La Nueva Escuela Mexicana post pandemia

Viernes, Abril 30, 2021 - 19:28

Nos enfrentamos ante la oportunidad de un cambio profundo en el paradigma educativo

Doctor en Educación, Sistema Universitario Jesuita ademas de ser maestro en Investigación Educativa por la Ibero Puebla realizó su licenciatura en Sociología por la UNAM . Actualmente es Académico de Ibero Puebla

Aun cuando sabemos que en medio de la pandemia, con todo y sus problemas y carencias, la escuela ha permanecido abierta -lo que está cerrado son las instalaciones-, todo parece indicar que el ciclo escolar 2021-2022 marcará el regreso a las aulas. 

Este hecho podría significar un parteaguas en la historia de la escuela mexicana, siempre y cuando seamos capaces de superar ese terror institucional de ‘soltar’ el control absoluto de lo que sucede y no, en el sistema educativo. Se está ante la oportunidad de ‘hacer historia’, impulsando un cambio profundo en el paradigma educativo. 

Más allá de las condiciones de la infraestructura escolar y del desplazamiento seguro, indispensable para la reapertura de instalaciones, la reactivación de las clases presenciales deberá incluir un plan con dos componentes: a) de recuperación de la experiencia propia y comunitaria, tanto en el aprendizaje como en la vida cotidiana de las personas, que permita repensar, lo que en la antigua escuela se hacía de común; y b) la compensación de aprendizajes no logrados en este periodo. Las decisiones dirigidas a la atención de estas dos dimensiones, deben surgir desde las comunidades escolares y el contexto social que les da sentido; desde luego, el apoyo y acompañamiento de instituciones oficiales como no oficiales resultan críticas.

Podrá ser cierta la presunción de que no se ha logrado alcanzar los objetivos primarios en cuanto a la adquisición de conocimientos, contemplados en los planes oficiales para tiempos convencionales, sin embargo, es igualmente presumible que, en tiempos extraordinarios, se han obtenido aprendizajes igualmente extraordinarios, ubicados fuera de los parámetros convencionales de medición de resultados; por lo que podríamos estar ante aprendizajes esenciales para la vida, incluso en la sobrevivencia de un ser humano.

Esos aprendizajes esenciales que se mencionan en el párrafo anterior junto con la práctica realizada durante la pandemia de seleccionar los contenidos que, a juicio del profesor, eran fundamentales, representan un avance precioso en la aventura transformadora, que significaría el renovar de fondo los planes de estudio de los diferentes niveles educativos. 

De manera condicional habría que señalar la necesidad de la investigación educativa para recuperar los saberes de profesores, estudiantes, familia y otras figuras como supervisores, jefes de sector y autoridades educativas, para integrarlas en un cuerpo que hiciera medianamente inteligible lo que nos ha sucedido, y que sin duda nos marcó.

Con el privilegio que me otorga ser quien escribe y sin olvidar las dimensiones biológica y cultural, he de decir que la dimensión psico-social (emocional) deberá ser la plataforma sobre la cual se ha de construir la nueva escuela mexicana post pandemia. Desde luego, cubriendo todo el espectro de actores que convergen en la maravillosa experiencia que aportan los procesos educativos.

Derivado de lo anterior, habrá que recuperar la ‘presencia’ que implica tratarnos como seres humanos, no condicionada por la distancia física, sino por la capacidad de tocarnos como personas. Se trata de eliminar esa distancia que no es la física, sino aquella que se establece, entre individuos indiferentes entre sí.

Mención especial merecen los profesores. Esta contingencia sanitaria les permitió que fueran sometidos a una tensión vertiginosa de innovación y creatividad en un marco de libertad ‘extraordinaria’. Habría que mantener esa libertad e instalarla como componente estructural de la tarea docente, estimulando y dotándolos de las herramientas necesarias, para el desarrollo continuo de la innovación y la creatividad, ahora en tiempos un tanto más convencionales.

No puedo dejar de mencionar dos cosas finales: 1. No entendería este regreso a las aulas sin la participación autónoma tanto de profesores como del resto de la comunidad de cada escuela en la toma de decisiones en cuanto a los caminos a seguir, incluida si se regresa o no a las aulas; y 2. Lo dicho implicaría la oportunidad lateral de repensar la formación inicial y continua de los profesores, para adoptar una que se oriente a formarlos en la toma de decisiones y la innovación educativa permanente, es decir, formarlo en y para para el ejercicio de la libertad.

Puro sueño guajiro ¿verdad? ¿Qué sería sin espacios como el que nos brinda e-consulta, para imaginar un rato?


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