Segunda parte del sexenio polarizante

Lunes, Julio 5, 2021 - 10:52

Se adelantó la sucesión presidencial. ¿Caballada gorda en Morena?

Trabaja en el Centro de Investigación Social Avanzada (CISAV). Dr. en Filosofía por la Universidad Panamericana. Autor de numerosos artículos especializados y periodísticos, así como de varios libros.

Tres años de gobierno y ya estamos con la mira en 2024. Las cartas se han abierto y han hecho mucho ruido como para no saber lo que viene, o al menos imaginarlo. Los resultados electorales, al parecer, dejaron satisfechos a todos: 1) Al Presidente, quien del discurso del “fraude” pasó al estar “feliz, feliz, feliz”. Para él fue un refrendo a su proyecto de la 4T; 2) A la oposición, que alcanzó su propósito de impedir que el partido presidencial alcanzara la mayoría calificada en la cámara baja; 3) Al partido MC, cuyos 3 millones y pico de votantes hicieron que, sumados los millones del movimiento naranja y los de la oposición, los votantes que no votaron por la 4T fueran más que los que votaron por la opción morenista.

Han sido muchos los análisis que se han ofrecido a la opinión pública. La posición de los diversos actores políticos y sus partidos también ha sido destacada; los avances y retrocesos electorales también han estado en la mesa. Pero decía yo, parece que todos ganan. El INE mismo refrendó que sabe organizar elecciones y que tiene prestigio entre la gente, no obstante los ataques del Presidente. Los observadores internacionales también así lo constataron. Aunque éstos no dejaron de advertir la violencia y la presencia del crimen organizado que alcanzó a aspirantes, candidatos e incluso autoridades. El narco, de acuerdo a los investigadores, también se benefició: eligió candidatos y triunfadores de color guinda ahí donde tiene influencia. No en balde el propio mandatario federal reconoció que sus miembros se habían portado bien.

Y aunque todos ganaron, también todos perdieron. El Morena perdió 53 diputaciones en la cámara baja. Algo pasó ahí. Aunque ganó 12 de quince gubernaturas (ni modo de no contar a sus aliados de San Luis Potosí), perdió 9 alcaldías en la capital del país. De ahí la furia presidencial contra las clases medias, esas que se dejaron manipular y engañar por una opinión publicada engañosa. De ahí también la necesidad de una purificación de fondo que genere una nueva clase media ad hoc con la 4T y sus pretensiones. Ya tales indicios nos indican cómo será esta segunda parte del sexenio.

La polarización por parte del Presidente, de su partido (y aliados) y de quienes le creen, sin lugar a dudas, seguirá y aumentará. Para ellos, los problemas de cualquier índole se deben al pasado neoliberal, demoníaco y todo lo que se deriva de ahí. Por ello, el Presidente se erige en garante de la democracia, de la verdad y de todo lo que ha de ser sometido a juicio, incluyendo a periodistas, reporteros, columnistas, conductores de programas y todos aquellos que lo cuestionen. De ser un actor político se ha convertido en el gran inquisidor del país, el que define qué es lo bueno, lo justo, lo que está bien, lo que conviene al país. Pasará de la acusación a la condena, del señalamiento a la sentencia. La única voz, la única voluntad y la única verdad será la de él, pues, tal como lo ha dicho varias veces, el pueblo está con él. Aunque más de 22 millones 908 mil personas hayan votado por una opción distinta al Morena y sus aliados (que alcanzaron 21 millones 25 mil votos). El país está dividido, pero esta vez más de 1 millón 800 mil personas hacen que la nueva mayoría haya decidido no seguir con la 4T (el Morena resultó ser la primera fuerza política, la primera minoría, pero eso es distinto) (https://cutt.ly/vmlDOR4). Hay, por lo tanto, una mayoría que optó por la pluralidad, que distribuyó su votación entre las diferentes opciones políticas.

La relación del Presidente con la prensa se acentuará; de hecho el haber establecido esa sección de noticias falsas en sus conferencias se ha visto como una declaración abierta de que el mandatario piensa quemar vivos a quienes discrepen de sus datos, juicios y palabras. No hay vuelta de hoja. Nunca reconocerá López Obrador que se ha equivocado. Que lo que dijo en un momento, en otro puede decir perfectamente lo contrario sin ser contradictorio. Siempre, diga lo que diga, tendrá razón, dirá la verdad y tendrá los datos que tenga para seguir diciendo que él es la honestidad andando, la pureza encarnada, la verdad en su más auténtica y legítima expresión.

La realidad, sin embargo, seguirá hablando e imponiéndose. No sólo la pandemia, no sólo el incremento de la pobreza, no sólo la violencia de la delincuencia común, sino ahora la influencia de los cárteles que ayudaron e impusieron a candidatos del Morena y los hicieron ganar. Se lo cobrarán. Aunque a los morenistas no les guste lo que dijo Silvano Aureoles, Morena es el beneficiario de la violencia del narco que intimidó ciudadanos, violentó candidatos y arrebató la elección a los electores en esos lugares que considera suyos. No creo que cambie la política de “abrazos y no balazos”.

En cuanto a las cartas para el 2024, si la oposición no tiene figuras relevantes, las del Morena, mejor dicho, las del Presidente, se encuentran bastante deterioradas. Cludia Sheinbaum sufrió el castigo. La Línea 12 le afectó tanto que el propio López Obrador tuvo que tomar sobre sus hombros la reconstrucción. Personalmente le pidió a Slim hacerse cargo del asunto. De ese tamaño estuvo el socavón en la consentida del mandatario federal. Marcelo Ebrard no queda fuera de la salpicada. De hecho fue el involucrado número uno: la prisa, el relumbrón, el sobrecosto y toda la podredumbre que se halle, todo le golpeó en pleno rostro. Quizá sea rehabilitado, pero el golpe nadie se lo quita.

El mandatario ha mencionado a otras figuras como Juan Ramón de la Fuente o Esteban Moctezuma, pero no creo que tengan esa “conexión” con el pueblo. Son figuras, más bien, de élite. A mi modo de ver, son menciones de relleno. Pero, como en todo, habrá que ver.

Mario Delgado, el líder del Morena, que podría anotarse como carta para la presidencial, o para la jefatura de la CDMX, también, empero, está embarrado. Las candidaturas que hizo su partido no dejaron satisfechos a los cuadros morenistas. Si por alguna razón -y la principal es la expansión del partido en las gubernaturas- se le considerara una carta en la mesa del juego, habría que ver si los excluidos lo apoyarían o le harían el hueco de brazos caídos. No hay peor campaña que una donde hay un Caballo de Troya.

Ricardo Monreal podría ser otra carta. No se ha expuesto tanto como los otros y, quizá, podría ser un tercero en discordia. Tiene ventajas y desventajas. No tiene un discurso polarizante y para algunos sectores es confiable. Otros más lo consideran el brazo lopezobradorista en el senado y no lo ha hecho tan mal. Pero su acentuada discreción más bien lo hace parecer desconectado, lejano y enigmático para el ánimo del Presidente.

Podría mencionar a Ignacio Mier Velasco, pero el sólo pensar en su pasado marinista lo descarta. Si bien ha sido absuelto por la bendición morenista, el electorado sabe de qué pie cojea. Muy difícilmente conquistaría los 21 millones morenistas más los que necesitara para un triunfo presidencial. Sinceramente está lejos de los morenistas de base, fundadores, de primera instancia. Para ellos no es sino un arribista. Además la figura de diputado no lo ayuda directamente para una candidatura de envergadura, como lo requiere la presidencial.

Fuera de los mencionados, ¿quiénes más surgirían? ¿Santiago Nieto? Un persecutor difícilmente genera alianzas. ¿Algún gobernador que tenga el principal bono del partido (el ánimo del Presidente)? La verdad es que, contrario a lo que dijo López Obrador, la caballada también en el establo morenista está flaca.

A López Gatell no lo menciono porque más de 233 mil muertes le hacen sombra. Además su tesis conspiracionista contra los padres de familia de los niños y niñas con cáncer, no es una buena narrativa de candidato presidencial. Por el contrario, se requiere de alguien que conecte con la gente, que refrende los 21 millones que votaron por Morena y que convenza a algunos millones más de los que esta vez votaron por la oposición, precisamente rechazando el discurso polarizante del Presidente y las tropelías de su gobierno. Así que, insistimos, no hay buenas cartas, aunque haya cartas.

De parte de la alianza opositora no descuella figura alguna. ¿Quién del PRD, que quedó bastante reducido? ¿O del PRI que quedó de bisagra en el ánimo del Presidente? Sería natural que la propuesta saliera del PAN, pero ¿quién? ¿Margarita Zavala? El principal obstáculo sería el propio PAN. ¿Marko Cortés? Ya se ha visto el error de cuando el líder de un partido se apropia de la candidatura presidencial: lo vimos con Madrazo en el PRI y con Anaya en el PAN (aunque no hay que olvidar lo que sostiene Bartra en su libro: que al candidato panista lo paró Peña y la Fiscalía General de la República).

¿Quién, entonces? Alguien de la sociedad civil que, incluso, se coloque más allá de los discursos polarizantes, tanto del discurso presidencial mañanero como de sus detractores. Un candidato o candidata que proponga como una primera meta la unidad nacional. Una vez planteada esa reconciliación y al mismo tiempo el reconocimiento de la pluralidad del país, será necesario un proyecto claro, medible, consensado. Luego la reconstrucción institucional para el desarrollo humano integral, sobre todo de los sectores más vulnerables y menos favorecidos. Sin embargo, no debe olvidarse a todas las clases sociales. Inclusive se requiere de una alianza intergeneracional donde jóvenes, adultos, adultos mayores, compartieran una visión y una meta conjunta: hacer de México un país para todos y de todos. Los problemas no se resolverán mágicamente, desde luego. Pero será relevante no seguir en el juego de la polarización ni de la demagogia.