumentan los casos de COVID en Puebla, también aumenta la preocupación de madres y padres por el bienestar de sus hijos; sin embargo, para muchos no hay otra opción más que la de salir a trabajar, porque si no mueren de COVID, sus familias morirán de hambre, y es aquí cuando resulta inhumano mantener encerrados a los niños viendo televisión y condenados a la ignorancia.
Es aquí, cuando se requiere la conciliación, diálogo, empatía y compromiso entre las diferentes posturas para diseñar una estrategia para ofrecer las condiciones sanitarias adecuadas para un regreso seguro a las aulas.