El valemadrismo

Domingo, Mayo 2, 2021 - 15:00

Es momento de cambiar las cosas, se lo debemos a nuestras niñas y niños, a nuestros hijos

Ingeniero Civil, estudios de Maestría en Ingeniería de Tránsito y Transporte, empresario, especialista en infraestructura, operación y educación vial, docente de matemáticas y diseñador curricular de la disciplina.

¡No te estaciones ahí! ¡me vale madres!

¡No tires la basura en la calle! ¡me vale madres!

¡No reproduzcas noticias falsas! ¡me vale madres!

¡Haiga sido como haiga sido! Es una variante

Ejemplos de este tipo de frases, hay muchos

Es una expresión muy usada en México. La emplean mujeres y hombres de todas las edades y clases sociales, también la usan las autoridades de los tres niveles de gobierno a los que no les importa las necesidades de los ciudadanos, está ligada a nuestra manera de ser, y me atrevo a decir, a nuestra cultura, lo vemos como algo natural, y casi siempre, no la tomamos en cuenta, pero si reflexionamos un poco, nos afecta y mucho.

Para mí es una práctica común el observar la conducta de las personas, reflexiono y trato de responder a la pregunta ¿por qué son así? Por eso me llamó mucho la atención la frase. Esta manera de comportarnos ha permeado en todos los ámbitos, hacia donde uno voltee, La encontramos, en la casa, calle, escuela, trabajo, instituciones, grupos sociales y un largo etcétera.

Esta forma de ser tiene consecuencias en costos sociales: si se tira basura en la calle, hay un costo para barrerla y también otro para que no contamine; el ocupar espacios prohibidos para estacionarse, implica gasto de energía y contaminación o si está el vehículo en doble fila. En inseguridad si se bloquea un paso para peatones o discapacitados; si se llega a un puesto cometiendo fraude o si el funcionario desvía recursos públicos a su bolsa, en fin, también se afecta a la población y todos perdemos.

Este tipo de comportamiento y otros, es lo que venimos padeciendo desde hace mucho tiempo y ya se ha institucionalizado. Recuerdo la frase que mucha gente usaba cuando se hablaba de ingresar al sector público: ¡no quiero que me den, que me pongan donde hay!; y eso es precisamente lo que quiere mucha gente que no desea el cambio. Muchos de los políticos que hoy están solicitando el voto popular, no tienen objetivos ciudadanos que marque su derrotero político, saltan de un partido a otro con el afán de llegar a “donde hay”.

Pero no solo los actores que gobiernan provocan la situación en la que estamos inmersos todos los mexicanos, también somos nosotros, porque colaboramos para que se haya perpetuado. No nos ha importado durante mucho tiempo la participación social y política, les hemos cedimos a los gobernantes las decisiones que nos afectan a todos. Se dejó la política a los sucios, porque el ciudadano común argumentaba que era sucia esta actividad y ahora tenemos que remar a contracorriente para cambiar la forma de hacerla.

Desde luego no todos somos así por fortuna. La mayoría de la gente es solidaría, recordemos los sismos en donde pudimos observarla, pero también hubo quienes lucraron con el sufrimiento y la tragedia, o no permitieron la ayuda. Se manipuló la información para evitar que se conociera la realidad en que vivía mucha gente que perdió la vida; y en el 2017 recordemos el invento de la niña “Frida Sofía”, como una apuesta para mejorar la maltrecha imagen de la empresa Televisa.

Estamos en una situación compleja que es necesario resolver. No podemos continuar con la actitud de que nos valga todo porque nos ha puesto al borde del abismo social y político. El hecho de no recordar las acciones que nos han llevado hasta este punto es olvidarnos de la historia reciente de nuestro país. Cuando hablamos de ella, es la misma sociedad la que desconoce su propia historia. Con esta situación se corre el riesgo de repetirla, como menciona Brunschvigg: “si los hombres conocen la historia, la historia no se repetirá.” (Luis González, en Historia para qué, edición 2002, pág. 63)

Es momento de dar un giro, de cambiar las cosas, se lo debemos a nuestras niñas y niños, a nuestros hijos.


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