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OPINIÓN

Desarrollo participativo: reto ciudadano

Resulta inevitable pensar en los estilos de gobierno y la actitud que asumirán los ciudadanos

José Guadalupe Sánchez Aviña

Doctor en Educación, Sistema Universitario Jesuita ademas de ser maestro en Investigación Educativa por la Ibero Puebla realizó su licenciatura en Sociología por la UNAM . Actualmente es Académico de Ibero Puebla

Viernes, Junio 25, 2021

En la entrevista a Porfirio Díaz, realizada por James Creelman, en noviembre de 1907, y publicada en marzo de 1908, es notoria su total convicción de estar actuando por el bien de la población mexicana, al permanecer por tanto tiempo en la presidencia. Dadas las ocupaciones de los ricos, así como la ineptitud de la, entonces incipiente clase media y la ignorancia e ingenuidad del pobre, le exigían mantenerse al cuidado de la nación, hasta que se llegara el día en que aquellos, pudieran gobernarse por sí mismos.

Dada la época, esta postura de Díaz, encuentra perfecta correspondencia con el paradigma positivista reinante; expuesto con claridad por en el pensamiento de Augusto Comte, con la exposición de sus tres estadios: infancia (conocido como teocéntrico por encontrar explicación del mundo en un ser superior) adolescencia (el identificado como metafísico, en donde aún se continua pretendiendo encontrar explicaciones y comprensión del mundo en entidades fuera de la realidad evidente) y Adultez (Estado positivo en donde la razón humana reina y explica sobre la base científica todo acontecer).

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En medio de la resaca de un proceso electoral nacional en el que se eligieron autoridades de diferentes niveles, resulta inevitable pensar en lo que se ha de venir en términos de estilos de gobierno; tanto desde la propuesta de quienes resultaron electos y tomarán posesión en octubre próximo, como por la actitud que habrán de asumir, los ciudadanos.

No puedo negar mi tendencia al pesimismo en este asunto, sin embargo, siempre me impulsa la esperanza, así que soy un pesimista con esperanza. No obstante, esto último, revolotean en mi cabeza varias interrogantes ¿Será que sigamos necesitando a la dictadura que nos libere de nuestro derecho y obligación de decidir?, ¿estaremos listos para ejercer nuestra responsabilidad ciudadana? ¿estaremos preparados para la democracia participativa que requerimos?

Más allá de pretender un análisis teórico de la temática, habrá que insistir en la necesidad de recuperar la necesidad de participar en lo que en este país sucede, es decir, en el ejercicio completo de la democracia; no solo elegir a los gobernantes (quienes decidirán por nosotros) sino en participar en las decisiones del rumbo que habremos de seguir como nación, así como el ser vigilantes de que se realice lo que se decida socialmente.

El Estado lo integramos todos, y para que prevalezca, se requiere de la existencia efectiva del ciudadano; si hoy no es práctica común el ser escuchados o consultados, nunca es tarde para hacerlo parte de nuestra cultura, asumiendo la responsabilidad derivada del derecho a participar. Es en este contexto que surgen conceptos como el de “Empoderamiento ciudadano” o “Ciudadano empoderado” que ofrecen no solo una opción en el discurso, sino que brinda la posibilidad de entender, por un lado, la necesidad de que el ciudadano actúe en favor de los intereses auténticamente comunitarios, y por otro, que representa el poder que tiene el ciudadano por definición y que de alguna manera le es oculto y no ejerce.

Hoy, ciento catorce años después de la entrevista mencionada, es inaceptable aceptar la descalificación como ciudadanos capaces de construir su propio destino; el asumir la responsabilidad social que tenemos, nos obliga a ejercer nuestro poder de participación en colectivo.

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