¿Oportunidades de aprendizaje permanente para todos?

Martes, Julio 20, 2021 - 11:49

Es necesario detenerse y reflexionar en la manera en que se está educando en tiempos complejos

Doctora en Educación, investigadora social, formadora de docentes, diseñadora, asesora de cursos, talleres, diplomados presenciales y en línea, coautora de la iniciativa “Encuentros educativos. Resignificar la experiencia”.

¿Qué significa aprendizaje permanente para todos? En las propuestas internacionales para América Latina, este aprendizaje forma parte del Objetivo de Desarrollo Sostenible ODS 4 de la Agenda 2030: “Garantizar una educación de calidad inclusiva y equitativa y promover las oportunidades de aprendizaje permanente para todos” (2017).

Es un hecho que en el contexto actual se ha puesto en riesgo la integralidad del cumplimiento de los objetivos especificados en esa Agenda, ya que la pandemia que aún sigue presente, ha visibilizado los problemas estructurales del modelo económico así como las carencias del sistema de protección social para todos los ciudadanos, por lo que considero importante repensar muy detenidamente el desarrollo que se puede lograr cuando existen tantas brechas que tienen que ver con el bienestar social integral.

En esta reflexión tomo en cuenta lo que está sucediendo con el fin del ciclo escolar y lo que se plantea para el siguiente, en donde las evaluaciones que se estuvieron realizando, fueron más de forma que de fondo. Desde el 2015 en el Programme for International Student Assessment PISA (OCDE), se precisó la necesidad de la revisión de las evaluaciones internacionales a gran escala en educación, especialmente en cuanto a las habilidades de los componentes y a la recuperación de datos contextuales.

Este año, en el informe sobre las Perspectivas de la OCDE de las Competencias: Aprendizaje para la Vida (OCDE Skills, 2021) las evidencias indican que pudo haberse hecho más para potenciar la resiliencia y la necesidad de invertir parte de los recursos de la recuperación, en programas de aprendizaje permanente con un enfoque específico en los grupos vulnerables, en especial en los jóvenes, aquellos que ni estudian ni trabajan, ni están en formación, porque la pandemia también ha afectado la actitud de los niños, adolescentes y jóvenes hacia el aprendizaje, debido a que la interrupción de la educación regular provocó que muchos estudiantes progresaran menos de lo esperado en el desarrollo de sus competencias.

De acuerdo con ese informe, en el corto plazo la pandemia podría ocasionar un aumento en las cifras de abandono escolar. En el mediano y largo plazo, ocasionar que las generaciones actuales no estén desarrollando actitudes de aprendizaje específicas en momentos donde se están experimentando cambios estructurales profundos que requieren que se actualicen las competencias a lo largo de la vida.

Es necesario detenerse y reflexionar en la manera en que se está educando en este tiempo tan complejo. Observo que aún con la posible implementación del modelo híbrido, no se deja de lado la priorización de los contenidos, porque si bien se recomienda una selección de los más relevantes, la preocupación de las autoridades educativas sigue centrada en la disminución de los índices de reprobación y de deserción, sin tomar en cuenta las condiciones que se están presentando.

Sin duda, se pudo hacer más en cuanto a la resiliencia, entendida a partir de la construcción de una conducta saludable que protege de la adversidad o de alto riesgo. Esta resiliencia se desarrolla en la familia y a través de la educación puesto que, en los procesos escolares, es de mucha ayuda la formación de un carácter protector ante conductas de riesgo, dentro de un clima emocional y de relaciones interpersonales que no están necesariamente vinculadas a los aprendizajes académicos. La educación por sí sola, puede representar un factor de resiliencia especialmente para quienes viven en situaciones adversas y de exclusión social.

Tanto en lo social como en lo escolar, se ha estado haciendo énfasis en las medidas de prevención: lavarse las manos, mantener la sana distancia, usar gel antibacterial, el empleo del cubrebocas y la aplicación de vacunas, que forman parte del protocolo para un posible regreso a clases presenciales así como para evitar las olas de contagio del virus, sin embargo, se está dejando de lado algo sumamente importante, la prevención y promoción de la salud mental integral relacionada con la resiliencia, cuando es donde podemos encontrar aquellos factores de riesgo que están incrementando la vulnerabilidad de los estudiantes hacia la deserción y el fracaso escolar.

Lo anterior también tiene relación con el aprendizaje permanente, puesto que se vincula con el desarrollo de competencia para la vida, a las cuales tampoco se les está dando prioridad por el desmedido énfasis en la prioridad de los aprendizajes académicos y su evaluación, que se complejiza aún más por la falta de interés de los alumnos por aprender. En mi anterior colaboración mostré algunos resultados de una encuesta (MEJOREDU, 2020), donde los docentes identificaron entre sus mayores dificultades la falta de motivación de los estudiantes para participar en las actividades a distancia (64.7por ciento), lo que muestra la falta de interés de los estudiantes por aprender.

El enfoque por competencias que en algún momento se priorizó en nuestro Sistema Educativo, siguen siendo de interés por los matices que aporta a la manera de entender los aprendizajes que se aspira a promover mediante la educación escolar, donde es necesaria la integración de distintos tipos de conocimientos (habilidades prácticas y cognitivas, conocimientos factuales y conceptuales, motivación, valores, actitudes, emociones, etc.) relacionado con la importancia del contexto en el que se adquieren las competencias y en donde se busca lograr que todo aprendiz, se convierta en un aprendiz competente, que siga aprendiendo a lo largo de la vida (Coll, 2013).

Si el propósito es el logro del aprendizaje permanente de manera amplia, integral y compleja, incorporando las distintas realidades sociales, es necesario, por tanto, si se priorizan ciertos contenidos educativos, que sean coherentes con el contexto y se adapten a las necesidades de los alumnos asociados a la identificación de las competencias. Dentro de este tema, se ubican las competencias genéricas, en especial las blandas, cuyo concepto es equiparable al concepto de habilidades para la vida.

Estas competencias refieren al conjunto de habilidades de carácter socioafectivo necesarias para la interacción con otros y que permiten hacer frente a exigencias y situaciones desafiantes cotidianas que permiten tomar decisiones, resolver problemas, pensar de manera crítica y creativa, comunicarse de manera efectiva, reconocer las emociones de otros y construir relaciones saludables a nivel físico y emocional (World Health Organization, 2003).

En este tiempo incierto, todos, no solo los estudiantes, estamos enfrentando situaciones hostiles que retan nuestra capacidad de adaptarnos al medio, estas competencias blandas, relacionadas con las habilidades personales , las cognitivas y para el manejo y reconocimiento emocional ante situaciones de estrés y sentimientos intensos, tienen necesariamente que incluirse en los procesos de formación continua de los docentes de todos los niveles y modalidades educativas, especialmente cuando hoy pueden representar un factor de resiliencia especialmente para quienes viven en situaciones adversas y de exclusión social y además, pueden contribuir a la disminución de los factores de riesgo que están incrementando la vulnerabilidad relacionados con la deserción y el fracaso escolar.

Lograr un aprendizaje permanente requiere de un abordaje amplio e integral, incorporando las distintas realidades sociales, garantizando que los contenidos sean coherentes con el contexto y adaptados a las necesidades de los alumnos, identificando aquellas competencias esenciales que se deben adquirir a lo largo de la vida para enfrentar la realidad que a cada quien toca vivir, así como la manera más justa para reconocer, validar y acreditar el aprendizaje, dentro de un escenario en donde todos los actores educativos sean aprendices competentes permanentes a lo largo de la vida.

Referencias

Coll,C. (2013) Las competencias en la educación escolar.. Revista Innovación Educativa https://pasionytinta.files.wordpress.com/2013/04/coll-competencias-en-educacic3b3n-escolar.pdf

Castagnola Sánchez, Carlos Germán, Carlos-Cotrina, Juan, & Aguinaga-Villegas, Dante. (2021). La resiliencia como factor fundamental en tiempos de Covid-19. Propósitos y Representaciones, 9(1), e1044. https://dx.doi.org/10.20511/pyr2021.v9n1.1044

OCDE (2021) Mejores Políticas para un mundo mejor https://www.oecd.org/centrodemexico/medios/panorama-de-los-gobiernos-2021.htm

UNESCO (2017). Reporte E2030 Educación y habilidades para el Siglo XXI, Aprender a aprender: habilidades claves para los docentes del siglo XXI. ¿Qué hacer en América Latina y el Caribe?, 11-14

World Health Organization (2003). Skills for Health. Disponible: http://www.who.int/school_ youth_health/media/en/sch_ skills4health_03.